Cómo enfrentar la depresión

Sep 30, 2022 | Nota de tapa | 0 Comentarios

Millones de personas sufren de esta enfermedad, y se calcula que para 2030 será la principal causa de muerte en el mundo. Te dejamos seis pasos prácticos para ayudar a alguien que está atravesando esta problemática.

Arrancamos mal

Al principio, cuando Dios creó nuestro mundo, todo era realmente perfecto y maravilloso. La Biblia dice: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Gen 1:31). Elena de White amplía este versículo describiendo la impresionante escena:na

“Cuando salió de las manos del Creador, la tierra era sumamente hermosa. La superficie presentaba un aspecto multiforme, con montañas, colinas y llanuras, entrelazadas con magníficos ríos y bellos lagos […]. Agraciados arbustos y delicadas flores saludaban la vista por dondequiera. Las alturas estaban coronadas con árboles aún más imponentes que los que existen ahora. El aire, limpio de impuros miasmas, era claro y saludable. El paisaje sobrepujaba en hermosura los adornados jardines del más suntuoso palacio de la actualidad. […] Una vez que la tierra con su abundante vida vegetal y animal fuera llamada a la existencia, se introdujo en el escenario al hombre, corona del Creador, para quien la hermosa tierra había sido aparejada” (Patriarcas y profetas, p. 24).

Nuestro Creador formó y colocó cada elemento con el objetivo de brindar la máxima felicidad a Adán y a Eva. Su preocupación fue la satisfacción plena de nuestros primeros padres, por lo que mientras ellos se mantuvieran fieles, gozarían de alegría y salud infinitas. Desdichadamente, el perfecto plan de Dios no duró mucho tiempo. Eva fue engañada por Satanás e indujo a su esposo a desobedecer a Dios. Al pecar, ambos desencadenaron una serie de eventos que solo trajeron ruina y sufrimiento para ellos mismos, para sus descendientes y para el planeta Tierra. 

Es realmente importante resaltar que, antes de la Caída, el ser humano tenía sus facultades físicas, mentales, sociales y espirituales en completo y perfecto equilibrio. Sostiene Elena de White: “Cuando el hombre salió de las manos de su Creador, era de elevada estatura y perfecta simetría. Su semblante llevaba el tinte rosado de la salud y brillaba con la luz y el regocijo de la vida” (ibíd., p. 26).

El pecado desequilibró el balance y quebró la armonía de todas las facultades humanas. La fortaleza física fue reemplazada por el cansancio, el dolor y, en última instancia, la muerte. La capacidad psíquica fue pervertida y reemplazada por el odio, la ansiedad, la depresión y la depravación. La interacción social pacífica y amable fue alterada, y empezó la discordia, el rechazo y las guerras. La capacidad espiritual fue resquebrajada, y en su lugar quedó un vacío tan profundo que no puede ser llenado por nada de lo que existe en este mundo. El ser humano había dejado a Dios de lado y estaba cosechando los resultados de su desobediencia. 

¿Qué queremos? ¡Ser felices!

Si hay algo que es cierto en la vida, es que todos buscamos ser felices. Desde edades tempranas tendemos a luchar por satisfacer nuestras necesidades, y no descansamos de ello a lo largo de la vida. Es interesante mencionar que los seres humanos siempre ansían algo que no tienen, y creen que al conseguirlo serán felices. Pero ¿qué es la felicidad, sino un efímero concepto abstracto y subjetivo que nadie logra definir correctamente? 

Por este motivo, el hombre más sabio del mundo, luego de analizar su propia vida, escribió: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad […]. Todas las cosas son fatigosas y nadie es capaz de explicarlas. El ojo no se harta de ver ni el oído se sacia de oír” (Ecl. 1:1, 8). Las personas creen que el tener dinero las hará felices, pero la gran mayoría de los que son adinerados no son felices. Otros creen que un mejor trabajo o una posición de liderazgo los hará felices; sin embargo, cuando logran alcanzar sus metas aparecen otros desafíos, y poco dura la sensación de felicidad.

“Por sí solo, el ser humano no puede encontrar fortaleza para vencer la ansiedad, el estrés y la depresión”. 

Podría mencionar varios ejemplos más, pero creo que ya se entiende el punto principal: la felicidad de este mundo es muy voluble y pasajera; un día se la alcanza, pero al día siguiente se disipa como la niebla que se esfuma al salir el sol.

Todo esto desencadena una vida de frustración. Vivir sin felicidad es vivir frustrado. Así, encontramos tres problemas mentales que dominan al ser humano globalmente y lo encadenan al sufrimiento: ansiedad, estrés y depresión. Estos tres males tienen sus raíces en la búsqueda equivocada de la felicidad. En psicología existen muchas maneras de definir estos tres problemas; pero aquí te presento una manera más simple de comprenderlos. 

En primer lugar, la ansiedad es una respuesta constante de preocupación por eventos que no han ocurrido o que se piensa que, al ocurrir, destruirán nuestra integridad y, por ende, causarán infelicidad. Por ejemplo: ansiedad por dar un examen, por conocer el futuro o por pensar en consecuencias aterradoras de acciones específicas. Por este motivo, y con justa razón, algunos consideran a la ansiedad “un exceso del futuro”. 

En segundo lugar, el estrés tiene que ver con la respuesta a las situaciones que se atraviesan en el presente. Actualmente, es común escuchar a las personas decir que están estresadas por todo tipo de cosas: el trabajo, los hijos, las deudas, etc. Si bien es cierto que no podemos escapar del estrés, podemos hacer mucho para limitar sus consecuencias negativas en la vida. Debido a esto, el estrés se considera “un exceso del presente”.

En tercer lugar, está la depresión, la cual está muy relacionada con la infelicidad. Las personas con depresión sienten una pérdida profunda, la cual les causa tristeza y angustia diariamente. Por este motivo se la considera “un exceso del pasado”. 

Por sí solo, el ser humano no puede encontrar fortaleza para vencer estos males. En terapia, para ayudar a las personas a sobreponerse a sus problemas, se intenta hacer que se aferren a los recursos que tengan a disposición. Normalmente, estos recursos son sociales (familia, amigos, vecinos, comunidad), educativos (cursos, seminarios, entrenamientos), económicos (viajes, compras, vacaciones en lugares exóticos), biológicos/orgánicos (ejercicio, alimentación sana, medicinas), y hasta pseudoespirituales no recomendados (yoga, meditación, acupuntura). 

Sin embargo, todos estos recursos muchas veces no brindan los resultados deseados y las emociones negativas vuelven con más fuerza, dejando al ser humano con mayor vulnerabilidad, infelicidad y sufrimiento. Parece que la humanidad, al haber abandonado a Dios, ha intentado llenar su vacío existencial de formas que solo le han brindado más desgracia, sufrimiento y miseria.

“Recuerda que la vida espiritual es esencial para que superes esta etapa difícil de tu vida de la manera más rápida. Aprende a orar y a leer la Biblia”. 

Una estrategia para ayudar

La depresión y el suicidio están íntimamente relacionados. Por este motivo este es un tema delicado, que requiere una intervención directa y certera para ayudar a la persona que lo padece. Veamos:

Estar alertas

Hay que estar siempre vigilantes a los cambios repentinos de estado de ánimo de nuestros seres queridos. No te contentes con solo pensar que “ya se le pasará”. Si alguien atraviesa alguna situación traumática y ocurre un cambio en su conducta, hay que acompañar y dar apoyo emocional y espiritual.

 Dialogar

Una de las primeras cosas que debemos hacer es conversar con la persona y mencionarle los cambios que hemos notado. Intenta obtener información del porqué de sus conductas sin ser rudo o brusco. Deja que la persona te exprese sus emociones y temores, y sé comprensivo. No emitas juicios o percepciones propias, ni recrimines los motivos que presenta; si haces esto, puedes herir a la persona en depresión y hacer que se cierre emocionalmente a recibir cualquier tipo de ayuda. Escucha atentamente y se empático con los motivos brindados.

Explicar cómo son las cosas

Recuerda que las personas que están atravesando por depresión, en su gran mayoría, no se encuentran conscientes de ello. Por esto, debes explicarle que la depresión es una enfermedad mental que tiene cura y que, con la ayuda de Dios, de la familia y de los profesionales en salud mental, es posible salir de ella. 

Leer la Biblia junto a esa persona

Busca las historias de personajes bíblicos que lograron sobreponerse a la tristeza y/o la depresión; por ejemplo: David, Elías, Jonás, Noemí, Job y Jeremías. Lee varios salmos, como el 6, el 23, el 27, el 43, el 46 y el 56. Lee el capítulo 52 del libro Mente, carácter y personalidad, tomo 2 (de Elena de White), que habla sobre la depresión. Allí hay muchos consejos prácticos para ayudar a las personas.

Orar

La oración es una estrategia poderosa para sobrellevar la depresión. Ora con la persona y ora por la persona. Arma un grupo de oración intercesora con amigos y familiares cercanos. No hay límites para el poder de Dios.

No bajar los brazos

Nunca dejes de intervenir, aunque no puedas hacerlo por ti mismo. Recuerda que muchos países tienen una línea telefónica exclusiva para atender casos de depresión y de suicidio. Infórmate sobre los recursos y las instituciones que pueden ayudarte a ayudar.

Lo mejor que podemos hacer es intervenir en los momentos iniciales del problema; por eso debemos estar siempre prestando atención a nuestros seres queridos. En el caso de que los familiares o los amigos se enteren de la enfermedad por algún acto penoso de intento suicida, recuerda que mientras la persona tenga vida, existe esperanza de recuperación. Nunca es tarde para, literalmente hablando, salvar una vida.

“Recuerda que la vida espiritual es esencial para que superes esta etapa difícil de tu vida de la manera más rápida. Aprende a orar y a leer la Biblia”. 

Terminamos bien

Tal vez escribí todo este artículo para alguien que está en depresión y está leyendo esto como una de sus últimas opciones. Quiero decirte algo importante. Comencé este artículo diciendo que Dios creó un mundo perfecto para que el ser humano sea completamente feliz. ¡Esto es totalmente cierto! Aunque el pecado y sus consecuencias hayan malogrado el plan original de Dios, Jesús aún puede llenar el vacío en tu corazón y convertir tu tristeza en felicidad. 

Es momento de entender que el sufrimiento y la tristeza son realidades comunes para el ser humano; no podemos escapar de ellas. Sin embargo, Jesús nos ha prometido un mundo nuevo, donde “secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más” (Apoc. 21:4, NTV). Mientras estemos en este mundo, estaremos expuestos al dolor y las pruebas, que nos herirán y harán sufrir; pero recuerda que cuando aceptas a Jesús te conviertes en un miembro de su familia. Y ten la seguridad de que un día llegarás a ser ciudadano del Cielo. 

El apóstol Pablo dijo: “También nos alegramos al enfrentar pruebas y dificultades porque sabemos que nos ayudan a desarrollar resistencia. Y la resistencia desarrolla firmeza de carácter, y el carácter fortalece nuestra esperanza segura de salvación” (Rom 5:3, 4). Las pruebas y los problemas no desaparecen milagrosamente para los hijos de Dios; la diferencia está en la forma en que enfrentan las dificultades. 

Un cristiano puede pasar por una decepción amorosa, problemas económicos, enfermedades, tragedias y demás situaciones horribles, y definitivamente sufrirá por ello. Sin embargo, cuando Jesús mora en el corazón humano y este hace de la Biblia su escudo diario, el cristiano enfrenta la batalla con la cabeza en alto, y con un pensamiento firme en la mente: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). Esta promesa de fortaleza ha motivado a los cristianos por milenios, y es tan actual que aún te habla a ti. Recuerda que “Dios desea que […] seamos fuertes en el Señor y en su fuerza… Dios vive y reina, y él nos proporcionará toda la ayuda que necesitemos. En todo tiempo tenemos el privilegio de recibir poder y ánimo de esta bendita promesa: ‘Bástate mi gracia’ ” (Elena de White, El evangelismo, p. 101).

Jesús quiere ayudarte, pero debes tomar una decisión. Toma fuerzas, levántate y busca ayuda. Llama a un familiar o amigo que se preocupa por ti. Cuéntale lo que sientes y ábrele tu corazón. No tiene nada de malo ser honesto con tus sentimientos y emociones. Y, aunque te sientas frágil y vulnerable, recuerda que si no pides auxilio será muy difícil que las personas a tu alrededor adivinen lo que está pasando por tu mente y te ayuden.

Millones de personas han enfrentado la depresión en el mundo y millones se han recuperado. ¡Esta enfermedad tiene cura! Puedes encontrar la salida. Siempre hay una salida. Aunque no lo puedas ver ahora y consideres que todo está perdido, ¡siempre hay una salida! La fortaleza vendrá de lo Alto, pero debes hacer tu parte para recuperarte también. Si te indican medicación, tómala: te ayudarán a sentirte mejor. Es necesario que salgas a caminar bajo la luz del sol y que comas alimentos saludables. Cambiar de ambiente también es bueno; si un lugar en especial te causa malos recuerdos, si está dentro de tus posibilidades, es mejor que lo evites o lo cambies. Con el tiempo lograrás enfrentar nuevamente lugares, situaciones o personas que te han causado mucho sufrimiento y dolor.

Recuerda que la vida espiritual es esencial para que superes esta etapa difícil de tu vida de la manera más rápida. Aprende a orar y a leer la Biblia. Si no tienes una Biblia, pídele una a un amigo o un creyente. En las Sagradas Escrituras descubrirás maravillosas promesas que te animarán y te harán conocer a tu amoroso amigo Jesús. Por otro lado, a través de la oración podrás liberar tus pensamientos tristes y enviar todas las cargas emocionales a Jesús: “Ustedes viven siempre angustiados y preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar” (Mat. 11:2). Solo Jesús puede darte descanso, esperanza y sanidad.

Es mi deseo y oración que te recuperes, y puedas ser un testimonio vivo del poder transformador de Jesús. Y que luego, cuando estés recuperado, seas de aliento a otras personas que andan por aquel camino difícil, que ya recorriste y que por la gracia de Dios fuiste capaz de vencer. 

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del cuarto trimestre de 2022.

Escrito por Francesco Marquina, psicólogo y pastor. Nació en Perú y trabaja como coordinador del Servicio Voluntario Adventista en el estado de Bahía, Brasil.  @francesco.marquina

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