Un GPS en medio del caos

Un GPS en medio del caos

Un GPS en medio del caos

Por qué solemos pensar que los libros de Daniel y Apocalipsis tratan solo sobre plagas, bestias, miedo y horror, cuando en realidad nos muestran el inmenso amor de Dios hacia nosotros y su maravilloso plan con final feliz.

Había esperado por mucho tiempo el inicio de ese año; seguramente todos teníamos nuestras promesas de año nuevo listas para esos primeros días del cambio. Para mí no era una lista, era un nuevo comienzo. El año 2016 sería un año que cambiaría mi vida. Había terminado mi última práctica de la carrera unas semanas antes, y ahora recibía un llamado para trabajar en cuatro iglesias al sur del Paraguay. El nombre de la ciudad: Pilar. Mi familia siempre había vivido en Asunción, la capital del país, y ahora me mudaba a una ciudad tradicional de Paraguay, pero muy desconocida para mí, y ahí radicaba el primer escollo: llegar a la ciudad.

En la era de Google y el GPS, todo es sencillo; solo que, cuando coloqué el destino, la aplicación me entregó dos resultados: un camino de tres horas y otro camino de nueve horas. Toda la información previa me daba que el camino correcto era aquel largo de las nueve horas, pero un camino de solo tres sonaba muy bien. ¿Qué te parece que hice? ¡Tome ese camino corto! Luego de mucho tiempo de andar, tuve que volver sobre mis pasos (¡o sobre mis ruedas!), ya que era una ruta que no estaba terminada y faltaban puentes sobre algunos ríos. ¡Era imposible continuar! El regreso se hizo extenso, y ¿sabes cómo termina esta historia? Las nueve horas que hubiera llevado el viaje ¡se convirtieron en doce! Mientras iba por la ruta larga, me llamaba la atención también los carteles que iban señalando el camino: la información incompleta de cada cartel iba encontrando respuesta solo unos kilómetros más adelante. Había que tener paciencia… y fe. Finalmente llegue a destino: el GPS y los carteles me habían llevado a mi nueva casa.

Google maps y todos los dispositivos de ubicación cumplen un objetivo de manera parcial: te indican los caminos, pero muchas veces no te dicen cuál es el mejor. En otras oportunidades, les falta información. Más allá de esto, ellos no te obligan a tomar una u otra ruta. Cada uno de nosotros elige qué hacer, acorde con la información que tiene y a cómo evalúa o interpreta esa información.

En contraste con esto, en la Biblia existe un GPS de función completa. Eso quiere decir que no solamente nos indica el camino, sino también el mejor camino. Y lo hace utilizando “carteles” precisos en esa ruta, que es la historia de la humanidad. Este “GPS” y estos “carteles” no son nada más y nada menos que las profecías.

Una guía segura para el presente… y el futuro

Dentro del género profético, en la Biblia existen dos tipos de profecías: aquellas que son de cumplimiento condicional y aquellas que son de cumplimiento total. Las primeras son aquellas que forman parte de la dinámica del pacto entre Dios y su pueblo, y funcionan de la siguiente manera: Dios propone una idea de bendición para su pueblo basado en la decisión que este tome hacia la propuesta. Un ejemplo de esto lo tenemos en el libro de Jonás, donde el profeta predicó que, si no había arrepentimiento en la ciudad de Nínive, habría destrucción, como consecuencia de todas las transgresiones que ocurrían en ese lugar. Resultado: pueblo arrepentido, ¡nadie destruido!

Luego están las profecías de cumplimiento total. Se trata de aquellas que son el resultado del plan de salvación para la humanidad. Sirven de guía de lo que va a suceder y el resultado no está condicionado a ninguna decisión humana. Este segundo tipo tiene tres objetivos:

  1. Mostrar cómo será la victoria final de Dios sobre el pecado. 

  2. Traer tranquilidad a aquellos que creen en Jesús como único medio de salvación.

  3. Proveer identidad al pueblo de Dios.

Cabe destacar que el nombre real de este tipo de comunicación revelada es “profecía apocalíptica” y, como verás, la idea jamás fue dar miedo, sino traer tranquilidad sobre la soberanía de un amoroso Dios. Lo que él más desea es pasar la eternidad con nosotros y con toda persona que acepte a Jesús como su Salvador.

Ajustando el rumbo

A partir de ahora, vamos a centrarnos en este último género profético. ¿Recuerdan mi viaje siguiendo los carteles? Si la respuesta es positiva, entonces vamos por buen camino.

Siempre escuchamos que debemos estudiar las profecías, y realmente es una necesidad, sobre todo en el momento en que vivimos dentro de la historia de la humanidad. Y ¿por qué razón? Para recordar la soberanía de Dios y para echar raíces profundas con respecto a nuestra fe. El problema en esto es por dónde comenzar a estudiar y cómo hacer para que esto sea algo práctico, profundo y vivencial. 

Empecemos. Como dato interesante, te comento que la primera profecía que se encuentra en la Biblia está en Génesis 3:14 y 15 (DHH): “Entonces Dios el Señor dijo a la serpiente: –Por esto que has hecho, maldita serás entre todos los demás animales. De hoy en adelante caminarás arrastrándote y comerás tierra. Haré que tú y la mujer sean enemigas, lo mismo que tu descendencia y su descendencia. Su descendencia te aplastará la cabeza, y tú le morderás el talón”. Aquí vemos que, desde que el ser humano cayó en pecado, Dios no solamente puso en marcha el plan de salvación, sino además se encargaron de comunicarlo de manera perfecta para nuestra comprensión.

Entonces, el estudio de la profecía es un asunto que envuelve toda la Biblia y podemos ir trazando esta línea desde el Jardín del Edén hasta las puertas de la Nueva Jerusalén. Pero, cuando hablamos de profecías para el tiempo del fin (viste cómo se va ampliando el detalle de los sucesos que se comunican en la Biblia), ingresamos en dos libros que son excelentes para advertir esto: Daniel y Apocalipsis. 

Ambos libros son los ideales para entender la línea histórica desde el pueblo de Israel, pasando por el surgimiento de la iglesia primitiva y mostrando el nacimiento del movimiento que proclamaría el último mensaje de salvación hasta el rincón más distante de la Tierra.

Ahora bien, Daniel y Apocalipsis ¿son iguales? La respuesta sería como si usáramos Google maps o Waze. Ambas son aplicaciones que nos llevan hacia el mismo lugar; pero iguales, no son. 

«Las profecías jamás fueron dadas para infundir miedo, sino para traer paz en relación con la soberanía de un amoroso Dios”. 

El libro de Daniel sería como Google maps

Una de las diferencias radica en que uno de los libros, Daniel, tuvo su información velada hasta la culminación de la última profecía de tiempo (2.300 tardes y mañanas, es decir, años, de Daniel 8:14). Este pedido de Dios a Daniel se encuentra en Daniel 12:4. Dentro del ideal de Dios para la palabra profética, no solo estaba la comunicación con el ser humano, sino también la protección contra las distorsiones que podría introducir Satanás en su plan de desvirtuar y destruir la imagen de Dios ante nosotros.

Este sello que fue puesto sobre el libro de Daniel consistía en que ciertos aspectos de lo escrito por el profeta no eran claros en su interpretación hasta que llegó el 22 de octubre de 1844 y la profecía fue entendida en forma cabal al unir las narraciones de ambos libros y crear una visión más amplia y más puntual sobre lo que habría de suceder hasta la segunda venida de Jesús. 

El libro de Apocalipsis sería como Waze

En contraste con Daniel, Apocalipsis es un libro que quedó abierto, y literalmente su nombre significa “Correr el velo”. Es como lo que sucede cuando abrimos la cortina de una ventana y podemos ver con claridad lo que está pasando afuera.

Entonces, Daniel y Apocalipsis son el pack suficiente y necesario para entender el plan que Dios tiene para nosotros con vistas al final del mal y a la eternidad con Jesús.

«Daniel y Apocalipsis son los ideales para entender la línea histórica desde el pueblo de Israel, pasando por el surgimiento de la iglesia primitiva y mostrando el nacimiento del movimiento que proclamaría el último mensaje de salvación”.  

El gran pack de Dios para tu vida

La pregunta del millón –como decían en algún programa latinoamericano de entretenimientos– es: ¿Por dónde comienzo a estudiar las profecías? Ya sabemos que son un conjunto; entonces, comencemos desde el principio.

En cada capítulo del libro de Daniel vemos la presencia de Dios que guía la vida del profeta y, como resultado, guía su mensaje para nosotros hoy. 

En el capítulo 1 vemos la clave del libro. Lee los versículos 8 y 9: “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió por tanto que no se le obligase a contaminarse. Y Dios hizo que Daniel hallase gracia y favor ante el jefe de los eunucos”. ¿Por qué estos versículos son la clave del libro? ¡Porque muestran la unión entre el esfuerzo humano y el favor divino! No existe fuerza en este mundo que pueda vencer a la persona que decida por Jesús cada día. 

Entonces, en el capítulo 2 se encuentra la narración para comenzar el estudio de las profecías finales. En este capítulo, Nabucodonosor (rey de Babilonia y emperador de un vasto territorio) tiene una noche bastante movida: tuvo un sueño que lo inquietó de tal manera que, al despertar, sabía que el sueño era importante, pero se había desvanecido de su memoria. ¿Te pasó alguna vez que soñaste algo que pensabas que era importante y lo olvidaste por completo? La historia dice que este rey llamó a los adivinos, los sabios y los chamanes en busca de respuestas. Sin embargo, al no encontrarlas, los mandó matar. Y aquí Daniel ingresa en la historia, porque él estaba entre los sentenciados a morir por no saber decir al rey lo que había soñado y su interpretación.

¡Qué lío! Pero, tranquilos. Nuevamente la clave del éxito se evidencia aquí: esfuerzo humano unido al poder divino. Todo se resolvió porque Daniel reunió a su grupo pequeño de amigos y oraron pidiendo la conducción de Dios. ¿El resultado? Dios mostró a Daniel el sueño y su interpretación. Con la entrega de esta información, Daniel y todos los demás se salvan.

Ahora bien, ¿cuál era el contenido de este sueño? Una línea de tiempo, donde aparecen y desaparecen reinos e imperios de mayor a menor esplendor, hasta el momento de la Segunda Venida. Algo así como un viaje desde Paraguay hasta Buenos Aires por la ruta 11, que pasa por las ciudades de Formosa, Resistencia, Santa Fe, Rosario, y llegas a destino a la capital argentina. Hay etapas y circunstancias históricas que Dios reveló para advertirnos cómo es el camino.

El sueño de Nabucodonosor consistía en una estatua compuesta por cinco materiales: oro, plata, bronce, hierro y barro, que representaban cuatro reinos (el hierro y el barro quedan mezclados), donde al final todo queda destruido por una piedra que no es cortada por mano humana.

Tipo de profecía

Condicional

ApocalÍptica

Revelada por Dios

Comunicada por sus profetas

Tiene que ver con el Pacto 

Necesita de la acción humana

No

Muestra el carácter de Dios

Trae paz y bendición

Esta línea de tiempo es el cimiento de todos los acontecimientos finales. Así, los siguientes capítulos (del 3 al 6) son narraciones de la vida de Daniel en el Imperio Babilónico, que cae y es transformado en el Imperio Medopersa. Ya en tiempos de Daniel, él pudo observar que la profecía se estaba cumpliendo. 

En estos capítulos también encontramos que Dios acompaña a Daniel y a sus amigos en su paso por el exilio del pueblo de Judá, producto de la infidelidad de este a los principios que le habían sido dados.

Comenté en el párrafo anterior que esta línea de tiempo del capítulo 2 es la base para lo que viene después. Así, los capítulos 7 al 9 son como una ampliación de los detalles de la profecía del capítulo 2. Es como cuando el GPS no solamente te dice por cuáles ciudades pasas en el recorrido, sino también te indica dónde cargar combustible, dónde se encuentran los controles policiales y dónde hacer un alto para estirar las piernas y comer. 

Dios siempre tuvo en mente comunicar con claridad y verdad todo lo que sucedería, y aunque el capítulo 7 comienza con cuatro bestias que podrían catalogarse como feroces y terribles, el énfasis de Dios no está en las bestias sino en la restauración total de su pueblo y los nuevos cielos y la nueva Tierra. 

En Apocalipsis sucede lo mismo: hay plagas, bestias, una mujer adúltera y un Armagedón. Sin embargo, el foco no está en estos elementos simbólicos y de cumplimiento profético, sino en el amor total, eterno y profundo de Dios hacia su pueblo y de Cristo, que lo dan todo a fin de que vivamos en la Nueva Jerusalén. ¿Quieres saber qué es lo más interesante de las profecías? Que el final ya tuvo el mayor spoiler de todos: Jesús gana, y los que creamos en su sacrificio viviremos con él para siempre.

«La profecía no tiene el rol de alarmar con el mal que podría venir, sino de darnos un sentido de urgencia sobre lo que debemos hacer a fin de estar preparados para la segunda venida de Jesús”.

Recalculando: cómo elegir bien las lentes

El paralelismo entre las profecías de Daniel y de Apocalipsis es gigantesco, y muy necesario; no obstante, se abren dos grandes formas de estudiar las profecías, dependiendo de las lentes que elijamos para esto.

Una lente puede ser observar la profecía con alarmismo y negatividad. De este modo, todo será una búsqueda constante de traer sucesos del mundo (una sequía larga en Sudamérica, una renuncia presidencial en Europa, una pandemia mundial, etc.) y ponerlos como parte de la profecía, cuando no existe contexto ni texto bíblico que los avalen. Esto, en primera instancia trae pánico, miedo e inseguridad. Es decir, es lo diametralmente opuesto al plan de Dios para nosotros al darnos las profecías, cuya idea es traer paz y tranquilidad. 

Otra consecuencia de una mirada profética de este tipo es vivir de lo inmediato, siempre buscando el último acontecimiento para aplicarlo y seguir alarmando a todos. Así, de manera sutil, se va drenando la fe, hasta ya perder de vista lo que Dios tiene preparado para nosotros.

La otra lente para utilizar en el estudio de las profecías es el de la unidad entre Dios y el hombre. Sí. Dios busca incansablemente salvar al ser humano, y este debe responder siendo un canal de buenas noticias para quienes lo rodean. La profecía no tiene el rol de alarmar con el mal que podría venir, sino de darnos un sentido de urgencia sobre lo que debemos hacer a fin de estar preparados para la segunda venida de Jesús y para que el evangelio sea predicado a toda tribu, lengua y nación.

Llegando a destino

El estudio de las profecías puede parecer enigmático y lleno de fechas y hechos históricos, pero están a nuestro alcance para ayudarnos a comprender el desenlace final del plan de Dios para la humanidad, para salvar a cada uno que acepte la gracia divina y para desenmascarar a Satanás, que cuestionó y cuestiona el carácter de Dios.

Cada día somos protagonistas del Gran Conflicto. Entender hacia dónde vamos a través del estudio de la profecía nos traerá seguridad, paz y visión de futuro.

Escribo esto terminando una pandemia (o al menos, eso es lo que pareciera) y comenzando un conflicto bélico en Europa (entre Ucrania y Rusia). No sé qué pasará en el mundo. Solo tengo una certeza: conozco claramente el resultado… ¡Dios gana!

Por eso, hoy te invito a que consultes a tu profesor de Biblia, tu capellán, tu director de Jóvenes, tu consejero del Club de Conquistadores o algún amigo de confianza de la iglesia que sepa de la Biblia, y que empieces a leer y estudiar los libros de Daniel y de Apocalipsis. Tienes la promesa divina de que el Espíritu Santo, la tercera persona de la Deidad, te acompañará en el estudio de estos libros. Con total certeza, te aseguro que vas a salir fortalecido. 

¡Disfruta de este viaje! Traza la línea temporal desde Daniel capítulo 2 y agrega detalles que vayas descubriendo en la Biblia. El resultado será claro: aumentará tu fe en relación con lo que Cristo tiene para tu vida. Si bien en Daniel y en Apocalipsis hay bestias y plagas, la centralidad de su mensaje no está en ellos, sino en el amor de Dios hacia ti y en su plan para salvarte. El final ya está dicho: El pecado será erradicado definitivamente del Universo. 

Me gusta repetir esta frase una y otra vez: Dios gana.

Sí, gana, y te marcó el camino. Todos los mapas y los GPS están a tu alcance; pero tú eliges qué hacer.

Si estás listo, empecemos el viaje juntos. Empezamos aquí, terminaremos en la Eternidad. 

«Cada día somos protagonistas del Gran Conflicto. Entender hacia dónde vamos a través del estudio de las profecías nos traerá seguridad, paz y visión de futuro”.  

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del tercer trimestre de 2022.

Escrito por Mariano Sanz. Pastor de Yguazú, Paraguay. @marianosanz_

 

De rockstar a pastor

De rockstar a pastor

De rockstar a pastor

Una infancia dura, una serie de malas elecciones, una fama inesperada y un fuerte testimonio de lo que puede llegar a ser una persona sin rumbo y sin Dios. Esta es la historia de Tavito Cevallos: de estrella de rock a pastor cristiano.

No imaginarías que detrás de este entusiasta líder de jóvenes, que habla con sana pasión sobre Jesús y aprovecha todo momento para tomar su guitarra y cantar alabanzas a Dios, hay una historia tan complicada. “Pon que me llamo Tavito, no Gustavo”, se anticipa con una sonrisa antes de la entrevista. Tavito desborda alegría. 

Pero, no siempre fue así. Los años han pasado y, gracias a Dios, la vida de un joven alcohólico completamente perdido fue transformada. ¿Cómo sucedió esto? ¿Puede alguien encaminar nuevamente su existencia para servir a Dios? La respuesta es un rotundo “Sí”.

Por eso, encendimos la grabadora del celular y dejamos que Tavito nos relate en primera persona un resumen de todo lo que experimentó.

Cuando todo empieza mal…

Todavía recuerdo esa mañana mientras dormía, a los siete años, y escuchaba cómo mi papá –un trabajador aduanero lleno de vicios– maltrataba a mi madre. Salí a ver porque los ruidos eran muy fuertes, y contemplé la escena más impactante de mi vida: mi papá apuntaba a mi mamá con un arma de fuego en la cabeza. El miedo fue terrible. Recuerdo que yo me interpuse entre mi mamá y el arma. Y le gritaba desesperadamente a mí papá que se fuera. Por mucho tiempo, por las noches, me acordaba de esa escena y no podía dormir. Quedó grabada a fuego en mi memoria.

Éramos cuatro hermanos, y yo no entendía por qué vivíamos así: Mi papá cometía reiterados actos de violencia contra mi madre. No solamente se embriagaba y le era infiel: le pegaba. Mi madre era una mujer muy sencilla y tranquila. Mi padre era oriundo de la de ciudad de Ambato. Él provenía de un hogar disfuncional, donde le pegaban y abusaban de él. Y repitió la misma conducta con sus hijos.

Crecí con una figura paterna presente y a la vez ausente. ¿Cómo es eso? Él no estaba nunca, pero volvía. Y era lo peor. Él regresaba cada quince días, y lo único que todos queríamos hacer era huir de la casa. 

Mi mamá trataba de criarnos de la mejor manera, pero crecí con muchas carencias económicas y afectivas.

…y sigue peor

Todo este contexto desembocó en algo que era casi obvio: yo pasaba gran parte del día en la calle. Mi casa no era mi hogar; la calle era mi hogar. La calle era mi lugar en el mundo, mi refugio. Allí conseguí muchos amigos que me llevaron por mal camino. Así, a los nueve años comencé a beber alcohol, y a los diez probé mi primer cigarrillo. Mis amigos y mis vicios me hacían sentir importante y especial.

A los catorce años ocurrió algo terrible: mi padre me dio la peor golpiza de mi vida. Ese fue el detonante: me fui de casa. Ahora habitaba “oficialmente” en las calles de Ambato. Allí, para sobrevivir, descubrí que tenía un don: tocar la guitarra. Por valor de cinco sucres (moneda de ese entonces), compré mi primera guitarra. La arreglé y la pinté con mis manos, y le dibujé la cara de Jim Morrison, mi cantante favorito. Jim era como mi padre. Era la figura paterna que no tuve. Para mí, era un referente vivo, aunque físicamente él había fallecido. Aprendí canciones de él; las tocaba. Y les dije a todos que me llamaran “Jim”. Nunca más usé el nombre de “Gustavo”. Por eso también me dejé crecer el pelo. Y trataba de parecerme a él.

Escalera a la fama

Empecé a tocar la guitarra en las esquinas. Mi vida estaba llena de música… y llena de vicios. La única felicidad que tenía era que me prometían que iba a ser famoso. Esa promesa llenaba mi vacío. Para mí, ser famoso lo era todo y me esforcé por ese sueño. Dicen que cantaba muy bien. Y yo también creía eso.

A los 16 años, estando en una reunión con los dueños de una pizzería de Ambato, me invitaron a cantar las noches de jueves a sábados. Me pagaban cinco dólares. Yo era feliz. Y empecé a ser conocido y a probar un poquito de esa fama prometida. Mientras tanto, recibía malas noticias de mi familia. Mis padres se habían separado, y mis hermanos estaban sumergidos en vicios.

A los dos meses, otro empresario de otro bar, donde frecuentaban clientes de muchos más recursos, me contrató para cantar allí. Empecé a ganar doscientos dólares por fin de semana, en vez de cinco. Yo era un adolescente con libertad financiera. ¡Estaba en la gloria! Tenía todo lo que no tuve cuando era niño. Alquilé un departamento amoblado. Me compré zapatos caros y ropa de marca. 

En esos días, mi padre me buscó para pedirme perdón. Y empezó a sentirse orgulloso de mí. Empezó a acompañarme a todos lados. Mi padre me dijo que no era bueno que entre semana no hiciera nada; así que, me consiguió un trabajo. Mi tía abrió una lubricadora, donde colocaban el aceite de los autos. Así que, entre semana era un mecánico, y los fines de semana era cantante. 

Un día, un político de la ciudad me vio allí trabajando y me dijo que yo no era para eso, que tenía que ser cantante, y me propuso formar parte de una banda de música llamada “Face”. Este político era como nuestro mánager. Y como él era cristiano, siempre oraba antes de subir al escenario. Yo me preguntaba: “Si cantamos cualquier cosa y nuestras letras no son religiosas, ¿por qué oramos? No tiene nada que ver…” No había que saber de la Biblia para darse cuenta de que hacíamos cosas que no eran de Dios. Más allá de esto, comenzamos a crecer como la espuma. En un año de existencia, ya habíamos grabado un disco.

Un día, entró en la banda un baterista nuevo. Era evangélico. Lo primero que sugirió es que cambiáramos el nombre. Propuso “Piso 7”. Su argumento fue que teníamos que mantener los pies en el piso, pero mirar al cielo y ser una “creación perfecta”. Nos explicó que Dios creó el mundo en siete días, y que el séptimo descansó. Y que el siete, en la Biblia, es el símbolo de la perfección. Así, ese día por primera vez escuché sobre la Creación y sobre el sábado. En medio de los acordes de música rock y de las luces de un escenario, me hablaron de un Dios creador, que se interesa por mí. 

Mientras tanto, empezamos a ser teloneros (cantantes que se presentan antes de un recital de otro grupo más famoso) por todo el Ecuador. Eso era muy trascendente para nosotros. Y saltamos a la fama siendo teloneros de grupos muy reconocidos en Latinoamérica, como Los enanitos verdes y Rata blanca. Cantamos con casi todos los grupos de rock de esos años. 

Descenso al infierno

Íbamos a salir del país y ya teníamos grabado el segundo disco. La vida me sonreía. Las chicas me pedían autógrafos y podía estar con la que quisiera. Había fiestas, drogas, whisky… había tabaco y alcohol. Yo componía canciones, y me pareció que había llegado a la cumbre. Pero, cuando las luces se apagaban y me quedaba solo, entraba en depresión. Era como caer en un abismo. Para escapar de eso, mezclaba pastillas de dormir con alcohol. Aun rodeado de gente, me sentía solo; en la cúspide de la fama, me sentía en el infierno. Entonces, solo un intenso deseo se apoderó de mí: morir.

Un día desperté en la calle. No tengo idea de cómo llegué allí, pero fue por estar al límite de la intoxicación alcohólica. Yo ya era una figura pública. Todos me conocían. Ser adicto al alcohol y vagar por las calles me trajo problemas, y muchos comentarios negativos hacia mí. Era el final. En todos lados sabían que yo era un ebrio. Empezaron a discriminarme. Me dejaban de lado y solo.

Mi madre me llevó por la fuerza a mi casa original. Allí, escuché una canción de Jim Morrison y me acordé de su final: muerto en un baño de un bar de París por exceso de consumo de sustancias dañinas. Si ese fue el final de mi ídolo, también iba a ser el mío. Sin más, me tomé un litro de cloro mezclado con café. Me encontraron tirado en la sala, sin signos vitales.

Llegué al hospital técnicamente muerto. El cloro había perforado mis intestinos. Entré en estado vegetativo. “Ni para esto serviste”, dijo una voz en mi cabeza. Más allá de mi estado, yo escuchaba todo. Me acuerdo de que mi mamá lloraba al borde de la cama y mi papá me pedía perdón. Mis tías se echaban la culpa entre ellas. Yo no podía moverme, ni hablar.

“Eres muy joven para morir”

En ese estado, recuerdo que una enfermera de cabello blanco se acercó una noche y me tocó la cabeza. Y tengo guardado en mi memoria lo que ella me dijo: “Eres muy joven para morir. Dios tiene planes para ti”. Yo me quedé pensando: “¿Qué planes podría tener Dios para mí?”

Pasó el tiempo, y salí el hospital. En casa encontré el libro El camino a Cristo, que alguna vez alguien me había regalado pero que nunca había leído. Lo abrí y encontré algo que me hizo reír. El libro estaba autografiado por mí. Resulta que pensaba regalárselo a un amigo y se lo firmé con este texto: “Cuando tengas muchos problemas, lee este libro, que te llevará a Jesús”. ¡Este automensaje era para mí! Lo leí y me hizo bien.

Semanas más tarde, el mánager del grupo fue a visitarme. Yo no quería cantar más. Para mí, todo estaba terminado. Sentía ganas de vivir otra vida, de trabajar de otra cosa… pero aún no había terminado la enseñanza media. A los pocos días, me contó que un colegio me quería becar, con la condición de que realizara allí algunas presentaciones musicales. Era una escuela muy buena, pero había clases los sábados y los domingos. Como los sábados estábamos grabando un disco, elegí tener clases los domingos. 

En el colegio todos me conocían. Se me acercaban y me pedían autógrafos. ¡Hasta las profesoras! Todos. Es que era muy famoso. Para mí era habitual; no me llamaba la atención. Pero… (¿Vieron que en las historias siempre hay un pero?) había una chica que no me conocía. No sabía de mí, ni de mi grupo de rock. Era muy extraño, y me llamó la atención. Además, hablaba diferente. Pero, lo que más me atrajo fue que era muy respetuosa, no se vestía de manera provocativa ni tenía vicios. Y era hermosa. Lo confieso: me enamoré. Se llamaba Sara.

Sin más, le dije que me gustaba y que fuera mi novia. Ella me respondió que no, que nunca podría llegar a ser mi enamorada porque yo no era cristiano. Entonces, pensé que no habría nada malo en estudiar la Biblia. 

A los dos meses, me invitó a comer a su casa. Quedé impresionado. Era una casa diferente. Era un hogar. Era completamente distinto de lo que había vivido en mi casa. Los hermanos eran muy educados; los padres, muy cariñosos. Antes de empezar a cenar, el padre dijo: “Oremos”. Yo no entendía nada. Cerré los ojos por respeto. La comida fue la más rica que hubiese comido alguna vez. Una delicia. Ese hogar era una maravilla. Todos eran amables y simpáticos.

En la sala, el papá me pidió que cantara una canción. Me pasó una guitarra. “Toca una de Julio Jaramillo”, me dijo. A mí me daba vergüenza. Yo tenía en ese entonces piercings, aretes, el pelo pintado de rojo, el jean roto y la remera ajustada. No quería cantar algo secular allí. Le dije que no sabía ningún canto religioso. 

Así que, no canté nada, pero les prometí que iba a aprender una canción cristiana. Y allí mismo la mamá me dijo: “Y ¿cuándo nos acompañas a la iglesia?” Yo le pregunté qué día iban. “Los sábados”, respondieron. 

Un día la llamé, y combiné para ir al templo. Y la llevé, pero no quise bajarme. Al final, lo hice de mala gana. En la puerta había un ancianito que me saludó y me dio un abrazo. Fueron amables. El pastor Bullón estaba predicando en un video. Yo ni sabía quién era él. Y decía que tal vez estaba hablando para alguien que quería quitarse la vida, que tenía padres separados y un hogar roto. Y yo me decía: ¡No puede ser! ¡Está hablando de mí! ¡Es mi caso!

Empecé a llorar… Y como era orgulloso y no quería que me vieran en esa condición, de pronto me fui. Llegué a casa, y todo era un caos. Mi padre y mis hermanos estaban ebrios. El contraste era notable. Mi hogar estaba destrozado. En la iglesia tenía paz, mucha paz… y en la casa de Sara también.

Finalmente, le pedí a Sara que le dijera a su papá que me enseñara la Biblia. Hasta la lección número tres, lo hice por Sara. Yo quería que fuera mi novia. Me gustaba mucho. Luego de esa lección tres, ya lo hice por Dios. Terminé todos los estudios bíblicos. Y quise bautizarme.

Mi mamá y mi papá se enteraron, y me dijeron que no lo hiciera, y que si lo hacía los dejara y me fuera de casa. Renuncié a mi hogar y a mis padres; también al grupo de rock. Me costó. Le dije a mi mánager que no cantaría más porque me bautizaría. Mis amigos se enojaron, me dejaron de lado, me odiaron… 

Una vida nueva

El sábado 26 de noviembre de 2004, me bauticé. Al sumergirme en las aguas, renací. 

En ese momento recordé mi vida de alcohólico. Recuerdo que me mamá me daba pastillas para vomitar el alcohol. Probamos mil métodos. Hasta fuimos a “visitar” a una virgen a prenderle velas. Nunca había podido dejar este vicio. Hasta ahora.

En ese momento recordé el instante en que decidí quitarme la vida. Literalmente estaba muerto, pero renací. Recordé las palabras de esa enfermera. Sí, Dios tenía planes para mí.

Sara me aceptó y nos pusimos de novios. Al tiempo, nos casamos. El nuestro era un hogar cristiano. Sara seguía enseñándome de la Biblia y empezó a enseñarme a predicar. A los seis meses de casados, ya predicaba. La gente decía que tenía que ser pastor. Yo estaba acostumbrado a subir a un escenario y a cantar frente al público, pero al bajar estaba vacío. Ahora, subía a un púlpito a predicar, y al bajar la sensación era otra. Me sentía realizado. Sentía paz. Ni los aplausos, ni la fama ni las luces colmaron tanto mi alma. Nada me llenó tanto como predicar. 

Un día, con solo veinte dólares en el bolsillo me fui al Colegio Adventista del Ecuador (CADE) a estudiar Teología. ¿Cómo hice? El Señor me “patrocinó”. Fueron años de mucho trabajo y de mucho esfuerzo. Fueron años de milagros. En realidad, entendí que toda mi vida había sido un milagro.

Cuatro años estuve estudiando allí. En el transcurso de ese tiempo, oraba por mi papá. Y un día él aceptó a Jesús y se bautizó. Nadie lo podía creer en Ambato. “¿Cómo hiciste para cambiar?”, le preguntaban. Mi padre ahora era un cristiano adventista. No bebía más y no era violento. Luego, mi mamá se bautizó. Y ocurrió otro milagro: ¡ellos volvieron a estar juntos! Fue muy raro para mí. Ahora ellos eran cariñosos, se daban besos y se decían que se amaban. Nunca los había visto así. Mis hermanos también se bautizaron.

Todos ahora asisten a la Iglesia Adventista de Los Andes, en Ambato. Casi toda mi familia concurre allí. 

Hoy soy pastor de la Iglesia Adventista. Soy feliz con Sara y tenemos cuatro lindos hijos. Todo es una bendición.

Después de haber servido en cuatro iglesias diferentes como pastor, hoy soy director de Jóvenes Adventistas de la Misión Ecuatoriana del Sur, con sede en Guayaquil. 

No sé cuál es exactamente tu condición. Pero sí se algo: Dios tiene un plan para tu vida. Si lo tuvo para la mía, sin duda lo tiene para la tuya.

Ese vacío que sientes hoy no es más que la ausencia de Dios en tu corazón. Yo comprobé cómo Dios me ha usado y lo hace hasta hoy.

Si estás transitando el desierto más grande en tu vida, te aseguro: “Todo pasa”. Y te digo algo más: “No estás solo”. Después de la tormenta llega la calma.

Yo vi un milagro. 

Yo soy un milagro. 

Yo estuve al borde de la muerte. Entiendo lo que te pasa porque me sucedió.

Quiero invitarte a unirte a Jesús y formar parte de su “banda”. Juntos podremos lograr milagros. Así lo describe Elena de White: “Con semejante ejército de obreros, como el que nuestros jóvenes, bien preparados, podrían proveer, ¡cuán pronto se proclamaría a todo el mundo el mensaje de un Salvador crucificado, resucitado y próximo a venir! ¡Cuán pronto vendría el fin, el fin del sufrimiento, del dolor y del pecado!” (Mensajes para los jóvenes, p. 190). 

Este artículo es una adaptación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del segundo trimestre de 2020.

Escrito por Tavito Cevallos. Pastor adventista y actual director de Jóvenes de la Misión Sur Ecuatoriana, con sede en Guayaquil, Ecuador.

Un amor de novela

Un amor de novela

Un amor de novela

Cómo las películas y las series de televisión o Internet moldean y distorsionan los verdaderos conceptos y principios que deben tener las relaciones amorosas.

Quiero contarte tres historias. Son distintas, pero tienen un elemento en común.

Empezamos.

Temporada 1: Episodio 1

Él fue creciendo en un ambiente rodeado de lujos. Lo que quería, lo tenía. No le dejaban faltar nada. Pasaba las noches de fiesta en fiesta. Estaba comprometido; sin embargo, frecuentaba otras mujeres.

Ella provenía de una familia trabajadora y aprendió a valorar cada moneda que le llegaba. No tenía tiempo para salir, debía trabajar. Muchos la pretendían; sin embargo, ella esperaba a “su príncipe encantado”.

Se conocieron, comenzaron a salir, y –pese a las diferencias– en poco tiempo él “cambió”. Pero, pronto todo se volvió gris nuevamente: no congeniaban; muchos gritos, llantos, peleas… En medio de todo esto, una nueva vida estaba desarrollándose en el vientre de la joven. ¿Qué hacer? lo único que podían: estar juntos, porque el amor siempre triunfa, y en unos pocos meses llegaron a estar bien.

Temporada 1: Episodio 2

Se conocieron, y desde entonces no se separaron. Sentían que estaban destinados a estar juntos. Las citas eran de ensueño: disfrutaban, reían, charlaban… Al poco tiempo comenzaron las discusiones; no obstante, ellos sabían que estaban “destinados” a pasar el resto de su vida unidos. Las peleas eran frecuentes; los gritos ocupaban el lugar de las risas; las lágrimas, el de los momentos felices. Pero ellos permanecían juntos; tenían que estarlo, porque “se amaban”.

Sus familias no estaban de acuerdo con esta relación, sus amigos se encontraban preocupados. El tiempo pasó, y ella ya no estaba segura de permanecer con él. Así, le expresaba sus miedos y sus inseguridades. Cada tanto terminaba la relación y luego regresaba con él. Un día, finalmente, se separaron, y con el paso del tiempo ella formó una familia con otro hombre.

Pero, volvieron a cruzarse, y “el amor renació”. Nuevamente, estaban juntos. Ella había terminado su matrimonio para estar con él, aunque las peleas continuaran y los celos fueran diarios.

Temporada 1: Episodio 3

Ella estaba totalmente enamorada de él. Estaba allí para lo que él necesitara. Su vida giraba en torno a las necesidades de él. Casi no tenía tiempo para sí misma. Una palabra de sus labios le alegraba el día. A veces, lloraba en silencio porque lo veía salir con otras mujeres. No entendía por qué no se fijaba en ella.

Hasta que un día, él la miró. Comenzó a cortejarla y a invitarla a salir. Las citas se hicieron más frecuentes y, finalmente, llegó el beso tan anhelado. Lo que ella no sabía era el porqué de esas atenciones. Él tenía una estrategia. Necesitaba que ella confiara en él porque su empresa corría peligro. Él no la amaba, pero ella no lo sabía. Un día, todo se descubrió. Ella se alejó de él. Y conoció a otro hombre; alguien que era un caballero, que se fijaba en ella por lo que era. Pero, no tenía lugar en su corazón; no, ella quería al primero. Aún seguía pensando en él. Así, pasó el tiempo, y ella decidió quedarse con el primer hombre, ya que él decía que había cambiado y que estaba enamorado de ella. Le creyó. Él decía amarla, y por eso sus celos eran incontrolables. Pero, allí estaban frente al altar, como prueba de su amor.

“Muchas películas, series y novelas reflejan algo que llaman ‘amor’ y que, no obstante, tiene características muy distintas del verdadero amor”.

Cuando las películas distorsionan el concepto de amor

A muchos de nosotros nos gustan los finales felices; esos que nos emocionan, incluso a veces hasta las lágrimas. Finales en los que en cuestión de minutos “todo” se arregla. En los cuales la cantidad de horas de tristezas, melancolía, peleas, malentendidos, indiferencia, orgullo, prejuicio, egoísmo y demás queda en el pasado, y solo reina la felicidad. ¡Qué lindo! Pero, cuánto daño nos han hecho esas historias con esos finales felices, pero rápidos.

¿Por qué “daño”? Porque esas películas, series y novelas reflejan algo que llaman “amor” y que, no obstante, tiene características muy distintas del amor verdadero. A continuación, enumero algunas de ellas:

  • Celos incontrolables que llevan a una de las partes a alejarse de todos.
  • Peleas constantes, prejuicios y orgullo.
  • Mentiras y más mentiras.
  • Amigos y familiares observan que la relación no funciona, que algo está mal, pero los “enamorados” prefieren alejarse de ellos en lugar de escuchar sus consejos.
  • Los sueños y las metas personales se dejan de lado, con el fin de “acomodarse” a la persona amada.
  • Miedo constante a ser uno mismo.
  • Miedo a perder al ser amado.
  • Los sentimientos y las emociones dominan las decisiones.
  • La razón se obnubila.
  • Se exalta el egoísmo, la duda y la inseguridad como algo necesario en una relación.
  • El cambio ocurre “de la noche a la mañana”. Los personajes que antes eran ambiciosos, egoístas o sin cariño cambian o parecen hacerlo para apresurar el “final feliz”.
  • Los compromisos con otras personas pasan a segundo plano, no importa si estás casado o en una relación, frente al ser “que el destino tiene en el camino”.
  • La persona amable, sincera, que se preocupa realmente, que busca alcanzar el cariño de manera decente, es menospreciada, no se la considera “codiciable”, no genera entusiasmo.
  • Se valora la rudeza, la tosquedad, el maltrato, argumentando que eso es amor.
  • La intimidad ocupa gran parte de la trama, no solamente entre los personajes principales sino de ellos con otras personas.
  • Un hijo es la posible “solución” para la relación desastrosa.
  • Se justifica la violencia en el contexto de lo pasional que es la relación.
  • La manipulación de los sentimientos del otro se presenta como una artimaña válida.
  • Lo único importante es que “se amen”; si son distintas o incompatibles sus personalidades, pasa a segundo plano.
  • El final es una boda. No te muestran lo que sigue, solamente que allí todo el pasado quedó pisado; de ahora en adelante, todo “será color de rosa”.
  • Cuando se menciona a Dios, se lo hace en el contexto de que bendiga esa relación pese a las diferencias o los desafíos.
  • Se valora un recuerdo distante sin importar cuánto las personas podrían haber cambiado.

Y la lista podría continuar. Estos son algunos ejemplos; quizá tengas otros en mente. Personalmente, cuando los enumeraba y pedía ayuda a mi esposo, mencionábamos algunos títulos de novelas o películas en que observamos esos “detalles”.

Somos personas, no personajes

Si la trama quedara como ficción, no habría gran problema. Pero, querámoslo o no, aquello que miramos o leemos moldea nuestra mente, nuestros pensamientos, e incluso a veces lleva a buscar que la “historia de amor” se refleje en la vida real que tenemos. Allí comienza el problema: nuestra vida no es una película, ni una novela ni una serie… ni siquiera una canción romántica (que también suele reflejar conceptos errados con relación al amor). Vivimos, nos movemos y amamos. Somos personas, no personajes.

Esta situación no es nueva. Antes no existían las pantallas, pero las novelas podían escucharse por radio y, mucho antes, leer las páginas donde se las contaba. Hoy, tenemos muchos medios disponibles para dedicar nuestro tiempo a ellas. El peligro es el mismo. Elena de White escribió: “Tienes ideas incorrectas en cuanto a la sociabilidad entre las niñas y los jóvenes, y te resulta muy atrayente estar en compañía de los muchachos. Te hiciste daño leyendo novelas de amor y de romances, y tu mente quedó fascinada por pensamientos impuros. Tu imaginación se corrompió al punto de no tener poder para dominar tus pensamientos. Satanás te lleva cautiva a su voluntad” (Cartas para jóvenes enamorados, p. 57).

Y ¿qué decir de las películas cristianas románticas? Quizás estés pensando en unas que se han hecho famosas, pero hay varias con el mismo sentido: el amor entretejido con algo de Biblia. La misma autora dice lo siguiente al respecto: “Las historias de amor, las novelas frívolas y excitantes, y hasta esa clase de libros llamados novelas religiosas, libros en los cuales el autor añade una lección moral a la historia, son una maldición para los lectores. Los sentimientos religiosos pueden estar entretejidos a través de toda una novela, pero, en la mayoría de los casos, Satanás se halla vestido con ropas de ángel, para engañar y seducir con más éxito. Nadie está tan confirmado en los principios rectos y se halla tan seguro contra la tentación que pueda leer estas historias sin correr peligro” (Consejos para la iglesia, p. 300).

Ninguno está fuera de peligro, por más fuertes que nos creamos. La Biblia ya lo dice: “Así pues, el que cree estar firme, tenga cuidado de no caer” (1 Cor. 10:12, DHH). El enemigo busca nuestro mal siempre. Si puede hacernos sufrir, lo hará, y más si es en algo tan importante como el amor verdadero. La relación entre el hombre y la mujer fue creada por Dios. Él instituyó el matrimonio; la unidad en esa relación es muy diferente de otras. Él estableció el amor que ellos se brindarían. A Dios le importa que nos amemos, pero que nos amemos bien.

Proverbios 5:18 (NVI) manifiesta: “¡Goza con la esposa de tu juventud!”; es decir, la relación entre dos personas que se aman no se termina con el paso del tiempo, por las circunstancias que las rodean o por “el nuevo amor” que aparezca en la vida de uno de ellos. No, la relación continúa, es una unión que Dios ha bendecido.

Las novelas, las series y las películas románticas están hechas con el fin de que nuestras emociones afloren, para que los sentimientos dominen durante las horas que dedicamos a verlas o leerlas. Así, la razón se nubla y la trama nos atrapa tanto que muchas veces no visualizamos el peligro que está detrás. Muchas personas se identifican con los personajes, llegan a pensar que es su propia vida la que se está mostrando y pierden de vista su realidad. La ficción llega a ser el pan diario.

“No te guíes por historias románticas que ves, lees o escuchas. ¡Todo eso es ficción! Te irá mejor y serás más feliz si te basas en los principios de la Palabra de Dios para elegir bien”.

El amor verdadero 

Un detalle no menos importante es aclarar que no estamos hablando sobre si mirar o no novelas; no estoy juzgando a quienes lo hacen. Solamente quiero que pienses en aquello que estas producen en tu mente. Dios nos hizo seres holísticos; es decir, integrales y completos. Nos hizo no solamente con la capacidad de sentir sino además de pensar y razonar. Los sentimientos y las emociones no son malos en sí mismos, pero debemos buscar que la razón sea el motor principal de nuestras decisiones. Si aquello que miramos, leemos o escuchamos nos aleja de esa meta, entonces es una alerta a la cual tendríamos que prestar atención.

Las siguientes citas del libro Mensajes para los jóvenes (páginas 29 y 30), de Elena de White, ayudan a enfocarnos en esto que venimos hablando:

“El amor verdadero es un principio santo y elevado, por completo diferente en su carácter del amor despertado por el impulso, que muere de repente cuando es severamente probado”.

“El amor verdadero no es una pasión impetuosa, arrolladora y ardiente. Por el contrario, es sereno y profundo. Mira más allá de lo externo, y es atraído solamente por las cualidades. Es prudente y capaz de discernir claramente, y su devoción es real y permanente”.

“El amor es un precioso don que recibimos de Jesús. El afecto puro y santo no es un sentimiento, sino un principio. Los que son movidos por el amor verdadero no carecen de juicio ni son ciegos”.

“ ‘El amor verdadero no es una pasión impetuosa, arrolladora y ardiente. Por el contrario, es sereno y profundo’ ”.

Enfrentar la realidad

La vida real no es una novela. No es un capítulo (o una temporada) de una serie. ¡Ni siquiera una película! La vida tiene sus altos y bajos, tiene sus momentos de alegrías y sus momentos de tristezas; pero es real (no una ficción) y cada acontecimiento de ella deberíamos vivirlo, no escaparnos hacia algo que no existe.

Y ¿en lo relativo al amor y a la pareja? Elegir a nuestro compañero es una de las decisiones más importantes que alguna vez vayamos a tomar. Frente a esto, no te guíes por historias románticas que ves, lees o escuchas. ¡Todo eso es ficción! Te irá mejor y serás más feliz si te basas en los principios de la Palabra de Dios para elegir bien. Sé cauteloso, para que las emociones no te gobiernen ni ocupen el lugar que no les corresponde. No te sientas mal si tu relación no es una montaña rusa de adrenalina. La vida real tiene muchos más componentes que solamente ese.

Recuerda que la vida amorosa de una pareja está conformada de muchos momentos. No es un cuento, no es una historia de dos horas, y ni siquiera una temporada completa. Es mucho más. Ten en cuenta y reflexiona sobre los siguientes puntos:

  • Que una relación no tenga la adrenalina que se muestra en la pantalla no significa que no sea real.
  • Que los celos no dominen la relación es síntoma de que la relación es saludable, no de falta de amor.
  • Que la intimidad física no sea el “condimento” principal de la relación. Existen otros elementos que crean un ambiente sano: el diálogo, las metas, los sueños, la confianza y la estima.
  • Que la persona que tienes a tu lado te trate con respeto, con cariño y que se preocupe por ti es una señal de que estás en el lugar correcto.
  • Que la violencia no sea parte de tu relación es deseable y necesario.
  • Que el amor se refleje en las acciones es lo ideal.
  • Que Dios forme parte de tu relación, que no solamente sea alguien a quien acudir cuando hay problemas, es muestra de que están bien asentados.

Te invito a que ante la siguiente serie, película o novela que mires, leas o escuches lo hagas recordando que es una ficción, que ese amor no es real; que lo que allí  se muestra tiene un fin: vender, captar tu atención, llevarte con la imaginación a otro espacio y otro tiempo.

Y, por último, te invito a vivir tu vida amorosa no dramáticamente, sino de manera única, real y en la compañía de Dios.

Este artículo ha sido adaptado de la edición impresa, publicada en Conexión 2.0 del primer trimestre de 2022.

Escrito por Jimena Valenzuela, Magíster en Resolución de Conflictos y capellana en el Instituto Adventista de Avellaneda, Bs. As., Argentina.

 

El cristiano y la comunidad LGTBQ+

El cristiano y la comunidad LGTBQ+

El cristiano y la comunidad LGTBQ+

Las personas lesbianas, gays y bisexuales forman hoy parte de nuestra sociedad. ¿Qué actitud debemos tomar como creyentes en la Biblia al respecto?

“¡Te vamos a matar por homosexual!” Sin dar más explicaciones que esa, una patota de ocho jóvenes atacó violentamente a golpes a Jonathan Castellari, de 25 años, que estaba con un amigo desayunando en un local de comidas rápidas. Sin piedad, lo dejaron inconsciente. Este hecho ocurrió en Buenos Aires, en diciembre de 2017 y se suma a otros en donde personas que han hecho pública su preferencia sexual no solo son discriminadas verbalmente, sino que sufren lesiones físicas.

El testimonio de Jonathan se suma a la triste experiencia vivida por muchos otros que, como él, sufren o han sufrido la burla, la discriminación y el prejuicio.

Por eso, antes de empezar a hablar de la comunidad LGTBQ+ quiero explicarte qué es y quiero dejar en claro que como cristianos nunca podemos apoyar la violencia, en cualquiera de sus formas. La elección sexual de una persona nunca debe conducirla a experimentar el desprecio o la discriminación de parte de aquellos que no acordamos con sus elecciones.

El término LGTBQ+ está formado por las siglas de las palabras Lesbiana, Gay, Transgénero, Transexual, Travesti, Bisexual y Queer (significa “extraño” o “poco usual”). Al final se suele añadir el símbolo + para incluir otras elecciones tal vez minoritarias que no están representados en las siglas anteriores.

Hay algo que sucede y debemos tener en cuenta: tristemente muchas personas están sufriendo persecución, discriminación y abuso por el hecho de identificarse con la comunidad LGTBQ+. Y aunque difiero totalmente de su estilo de vida, no estoy de acuerdo con que sean víctimas de la intolerancia y de la violencia. Creo que quienes pensamos diferente podemos tener alguna propuesta que va más allá para demostrar que las personas nos importan y que el evangelio que profesamos es real y práctico. Creo que el amor al prójimo se debe demostrar a través de un trato amable, bondadoso y firme respecto a nuestras convicciones, pero sin tener que aislar ni discriminar a nadie y mucho menos usar la violencia para mostrar nuestros puntos de vista.

Desde una perspectiva cristiana la violencia y la discriminación están fuera del discurso del evangelio de amor que presenta la Sagrada Escritura. El apóstol Pablo enseñó: “No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos. Hasta donde dependa de ustedes, hagan cuanto puedan por vivir en paz con todos. Queridos hermanos, no tomen venganza ustedes mismos, sino dejen que Dios sea quien castigue; porque la Escritura dice: ‘A mí me corresponde hacer justicia; yo pagaré, dice el Señor’. Y también: ‘Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; así harás que le arda la cara de vergüenza’. No te dejes vencer por el mal. Al contrario, vence con el bien el mal” (Rom. 12:17-21, DHH).

Una sociedad desequilibrada

Ahora bien. No podemos dejar de considerar que, en las redes sociales, en los principales servicios de contenidos digitales, en medios de comunicación y en la sociedad en sí, se percibe un alto grado de sensibilidad al tocar estos temas desde una perspectiva diferente a la que la tendencia nos propone. Pareciera que tenemos que aceptar las ideas y las propuestas de la comunidad LGTBQ+, sin tener la posibilidad de sentarnos a conversar estos temas, y que, aunque no lleguemos a estar de acuerdo, tengamos la libertad de pensar diferente, sin ser tildados de retrógrados, anticuados, discriminadores o propulsores del llamado “discurso de odio”. Menos aún, que se nos identifique con aquellos que hacen uso de la violencia y la homofobia.
Todo individuo debiera ser respetado por sus ideas y elecciones de vida, sin ser considerado con prejuicio o desprecio por esa elección. La madurez y equilibrio nos indica que todos tienen que tener la libertad de expresarse y la posibilidad de manifestar sus formas de vida sin ser considerados un enemigo.

Pero estamos viviendo en una era en dónde el péndulo está en desequilibrio y hemos pasado de un extremo a otro, de la intolerancia a la defensa ciega y al rechazo a todo aquello que esté en desacuerdo con los parámetros populares.
Así como no avalamos la violencia en cualquiera de sus formas contra la comunidad LGTBQ+, hay algo que también debe decirse. Existe una hipersensibilidad acerca de la discriminación y la homofobia y, en este sentido, muchas veces se persigue a quien tiene una postura diferente. Da la sensación que el hecho de identificarme como heterosexual y no estar de acuerdo con las personas que se autoperciben diferente me convierte en un opositor, enemigo u homofóbico. Por eso, suele suceder que quienes son objeto de acusación, persecución y escrache somos aquellos que afirmamos una postura diferente.

Como promulgamos la libertad de expresión debería respetarse a aquellos que no adherimos a una forma diferente de vivir la sexualidad fuera de lo natural. Quisiera que quienes tenemos este tipo de valores también fuéramos respetados por nuestras elecciones, que los jóvenes que creen en la verdad de la Biblia se sientan libres de expresar sus principios sin ser objeto de rechazo, burla o discriminación.

Si bien cada persona tiene la libertad de elegir su preferencia sexual (más allá de que esté de acuerdo o no con la Biblia) yo no tengo la obligación de aceptar esa visión de la otra persona. No puedo estar obligado a ver a un hombre como mujer si no lo es (o viceversa) porque esto atentaría contra mi libertad de pensamiento y expresión. Pareciera que cuando una persona se autopercibe de modo diferente a como naturalmente nació, los demás estamos obligados a reconocer esa elección. Esto no debería ser así. Puedo aceptar que es una elección del otro, pero no estoy obligado a creer que esa es la verdad, puesto que yo también tengo mis principios y espero que los demás también los acepten.

Volviendo al paradigma original

Cómo teólogo y pastor de jóvenes no puedo dejar pasar la oportunidad de compartirte la posición bíblica sobre la comunidad LGTBQ+. Antes debo recordar que lo dicho anteriormente forma parte de la visión que encuentro en el Libro Sagrado, la Biblia, respecto a cómo debemos tratar a las personas, no importa su condición y elecciones de vida. Que una persona elija lo contrario a lo que encuentro en la Biblia no me autoriza ni habilita a discriminar o a maltratar a nadie.

Existe una gran diferencia entre “amar a las personas”, y “estar de acuerdo con sus formas de vida”. Dios ama al pecador, pero odia el pecado. Claramente, Dios señala lo que es indebido y lo que va contra la naturaleza que ha creado para nuestra felicidad.

Como iglesia, reconocemos “que cada ser humano es valioso a la vista de Dios, y por eso buscamos ministrar a todos los hombres y mujeres en el espíritu de Jesús. Creemos también que, por la gracia de Dios y con el ánimo de la comunidad de fe, una persona puede vivir en armonía con los principios de la Palabra de Dios” (Declaraciones, orientaciones y otros documentos, p. 72).

Como dice el Génesis, la intimidad sexual es apropiada únicamente dentro de la relación matrimonial de un hombre y una mujer. Ese fue el designio establecido por Dios en la Creación: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gén. 2:24). Este patrón heterosexual es afirmado a través de todas las Escrituras. La Biblia nunca aprueba la actividad o la relación homosexual.

Por otro lado, los actos sexuales realizados fuera del círculo de un matrimonio heterosexual están prohibidos (Lev. 20:7-21; Rom. 1:24-27; 1 Cor. 6:9-11). Jesucristo reafirmó el propósito de la creación divina cuando dijo: “¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto, el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne” (Mat. 19:4-6).

Por estas razones los adventistas nos oponemos a las prácticas y relaciones homosexuales; y nos empeñamos en seguir la instrucción y el ejemplo de Jesús. Él afirmó la dignidad de todos los seres humanos y extendió la mano compasivamente a las personas y familias que sufrían las consecuencias del pecado. Él ofreció un ministerio solícito y palabras de consuelo a las personas que luchaban, aunque diferenciaba su amor por los pecadores de sus claras enseñanzas sobre las prácticas pecadoras.

Como vemos, nuestras creencias están basadas en un evangelio que fundó alguien que dijo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mat. 22:39).

Del clóset al sótano

¿Cuáles pueden ser las razones por las que un adolescente, joven o cualquier persona decida incursionar en el mundo LGTBQ+? Las respuestas pueden ser variadas dependiendo del enfoque con el que se quiera abordar el tema. Sin embargo, desde distintas áreas se pueden tener algunos puntos en común. Tal como lo indica Richard Cohen en su libro Comprender y sanar la homosexualidad.

En una entrevista brindada al diario El País, de Montevideo, declaró: “En 2008, la Asociación Norteamericana de Psicología dijo que, aunque existen muchas investigaciones sobre las posibles causas genéticas, biológicas u hormonales de la orientación sexual, no ha habido descubrimientos que les permitan a los científicos llegar a la conclusión de que la orientación sexual esté determinada por uno o varios factores particulares. La ciencia dice que la gente no nace gay”.

Definitivamente algo tan importante como es la identidad de una persona no es algo que debiéramos dejar al azar. La adquisición de ideas, filosofías de vida, costumbres y hábitos es fuertemente influenciada por el ambiente donde nos movemos. Pero de algo estamos convencidos: venimos a este mundo con un diseño, con un plan.

Desde esta perspectiva, vivir de una manera diferente a la natural es algo contrario al plan original de Dios. Definitivamente es pecado practicar la sexualidad fuera del plan original y la iglesia y Dios no me condenan, a menos que decida y elija vivir de ese modo, haciendo caso omiso a la orientación y ayuda que se me ofrece.

¿Es un pecado tener una tendencia homosexual? No. Así como no es pecado tener tendencia a otro tipo de actividades que la Biblia prohíbe. Lo pecaminoso es vivir practicando la sexualidad de un modo diferente al que Dios diseñó. ¿Por ello soy condenado y rechazado por Dios y la iglesia? ¡De ninguna manera! Todos tenemos algún defecto, tentación o lucha y si elegimos buscar la ayuda divina la encontraremos. El asunto es no darse por vencido y entender que no será fácil intentar vivir de modo obediente a los planes divinos. Alguien que esté con esta lucha debe encontrar ayuda en los ámbitos religiosos y no intolerancia, rechazo y discriminación.

“¿Es un pecado tener una tendencia homosexual?
No. Lo pecaminoso es vivir practicando la sexualidad de un modo diferente al que Dios diseñó”.

Prejuicio y machismo: actitudes que destruyen y alejan

Me enseñaron a pensar y ver la vida como “el macho alfa”, a que los niños no lloran, que se es hombre por el simple hecho de llevar los pantalones y que en casa las mujeres están siempre en la cocina. Ser débil era sinónimo de no ser hombre y mostrar las emociones no era algo bien visto.

Estaba en Panamá vendiendo libros para poder pagar la universidad. Iba de casa en casa. Y de pronto, ¡ocurrió! Nunca imaginé que me tocaría enfrentarme a una situación tan desagradable para mí en ese momento. Toqué el timbre en el salón de belleza y salió un muchacho alto, de tez negra. Estaba vestido con una minifalda y maquillado hasta más no poder. Mi primera impresión fue salir corriendo, pero la situación no me lo permitió y tuve que abordar a la persona con mi speech para vender mis libros. Mi presentación fue mala, muy mala… intencionalmente. En mi mente solo había una idea: irme y que no me comprara nada. Para mi sorpresa, ese muchacho me hizo un pedido.

Me fui mal, con la idea de haber traicionado mi formación. Pero no sabía que estaba por aprender una de las lecciones más importantes sobre tolerancia y aceptación de los demás. Tuve que llevar los libros e ir a cobrarlos, habré ido unas ocho veces y, en ese proceso parecía que me ocurría algo: estaba desensibilizando mi mente de los prejuicios y el rechazo.

Mi actitud homofóbica no me permitía entender que delante de mí había una gran posibilidad de ser testimonio de Dios y compartir con aquel joven la verdad que me hace feliz. Mi forma de ver las cosas me impedía mirar a las personas con una preferencia sexual diferente de una manera cristiana. ¿Y cuál es esa manera? Con amor y con un espíritu de ayuda para que puedan salir de esa situación.

Mi historia me había generado un gran prejuicio e, inclusive, a construir una actitud casi homofóbica. Pero el evangelio me devolvió la visión correcta. La Biblia me enseñó que, si bien no puedo aceptar ni justificar un estilo de vida alejado del plan divino, debo amar y ayudar a las personas que están en un camino errado. Debo tratar de llevarles a las personas un mensaje liberador, un mensaje de paz y de obediencia al plan original de pureza en la sexualidad que Dios diseñó para que seamos plenos y felices.

“La ciencia dice que la gente no nace gay”.

Y entonces ¿qué hago?

  1. Dios desea que trate a las personas LGTBQ+ con amor, sin prejuicios, que los acepte tal cual son pero que les ayude a darse cuenta de lo que está mal a fin de que puedan cambiar. No me es permitido el uso de la violencia en ninguna de sus formas para expresar mi desacuerdo con las elecciones de los demás.
  2. Dios ha diseñado un plan maravilloso para disfrutar nuestras vidas en todo aspecto y darnos felicidad, y eso incluye la sexualidad. Alterarlo implica perder nuestra posibilidad ser plenamente felices.
  3. El hecho de que acepte a las personas tal cual son no significa que estoy impedido de señalarles el camino y la verdad. Es mi deber como cristiano llevarlos a Cristo, quien los recibirá con amor y hará una obra de transformación en sus vidas.

De aquella experiencia en Panamá pude aprender que Dios nos colocará en circunstancias que nos permitan abrir nuestra mente y corazón a la realidad de quienes necesiten escuchar su voz. Terminé aquellas visitas y dejé algunos libros que hablaban del amor de Dios. Espero que esa semilla, en algún momento, dé sus frutos.

 Este artículo ha sido publicada en la edición impresa de Conexión 2.0 del cuarto trimestre de 2021.

Escrito por Clayton Hernández, capellán en el Instituto Superior Adventista de Misiones (ISAM). Nació en Guatemala, pero trabaja en Argentina como pastor desde hace varios años. Es fan del Club de Conquistadores y le encanta coleccionar objetos relacionados al Club.

¡Vive tu Biblia!

¡Vive tu Biblia!

¡Vive tu Biblia!

Cómo un libro tan antiguo puede ser relevante para tu vida y ayudarte a solucionar tus problemas actuales.

“El lunes comienzo” es una frase repetida por muchos y en diferentes momentos; especialmente para empezar con hábitos beneficiosos tales como hacer ejercicio, dormir más temprano, hacer dieta… Desde niño la he usado muchas veces; incluso la usamos con mi hermano mellizo para empezar a leer la Biblia. Recuerdo que teníamos ocho años aproximadamente. Desde entonces, teníamos el deseo de ser pastores y sabíamos que era necesario empezar a disfrutar de la lectura de la Biblia.

Ese lunes de comienzo llegó, y empezamos a leer con mucho entusiasmo Génesis 1, luego Génesis 2, y a las tres semanas ya estábamos terminando el primer libro de la Biblia. Pero, como te pudo haber pasado a ti también, siempre nos quedábamos en Éxodo cerca del capítulo 23. Todavía me pregunto si era porque empezaban las distracciones de la infanto-adolescencia o porque realmente no teníamos la motivación correcta. Lo más probable era que no entendiéramos que la Biblia no es un libro más de lectura como una historia o una novela, sino que era necesario dedicar tiempo a entenderla, meditarla y aplicar sus enseñanzas.

Cuando leemos la Biblia por mero formalismo o como un requisito, es muy probable que no produzca en nosotros los conocidos cambios que su lectura, hecha con oración y meditación, han producido en la historia, y es entonces cuando el “furor del comienzo” se va.

Hoy quiero invitarte a comenzar con una “lectura para siempre” de la Biblia, y desafiarte a que su estudio no sea un “requisito” sino una necesidad real de conocer a un Dios que está interesado en tu pasado, tu presente y tu futuro. Y que ha dejado en su Palabra todo lo que necesitamos para vivir de este lado de la Eternidad de la mejor manera.

Razones para empezar

Aunque ya lo sepas (y quizás hace mucho tiempo), hay muy buenas razones para estudiar la Biblia. Es necesario que recordemos algunas de las más importantes antes de iniciar nuestro plan.

1-La Palabra de Dios da dirección a nuestra vida

Todos tenemos algo por seguro: que no tenemos seguridad sobre qué será de nuestro futuro. Generalmente, el futuro es un tema que nos preocupa a todos y nos hace dudar. El miedo también es algo natural en la vida. En la película llamada After Earth, protagonizada por Will Smith y su hijo, hay una frase acerca del miedo que me gusta mucho y dice lo siguiente: “El miedo no es real. El único lugar donde el miedo existe es en nuestras ideas sobre el futuro. Es un producto de nuestra imaginación que nos hace temer a cosas que no hay en el presente, y que tal vez jamás existan”.

2-La Biblia nos ayuda a tener control en medio del descontrol

La lectura de la Biblia contribuye a arreglar las cosas de nuestra vida cuando sentimos que todo está fuera de control. Como dice Salmo 19:8: “Los mandatos del Señor son claros; dan buena percepción para vivir”. En lo personal, he encontrado ayuda y solución a mis problemas en la Biblia. Sinceramente creo que la Biblia es el manual de vida para el ser humano, y es a través de ella como Dios quiere encontrarse con nosotros cada día con el propósito de darnos libertad y sanidad.

3-La Biblia nos ayuda a saber lo que en realidad hay en nuestro corazón

La Palabra de Dios deja al descubierto nuestros pensamientos y deseos más íntimos; no hay nada que podamos ocultar a la luz de la Palabra de Dios (Heb. 4:12). Según la Biblia, no hay nada más engañoso que el corazón (Jer. 17:9); pero afortunadamente, al estudiarla, podremos conocer qué hay realmente dentro de nosotros. Hay un espacio en nuestros corazones que solamente Dios puede llenar. Y, mientras no lo llenemos con él, pasaremos buscando cómo completarlo con cualquier otra cosa o persona. Sin embargo, Dios mismo es el único que nos podrá satisfacer esa necesidad.

4-La Biblia nos ayuda a encontrar esperanza

Vivimos en un mundo conectado. La gran mayoría de nosotros tiene fácil y rápido acceso a cualquier tipo de información. Lamentablemente, no toda esa información es esperanzadora; de hecho, hoy más que nunca se observan trastornos de ansiedad y depresión en personas cada vez más jóvenes. Las promesas que Dios hace a nuestra vida a través de su Palabra son muchísimas. Al aferrarnos de esas promesas en un mundo caótico y aparentemente sin esperanza, podremos vivir esta vida con sentido, e incluso con entusiasmo. La mayor esperanza de todo creyente en Jesucristo es creer que Jesús murió por nosotros; que gracias a él encontramos perdón, y gracias a ese perdón tenemos entrada al cielo, incluso después de la muerte.
Podríamos mencionar muchos beneficios más; pero en medio de un mundo sin dirección, que nos lleva a perder el control, que nos invita a buscar en nosotros el poder y nos motiva a vivir el aquí y el ahora porque aparentemente no hay un futuro esperanzador, estas razones nos deberían llevar a decidirnos por un plan de lectura y estudio de la Biblia.

Elige una nueva experiencia con la Biblia

Una de las causas por las cuales fallamos al leer nuestras Biblias es que no sabemos por dónde empezar. ¿Comienzo por el principio? ¿Qué pasará cuando llegue a Levítico? ¿Tendré que empezar desde Génesis y seguir el orden hasta Apocalipsis?
Seguir un plan de lectura nos mantiene encauzados y leyendo con un propósito. Pero, como cualquier otro hábito, estudiar la Biblia puede volverse rutinario al punto de que nuestra lectura no se vuelva provechosa. Por eso, es bueno ir alternando los planes de lectura.

Por supuesto, para cada plan necesitamos disciplina. Esta es parte esencial de nuestra vida cristiana, pero debemos recordar que siempre debe ser motivada por nuestro amor a Dios, y no por obligación o sentimientos como la culpa y la vergüenza.

Por eso, hoy es el momento de entender que necesitamos empezar cada día de nuestra vida con un contacto real con la Palabra de Dios, y que para esto necesitamos un plan que se ajuste a nuestra necesidad y realidad actuales.

¿Ya tienes un plan de lectura de la Biblia? Me gustaría presentarte algunos, pero antes debes tener en cuenta los siguientes consejos:

1-Debes apartar un tiempo específico, idealmente iniciando el día. Considera ese momento como una cita con Dios y sé fiel a esa cita (¡Él siempre estará allí!) No importa cómo te sientas, lee la Biblia todos los días. Esta siempre tiene un mensaje para toda situación.

2-Estudia poniendo toda tu atención, sin dejarte apresurar por las limitaciones del tiempo que hayas escogido. Sumérgete profundamente en el texto y permite que las personas, los acontecimientos y las enseñanzas se conviertan en algo vivo.

3-Utiliza herramientas de ayuda como, por ejemplo, comentarios, concordancias, diccionarios bíblicos y mapas (hay muy buenos en papel y también on line). Estos materiales enriquecerán el estudio, pero no permitas que ocupen el lugar que le corresponde a la Biblia.

4-No te preocupes si no entiendes algunos pasajes. Generalmente, al continuar leyendo o consultando materiales de ayuda, el panorama se aclara. Incluso los teólogos siguen debatiendo el significado de ciertas declaraciones y eventos de la Biblia. Deja que el Espíritu Santo te guíe a un mejor y más profundo entendimiento de Dios y de su Palabra.

5-Léela con oración. Recuerda que la Biblia es el único libro que siempre que lo leemos lo hacemos en presencia del Autor.

Sin lugar a dudas, leer y estudiar la Biblia te desafiará al máximo y cambiará tu vida. Ahora basta con elegir un plan que se adapte a tus tiempos, gustos, conocimientos previos y preferencias.
Aquí te presento algunos de los planes que más me gustan:

 

“Dios, que está interesado en tu pasado, tu presente y tu futuro, ha dejado en su Palabra todo lo que necesitas para vivir mejor”.

Proyecto Reavivados por su Palabra

Desde el año 2012, en la Iglesia Adventista del Séptimo Día nació la iniciativa de ofrecer a las personas un plan de lectura bíblica que sea dinámico, comprometido y en equipo. Por esta razón, se planteó el proyecto Reavivados por su Palabra, que tiene como objetivo incentivar la lectura diaria de un capítulo de la Biblia comenzando en Génesis y terminando en Apocalipsis.

Lo importante de este plan no es la lectura mecánica “para cumplir”, sino que es aprovechar la brevedad del capítulo para reflexionar y anotar tus conclusiones diarias.

El proyecto motiva a todos los participantes en el mundo a compartir en sus redes sociales los versículos preferidos del día con una frase, imagen, video, etc., que resuma lo leído utilizando la etiqueta (hashtag) #rpsp.

Alterna libros del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento

A veces pensamos que el Antiguo Testamento (salvo Salmos, Proverbios y algunos libros históricos) no es tan interesante. No es así. Cada libro de la Biblia tiene una manera de presentarnos a Dios en la historia. Recuerdo que, en mis años de alumno de Teología, me interesé por la lectura y el estudio de los libros proféticos del Antiguo Testamento. Fue apasionante cuando empecé a entender lo relevantes que son para entender el contexto social, político y espiritual antes de la primera venida de Jesús. Alternar libros es una manera de asegurar que veamos el cuadro completo y de estudiar la Biblia en su totalidad. Por ejemplo, cuando estás leyendo sobre la vida de Jesús, puedes buscar las referencias mesiánicas que aparecen en el Antiguo Testamento.

Estudia un tema o un personaje específico de la Biblia

Si hay un tema o un personaje del cual quieres aprender más, puedes elaborar tu propio plan de estudio bíblico. Usa una concordancia bíblica y busca por tema o personaje, y mira en qué partes de la Biblia puedes aprender más sobre eso. Puedes elegir un color para marcar todas las referencias de los diferentes temas con un color especial. ¡Te sorprenderás de la unidad de pensamiento de la revelación que fue dada por aproximadamente mil seiscientos años!

 

“La lectura de la Biblia contribuye a solucionar las cosas de nuestra vida cuando sentimos que todo está fuera de control”.

Lee la Biblia cronológicamente

Usar este plan ayudará a refrescar tu perspectiva sobre los acontecimientos de la Biblia, pues está acomodada según sucedieron los eventos. Recuerda que no toda la Biblia está compilada en orden cronológico, ya que hay libros cuyos acontecimientos son simultáneos. Cada libro puede agregar algún elemento extra que otorgue un nuevo detalle que te haga comprender mejor la historia bíblica (Por ejemplo, 2 Rey. 18:13-19:37 con 2 Crón. 32:1-19). En algunas versiones, aparecen bajo el título o subtítulo del capítulo las referencias similares.

También hay algunas herramientas que pueden enriquecer tu plan:

Codifica tu lectura

Codificar es asignar un significado a un color de marcador, según lo que quieras resaltar en tu lectura. Algunas ideas son: el carácter de Dios (azul); sus promesas (verde); sus mandatos (amarillo); etc. Lo bueno de codificar es que ¡lo defines a tu gusto!, ayudándote a mantener tu ojo alerta a esas cosas que quieres remarcar, y así serán más fáciles de alcanzar de un solo vistazo.

Profundiza más

Analiza los versículos sobresalientes para ti. Cuando alguno te llama la atención, seguramente hay algo que Dios quiere mostrarte a través de él. ¡Descúbrelo! Indaga en el trasfondo histórico, estudia las referencias bíblicas, o lee diferentes versiones del mismo versículo.

Estudiar la Biblia es ir a un mundo desconocido, explorar una cultura extraña, descubrir misterios encubiertos y sacar a la luz un tesoro espiritual oculto en las profundidades del terreno cultural del mundo antiguo.
Puedes realizar muchas preguntas al autor sobre lo que está escribiendo: “¿A quién le escribió ese mensaje? ¿En qué contexto fue?” “¿Qué habrán pensado los receptores al recibir el mensaje?” “¿Dónde quedaban los lugares mencionados?”, etc. Para esto, los comentarios bíblicos son ideales.

Cuando te introduces en la vida del autor y de los receptores directos del mensaje, el texto toma un sentido extraordinario. Lo más interesante es que puedes encontrar similitudes con tu vida actual y aplicar el texto a tu vida cotidiana.

Hazte preguntas

Esta herramienta seguramente no es un invento exclusivamente mío; probablemente sean muchos los que la apliquen en el estudio de la Palabra. Es muy sencilla, y consiste en hacerse estas cinco (o si quieres más) preguntas sobre lo leído con cualquier plan de lectura que elijas seguir:

*¿Qué aprendo sobre Dios?

*¿Qué aprendo sobre el personaje?

*¿Cuál es el mensaje para mí?

*¿Qué debo hacer al respecto?

*¿Con quién voy a compartir lo aprendido?

Toma notas o cambia tu manera de hacerlo

Al crear contenido para sermones o redes sociales, es muy importante anotar las ideas que vienen a tu mente al leer el texto. De paso, nuestra forma de tomar notas puede variar con el tiempo. Te dejo algunas sugerencias:

*Toma nota de lo que te llamó la atención en la lectura.

*Usa encabezados para diferentes secciones (versículos relevantes, reflexión, oración, etc.)

*Usa colores para resaltar tus notas (sea bolígrafos, lápices o marcadores).

Incorpora el arte

Dibujar, pintar, colorear, pegar stickers, etc., son maneras creativas de estudiar la Biblia, siempre y cuando sea algo que disfrutes. A mí me encanta, pero no siempre lo hago elaboradamente. Uso diferentes colores, pues son una manera rápida de decorar versículos y resaltar secciones que me faciliten encontrar estas referencias en el futuro. El lettering bíblico es una práctica que se usa mucho en la actualidad. Puedes encontrar muchas ideas interesantes como estas en las redes sociales.

 

“El verdadero reavivamiento en la juventud no vendrá a través de música más moderna ni de programas más actualizados, sino a través del contacto diario con la Biblia”.

¡Basta de teoría!

Leer y estudiar la Biblia es una experiencia muy especial. Pasar tiempo a solas con el Creador, descubriendo su plan a lo largo de la historia, y en tu presente y en tu futuro, sin lugar a dudas es lo más gratificante para un ser humano.

El verdadero reavivamiento en la juventud no vendrá a través de música más moderna ni a través de programas más actualizados, sino por medio de la transformación de cada uno en su contacto diario con la Palabra de Dios.

Hoy quiero invitarte a elegir tu plan y seguirlo sin importar las pruebas o las dificultades que puedan venir. Oro para que la próxima vez que suene tu alarma de reloj a la mañana recuerdes que tienes una cita con el Dios del Universo, con ese Amigo incondicional que ha diseñado para ti un futuro maravilloso y que te hará vivir cada día con una sensación de bienestar inigualable.

Si algunos de estos planes han llamado tu atención o has elegido empezar alguno, déjamelo saber en mi cuenta de Instagram @PrDanielCayrus, para conocer tu experiencia y cómo has adaptado eso a tu vida, y así crecer juntos.
Recuerda que “como comienzas tu día es como vives tu día; y como vives tu día es como vives tu vida”.

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del tercer trimestre de 2021.

Escrito por  Daniel Cayrus, pastor en Caleta Olivia (Santa Cruz, Argentina). Ha realizado un MBA de Liderazgo en Nuevas Generaciones y comparte a Jesús a través de sus redes sociales. Es conductor del programa de YouTube “Sábado Play”
@prdanielcayrus

Redes sociales: efectos, consumo y publicación

Redes sociales: efectos, consumo y publicación

Redes sociales: efectos, consumo y publicación

Existen, están entre nosotros e intentan absorbernos por completo. Claves para que la influencia de estas nuevas tecnologías no domine tu vida y la vuelva improductiva y vacía.

¿Te imaginas un mundo donde no existen los celulares? ¿Y un mundo donde no existen las redes sociales? No te desesperes, solo es una suposición. Pero piensa por un momento en el promedio de horas diarias que pasamos con el celular; sí, son entre 3 y 4 horas. ¿Qué haríamos con todo ese tiempo? ¿Qué haríamos cuando vamos al baño, cuando comemos, antes de dormir, apenas nos levantamos o vamos en el colectivo? ¿Qué sería de nuestra vida sin los memes? ¿Cómo stalkearíamos a la gente?
Si estás leyendo este artículo, seguramente te es muy difícil imaginar algo así, porque naciste en un mundo de pantallas y no conoces otra realidad.

¡Alerta! Antes que sigas leyendo puedes quedarte tranquilo, porque la idea de este texto no es decirte: “Las redes sociales son malas” (con tono amenazador). No, nada de eso.

Sin embargo, está claro que las redes sociales ya no son solo una herramienta, sino que son un entorno en el que nos movemos y vivimos. El problema es que muchas veces (al igual que cuando llegamos a un lugar que no conocemos), si no tenemos algún tipo de guía, nos terminamos perdiendo y llegando a lugares a los que no quisiéramos haber llegado.

Y ese era yo: me encontraba muy desorientado por esta nueva oportunidad que tenía en mis manos. Por eso hoy quiero compartirte tres palabras que me gustaría haber conocido antes de sumergirme en este mundo de las redes sociales; palabras que nadie me dijo, pero que me hubieran ahorrado un montón de dolores de cabeza si las hubiera conocido antes: efectos, consumo y publicación.

¿Por qué es importante tener el control sobre estas tres palabras? Porque tú y yo somos llamados a ser una luz (Mat. 5:16). Te soy sincero: esto a veces se hace difícil, porque vivimos en un mundo de oscuridad, y ser luz significa que en algunos aspectos seremos diferentes de la mayoría. Y yo no sé a ti, pero a la mayoría no le gusta ser diferente. Aun así, como sé que Dios es mi Padre y que me ama, decidí escuchar lo que me dice este versículo, y me propuse ser una luz en la vida de las personas que me rodeaban porque entendí que era lo mejor para mi vida y para la de ellos. Aunque en ese momento no lo pareciera, créeme que fue la mejor decisión que tomé.

Dos poderes versus un superpoder

La primera palabra que quiero que recuerdes es efectos, porque las redes sociales tienen dos poderes. El primer poder se llama influencia. El contenido que consumimos en las redes –lo quieras o no lo quieras, te guste o no te guste– tiene el poder de ir cambiándote lentamente para bien o para mal. Y el segundo poder se llama atención. En mi experiencia, hay momentos en que entro a buscar o ver “no sé qué cosa” en las redes y para cuando me doy cuenta ha pasado una hora porque me detuve con algún meme, chisme, historia o trending. ¿Te pasó? ¡Seguro! Esto sucede porque las redes sociales están diseñadas estratégicamente para captar tu atención la mayor cantidad de tiempo posible.

Puede que esto te suene paranoico, pero ya que no voy a profundizar mucho en este tema, te recomiendo ver el documental de Netflix llamado “El dilema de las redes sociales”. Yo sé que escuchas la palabra documental y te da “alergia”, pero dale una oportunidad. Aunque sea porque está en Netflix, te “volará” la cabeza (y desde ya te digo: “De nada”). Allí verás que las redes sociales no son simples herramientas, sino que son poderes que pueden dominar tu vida por completo.

Reconozco que controlaron mi vida por un tiempo, porque comencé a tener problemas para dormir bien y levantarme temprano para tener mi encuentro con Jesús, porque me acostaba tarde; y cuando lograba despertarme solo era para mirar el celular. Entonces empecé a dedicarle menos tiempo a mis amistades y familia porque el mundo virtual me resultaba más interesante. Además, comencé a notar que diversos posteos de amigos, influencers o famosos, generaban en mí la necesidad de compararme con ellos. Esto me desanimaba, ya que en todos los casos me encontraba en una situación desfavorable frente a la “vida perfecta” que se comparte a través de las redes. Esta situación hizo pedazos mi autoestima.

Este malestar duró hasta que entendí que, aunque las redes sociales tienen estos poderes, yo tenía un superpoder y no lo sabía: “Decisión”. Sí, porque la influencia y la atención solo podrán impactar tu vida hasta donde se los permitas (haz una nota mental de eso). Cuando descubrí esto, decidí tomar acción enseguida, porque no sería esclavo de la influencia y la atención de las redes. Yo tendría el control. Quería ser obediente y ser luz; y no me importaba si tenía que ser diferente para lograrlo.

Así que primero necesitaba ver cuánto daño me habían hecho esos poderes. Fui a mi Instagram, abrí YouTube, mis chats de WhatsApp, las transmisiones de twitch y el “infinito” feed de TikTok; y descubrí la influencia que cada día recibía, junto con la atención que le dedicaba a las redes sociales durante varias horas. Esta realidad me estaba dañando; no porque las redes sociales fueran malas, sino porque las estaba usando mal. Si soy llamado a ser diferente, mi uso de las redes sociales debería ser diferente.

Por lo tanto, decidí comenzar un desafío –que al principio fue difícil, extraño o incluso un poco alocado– que, al practicarlo, cambió mi vida. Quiero compartirte las consignas básicas. ¿Estás listo?
“Pasa en las redes sociales el mismo tiempo que pasas con Dios”. No te asustes y déjame explicarte cómo hice esto. Al comienzo puede resultar imposible; no obstante, al comprender la segunda palabra, consumo, se torna más sencillo.

Las tres reglas que cambiaron todo

A todos nos enseñaron a caminar, a comer, a leer y a escribir; pero ¿cuándo nos enseñaron a usar bien las redes sociales? Tranquilo, no eres el único que no recibió esa clase.

Para poder aprovechar el contenido de las redes sociales y así sacarle el máximo provecho a mi tiempo, consideré tres reglas:

REGLA #1: Yo tengo el control sobre el celular y no el celular sobre mí.
Quizás consideras que estar “conectado” o “en línea” gran parte de tu tiempo es una necesidad básica, pero no lo es. Por lo tanto, lo primero que hice fue desactivar todas las notificaciones del teléfono. Elegí horarios específicos del día para poder usarlo, en lugar de tenerlo conmigo todo el tiempo. Separé 20 minutos por la mañana, 20 minutos al mediodía y 20 minutos por la noche.

Es interesante ver cómo al principio estás revisando el celular todo el tiempo, esperando que te llegue algo, pero créeme que lo superarás. Nadie se verá afectado si no contestas enseguida un mensaje; incluso si algo es urgente, te van a llamar (¡nadie avisa que se está muriendo por un mensaje de Whatsapp lleno de emojis!).

Además, dejé de llevar el celular a actividades específicas con la finalidad de desconectarme un poco; por ejemplo, no llevo mi celular a la habitación y no uso el celular durante las primeras dos a tres horas del día, cuando me levanto. Te lo recomiendo, ya que de esa manera tendrás tiempo para ti y para Dios sin meterte en la locura del mundo. Tampoco uso el celular una hora antes de acostarme, porque observé que mi mente queda acelerada y afecta la calidad del sueño.

REGLA #2: Unfollow
¿Sabes qué hice? Me tomé dos horas y dejé de seguir a tanta gente con la cual había perdido el diálogo y de la que solo me enteraba por medio de fotos. Decidí que si realmente me interesaba la vida de alguien, le enviaría un mensaje, lo llamaría o lo visitaría. Así, se redujo la cantidad de personas que seguía y también la cantidad de tiempo frente a la pantalla, ya que no hay tanto para ver.

Además, puedo construir relaciones, en lugar de estar pensando en la vida de los demás.
Si prefieres no dejar de seguir a algún amigo –para evitar problemas– puedes silenciar sus historias o publicaciones y no se enterará. Si llego a querer ver algo de ellas en particular, las visitaré cuando sea necesario.

Sumado a esto, dejé de seguir cuentas que bloquean mi luz o bajan su brillo, porque van en contra de mis principios y valores. Entonces, dejé de seguir todas esas cuentas de creativos, memes, equipos o famosos; no porque fueran malas en sí, sino que si por algún motivo quiero ver algo específico de estos temas, entro a ver el contenido de esas cuentas y listo.

Por último, instalé una aplicación que me permitió limitar el tiempo que pasaba en cada aplicación y de esa manera logré controlarlo mejor. Empecé a acostumbrarme (algunas aplicaciones ya lo tienen incluido, o sino, en las últimas versiones de iPhone y Android, esta función viene con el celular).

REGLA #3: Enfócate en ti mismo
Si cumples las dos reglas anteriores, te darás cuenta de que empieza a sobrarte mucho tiempo. Así que necesitarás buscar actividades productivas que reemplacen esas horas que perdías en tu celular.

Por mi parte, intenté obligarme a que “me guste” leer. Así que elegí un libro y cultivé el hábito –que tengo hasta hoy– de leer entre 15 a 30 minutos por día. Sumado a esto, me hice una rutina de ejercicios. También te recomiendo que separes un tiempo y le des lugar a la creatividad, para que puedas aprender a cocinar, pintar, escribir, editar videos, sacar fotos, tocar un instrumento y hacer las especialidades del Club de Conquistadores, entre otros. Incluso, no necesariamente tienes que elegir actividades que estén enfocadas en uno mismo. Estas tres reglas fueron un antes y un después en mi vida.

La última palabra

Comparto la última palabra –no menos importante– que hubiera querido que me enseñaran, pero que tuve que aprender a los golpes: publicación.

Siempre pensé que solo se trataba de cuidarme de los efectos que las redes podían tener en mí; sin embargo, comprendí que lo que publico en las redes también es importante a la hora de ser una luz y responder al llamado de Dios a ser diferentes. Así que, con el tiempo aprendí que antes de publicar algún contenido, es necesario tomarnos unos minutos para pensar y hacernos cinco preguntas que solo nosotros podemos contestar:

1-¿Jesús publicaría esto en mi lugar? Piensa por un momento que eres Jesús en ese chat de Instagram o en ese grupo de WhatsApp. ¿Publicarías ese mensaje o esa foto? ¿Responderías de esa manera? ¿Usarías ese sticker? ¿Te reirías de esa broma? ¿Verías ese video? Si no sabes la respuesta, es un buen momento para comenzar a estudiar sobre la vida de Jesús. Te recomiendo leer los Evangelios junto con el libro El libertador, de Elena de White. Te encantarán.

2-¿Cómo me siento? No publiques cuando estés bajo emociones intensas, porque después te arrepentirás de haberlo hecho. Si estás triste por algo que sucedió o estás molesto; si sientes culpa, enojo, ilusión, arrepentimiento o felicidad, revisa dos veces antes de publicar, en vez de responder a tu primer impulso y hacer públicas cosas que quizás no sea necesario compartir (esto también es válido a la hora de comentar).

3-¿Cuál es el objetivo de lo que voy a publicar? Cuando te hagas esta pregunta, te darás cuenta de que muchas veces estás publicando por motivos equivocados: buscas la aprobación de los demás, buscas mostrarte, eres adicto a la gratificación de los “me gusta” y publicas fotos que sabes que tendrán buen recibimiento o lindos comentarios. Entonces envías fotos que alimentan tu necesidad de pertenecer a un grupo con el fin de recibir su aprobación y poseer las mismas conductas.

4-¿Estoy pensando en los demás? Muchas veces la foto no tiene nada negativo en sí, pero no debes preocuparte solo por lo que posteas, sino que también debes pensar en cómo lo verá otro. Hay veces que uno se expone esperando una respuesta del otro lado y termina siendo piedra de tropiezo, así que piensa en qué reacciones causará tu posteo en las otras personas y, si son negativas, piensa dos veces antes de enviar o publicar algo. Evita controversias. Siempre habrá alguien que piensa diferente, así que no importa si es en política, fútbol o religión, mide tus palabras y considera a dónde entrarás, ya que después te costará salir o dejarás un mal testimonio.

5-¿Le diría eso a una persona si la viera cara a cara? Detrás de una pantalla tenemos un coraje que no tendríamos frente a frente. Y así, tenemos conductas que se caracterizan por hacer daño a otros. Entonces, somos groseros, sarcásticos o nos sumamos al bullying en los comentarios o en la charla de grupo. Le hablamos mal a una persona porque nosotros nos sentimos así. Eso nos convierte en haters, y en lugar de ser una luz en la vida de los demás, estamos alejándolos de Jesús.

Tendría más para contarte, pero creo que para este artículo fue más que suficiente. Recuerda las tres palabras claves: efectos, consumo y publicación, y comienza por enfocarte en la que más crees que necesita un cambio.

Te invito a ser parte de ese desafío que cambió mi vida y que puede cambiar la tuya.

El gran desafío

¿Te animas a no pasar en las redes sociales más tiempo que el que pasas con Dios? Hoy estoy agradecido por haber tomado esa decisión, porque aunque en el momento parecía pequeña, déjame contarte que me ayudó a elegir mi carrera universitaria; a volver a tener una relación con Jesús como nunca la había tenido; a aprender un idioma; a aprender a editar; a aprender a escribir artículos como el que estás leyendo; a grabar podcasts; y a aprender a filmar.

Hoy comparto de Jesús en mis redes sociales a más de 30.000 personas cada día. ¿Qué estás esperando? Estás a una sola decisión de cambiar tu vida en este mundo y en la eternidad.

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del segundo trimestre de 2021.

Escrito por Por Brian Chalá. Reconocido influencer en redes sociales y estudiante de Teología en la Universidad Adventista del Plata.