Las reuniones virtuales

Las reuniones virtuales

Las reuniones virtuales

La comunicación a distancia llegó para quedarse en los ámbitos eclesiástico, académico y profesional.

¿Otro Zoom? ¿De nuevo una videollamada? ¿En serio? Sí. Luego de la Pandemia, el mundo ha cambiado. Y, dentro del abanico de modificaciones sustanciales, surgieron las reuniones no presenciales. Más allá de que te agraden o no, lo cierto es que este tipo de encuentros serán cada vez más habituales, dado que ayudan a ahorrar tiempo y dinero.

Hoy, una reunión virtual puede ser la clave para aprobar un examen, para poner en marcha y desarrollar un proyecto o para predicar sobre la Biblia.

Checklist para tener una videollamada de éxito

  • Ten en cuenta el espacio: Una habitación o una oficina en casa bien organizada facilitará tu productividad, y un espacio de trabajo agradable revelará una imagen positiva de tu persona.
  • ¡Ojo con la iluminación!: Lo mejor es hacer una videollamada en un espacio con mucha luz natural. De ese modo, la imagen de tu rostro va a ser nítida y clara. Si es de noche, lo mejor es colocarte frente a una fuente de luz artificial, pero que no sea demasiado intensa.
  • Ten en cuenta la vestimenta: Aunque tengas clases en casa o hagas home office, no te aparezcas en pijamas ni demasiado de entrecasa. Debes proyectar siempre una imagen profesional, aun cuando no haya un código de vestimenta que te obligue a vestir de esa manera.
  • Sé previsor: Si eres el organizador de la reunión, envía con anticipación a los asistentes la agenda de los temas por tratar. Además, deberías tener a mano todos los documentos o archivos que usarás durante la reunión.
  • Revisa la conexión: Para un buen desarrollo de la reunión virtual, es importante el ancho de banda. Verifica que todo funcionen bien.
  • Chequea el audio: Haz una prueba del software antes de la sesión; sobre todo, si es la primera vez que lo utilizas.
  • Considera quiénes están en tu casa: Es probable que un encuentro virtual coincida con la presencia de miembros de la familia en casa. Organiza previamente un plan para que ellos no interrumpan tu presentación con ruidos, pasadas, etc.
  • Mantén una postura erguida: Sentarse bien proyecta señales no verbales de éxito y de un estilo de vida saludable. Al contrario, una postura contraria puede transmitir desinterés y apatía.

Este artículo ha sido adaptado de la edición impresa de Conexión 2.0 del primer trimestre de 2022.

Cuando no hay respuestas

Cuando no hay respuestas

Cuando no hay respuestas

Un testimonio de fe para todos aquellos que perdieron a un ser querido.

El verano estaba llegando a su fin. Mientras alistaba el bolso en casa de mis padres, luego de pasar unas maravillosas vacaciones con ellos, mi madre introducía más obsequios, como era de costumbre. Papá, minutos antes de que llegara la hora de mi partida hacia la estación, me dijo que no iba a poder acompañarme. Con una enorme sonrisa y nuestras miradas llenas de amor, me fundí en sus abrazos. Nos despedimos con un “hasta pronto” y con planes de vernos nuevamente en el invierno.

Todo comenzó con una fiebre. Mamá pensó que mi padre podría tener una simple gripe. Papá siempre fue cuidadoso con su salud y acompañaba la buena alimentación con ejercicios. No aparentaba sus 65 años. Pero ahora tenía algo que ni los médicos sabían el origen. 

Mientras tanto, en todos los medios de comunicación se hablaba de un virus llamado COVID-19, que estaba azotando el continente asiático y europeo. El sistema sanitario de Argentina aún no estaba capacitado para detectar ese virus en pacientes; solo se sabía de algunos síntomas.

A mi padre la respiración se le hacía cada vez más costosa. En primera instancia, el diagnóstico del especialista fue neumonía. Pero pasaban las horas y su cuadro se iba agravando cada vez más.

Nos conectamos inmediatamente por una llamada. Con la voz apagada y a la misma vez esperanzada en que iba a recuperase, me prometía que pronto nos íbamos a ver. Y esa fue la última vez que escuché su voz.

Por el avance de las investigaciones, los médicos hicieron el testeo a fin de descartar este agente nuevo y extraño en el cuerpo de papá. Pero él ya no podía respirar por sus propios medios y necesitaba un mecanismo artificial. Los resultados llegarían pronto. Estaba confirmado: él tenía COVID-19.

Las fronteras estaban cerradas, y una cuarentena estricta y obligatoria se activaba en todo el país. No podía viajar para estar con mi familia. La impotencia de estar lejos en esos momentos difíciles fue terrible. No tuve ni el tiempo de aceptar el diagnostico de mi padre, ya que en unas horas mamá me llamaría para darme la noticia más triste de mi vida: había fallecido.

Solo habían transcurrido tres semanas de aquella despedida. Mi retina aún visualiza a mi padre con mucha vitalidad, sin antecedentes de enfermedades. Pero mi papá falleció el 1º de abril de 2020. No pudimos despedirlo, ya que su cuerpo fue cremado, por seguridad sanitaria. Con mamá aislada y yo lejos, todo parecía una pesadilla.

“¿Por qué ha permitido Dios que me ocurra esto a mí?” Esta es una pregunta que me hice. Es la pregunta que todos los creyentes se han esforzado por contestar. Si creemos que Dios tiene la obligación de explicarnos su conducta, deberíamos examinar los siguientes pasajes de la Biblia. Salomón escribió en Proverbios 25:2: “Gloria de Dios es encubrir un asunto”. Por su parte, Isaías 45:1 declara: “Verdaderamente tú eres Dios que te encubres”. Además, en Deuteronomio 29:29 leemos: “Las cosas secretas pertenecen al Señor nuestro Dios”. Y Eclesiastés 11:5 proclama: “Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas”.

Creo que muchas de nuestras preguntas “por qué” tendrán que quedarse sin respuesta por ahora. El apóstol Pablo se refirió al problema de las preguntas sin contestar cuando escribió: “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido” (1 Cor. 13:12). Pablo estaba explicando que no tendremos el cuadro completo hasta que estemos en la Eternidad.

Este es un aspecto clave de la fe cristiana. Más allá de las circunstancias, el plan de Dios es maravilloso, ya que “a los que aman a Dios” todas las cosas que estén en armonía con su voluntad “les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Rom. 8:28).

Por eso, creo que tal vez no sean el dolor y el sufrimiento en sí los que causan el mayor daño. Lo triste es que nos sentimos confundidos y desilusionados con Dios. Es la ausencia de significado lo que hace que esa situación sea intolerable. No existe una angustia mayor que la que una persona experimenta cuando ha edificado todo su estilo de vida sobre conceptos teológicos que parecen derrumbarse en momentos de tensión y dolor extraordinarios.

¿Llegan momentos como estos para los creyentes fieles? Sí. Pero debemos afrontarlos con fe, sabiendo que “no os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana” (1 Cor. 10:13).

El gran peligro en que nos encontramos las personas que experimentamos una tragedia es que Satanás utilizará ese dolor para hacernos creer que Dios nos ha escogido como víctimas. ¡Qué trampa mortal es esa!

Sí, yo estoy afligida aún. Y tengo el corazón quebrantado. Tal vez tú te sientas igual y estés desesperado/a. Solo puedo decirte que debes confiar en Dios. Existe seguridad y descanso en la sabiduría eterna de la Biblia.

El Rey de reyes y Señor de señores no está caminando de un lado a otro por los pasillos del cielo sin saber qué hacer acerca de los problemas que existen en tu vida. Él puso los mundos en el espacio. Él puede tomar en sus manos las cargas que te están agobiando. Y para comenzar, dice: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Sal. 46:10).

Este artículo ha sido adaptado de la edición impresa de Conexión 2.0 del primer trimestre de 2022.

Escrito por Ruth Maidana, vive en la ciudad de Neuquén, Argentina, y es miembro de la Iglesia Adventista de Maranatha.

¿Es correcto pedir «señales» a Dios?

¿Es correcto pedir «señales» a Dios?

¿Es correcto pedir «señales» a Dios?

Claves para saber si las decisiones que tomas son correctas.

Hablar del tema de las señales es entrar en un terreno muy personal y subjetivo. Todos hemos escuchado historias de señales dadas por Dios que confirmaron a uno u otro lo que debía hacer. Y podría ser que hayamos experimentado algo similar en nuestra vida. Cuando hablamos de “señales”, una de las primeras historias que viene a nuestra mente se encuentra en Jueces 6, la de Gedeón y el famoso vellón. Repasemos los eventos:

Dios llama a Gedeón para librar a su pueblo. Y Gedeón pide una señal para ratificar ese llamado. Así, presenta una ofrenda en el altar que es consumida por fuego divino. No conforme con esto, unos días después vuelve a pedir a Dios otra señal (la del vellón). Esta segunda señal no lo convencerá tampoco, y lo lleva a pedir una tercera señal (Juec. 6:39, 40).

Este relato nos muestra la débil fe de Gedeón y su insistencia en poner a prueba a Dios. Gedeón no pide señales para saber qué debe hacer. Las que pide son para que Dios pruebe si tiene el poder de hacer lo que promete. Claramente, no es un ejemplo para nosotros.

Aunque en el Antiguo Testamento tenemos algunos otros ejemplos de personas que pidieron señales a Dios, como Jonatán o Eliezer, siervo de Abraham, sería bueno recordar que se trata de tiempos en los que la Palabra de Dios no estaba al alcance de todos, como nosotros la tenemos hoy.

Es bastante normal entre los jóvenes que sus pedidos de señales tengan que ver con el noviazgo, y ese es el contexto del pedido de Eliezer.

La historia íntegra se encuentra en Génesis 24:10 al 21, donde el siervo es enviado a buscar una esposa para Isaac en la tierra donde viven sus parientes. Si bien es cierto que el siervo ora y pide una señal, esta no se trata de eventos sobrenaturales, sino que tiene que ver con una prueba del carácter de la joven. En otras palabras, en lugar de pedir señales, deberíamos mirar el carácter de la persona que nos atrae (entre otras cosas, desde luego, como su fe). Ese fue el caso de Rebeca: demostró tener un espíritu de servicio desinteresado. ¡Y esa fue la señal!

Por otra parte, en el Nuevo Testamento tenemos a personas que se acercaron a Jesús para pedirle señales, a quienes su respuesta siempre fue: “Esta generación mala y adúltera demanda señal. Pero no le será dada otra señal que la del profeta Jonás” (Mat. 12:38; 16:1-4; Juan 6:30). Jonás estuvo, según relata en su libro, tres días en el vientre de un gran pez y luego salió. Así también, Jesús estaría tres días en la sepultura y luego volvería a vivir; ese fue el significado de sus palabras. ¿Por qué Jesús respondió de manera tan dura a ese pedido de los fariseos? “A pesar de haber realizado tantas señales ante ellos, no creían en él” (Juan 12:37).

Jesús había obrado muchos milagros, pero a pesar de esas señales no creían en él. En cierta ocasión, por medio de una historia, dijo lo siguiente: “Si no creen en Moisés y los profetas, tampoco se persuadirán, aunque se levante alguno de los muertos” (Luc. 16:31). Es decir, si no creemos a partir del estudio de la Biblia, no hay señal que alcance para convencernos realmente.

A veces pedimos una señal solo para tener confirmación de la voluntad de Dios cuando en primer lugar deberíamos orar y estudiar la Palabra divina. No podemos pedir a Dios señales sobre cosas para las que él ya ha revelado su voluntad en la Biblia. Si está revelado, entonces es nuestro deber estudiar, orar, reflexionar, usar las capacidades mentales que el Señor nos ha dado, y entonces actuar en función de lo que está escrito. Hacer lo contrario es buscar excusas para poder hacer lo que queremos hacer, o para no tener que pensar.

Dios no nos da todas las respuestas de forma inmediata, en un solo versículo. Hay ocasiones en que debemos profundizar y buscar comprender los principios de la Biblia y cómo se aplican a nuestro caso. Hemos recibido la capacidad para razonar, y la promesa de que su Espíritu nos iluminará el entendimiento a medida que estudiamos su Palabra (Sal. 119:105, 130; 2 Tim. 3:16, 17). Como adventistas, tenemos también los escritos de Elena de White para estudiar en busca de consejo y dirección. También se nos orienta de forma abundante a que pidamos el consejo de otras personas (Prov. 12:15; 19:20, 21; 24:6).

Si ya hemos hecho esto, y aún no está claro cuál sea la mejor decisión por tomar, escuchemos el consejo de Pablo: “La palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, enseñando y exhortándoos unos a otros con toda sabiduría. Cantad a Dios salmos, e himnos y canciones espirituales, con gratitud en vuestro corazón. Y todo lo que hagáis, sea de palabra o de hecho, hacedlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por él” (Col. 3:16, 17). Hazte luego la siguiente pregunta: si tomo tal o cual decisión, ¿puedo seguir experimentando en mi vida el cumplimiento de este versículo? ¿Puedo hacerlo en el nombre de Jesús? ¿Será Dios glorificado? Si la respuesta es positiva, sigue adelante y confía en que Dios abrirá y cerrará puertas para dirigir tu camino conforme a su voluntad.

Este artículo ha sido adaptado de la edición impresa de Conexión 2.0 del primer trimestre de 2022.

Escrito por Santiago Fornés, Lic. en Teología y capellán en el Instituto Adventista de Morón, Argentina.

Atenas 2004

Atenas 2004

Atenas 2004

El día en el que la llama olímpica volvió a su hogar.

Fueron más de 10 mil atletas en 301 pruebas y 28 deportes los encargados de ponerle vida y color a los Juegos Olímpicos (JJ.OO.) de Atenas 2004 (oficialmente denominados Juegos de la XXVIII Olimpiada). Se celebraron en la capital de Grecia entre el 13 y el 29 de agosto de 2004.

De este modo, los Juegos regresaron a casa… ¡en doble sentido! En primer lugar, porque fue en Atenas (en 1896) donde se celebraron los primeros JJ.OO. de la era moderna. En ellos, participaron 241 atletas masculinos de 14 países (en 43 pruebas y 9 deportes). Y, en segundo lugar, porque Grecia fue el lugar de origen de este tipo de competencias. Así, nos remontamos a la ciudad de Olimpia y las fiestas atléticas celebradas desde el año 776 a. C. cada cuatro años. Por eso, el símbolo de Atenas 2004 fue la corona de laurel, premio que se daba a los ganadores en la antigua Grecia.

Más allá de estos aspectos, cabe destacar los siguientes puntos.

La gloria sudamericana

Sin duda, Latinoamérica vibró con dos deportes hermosos que le dieron a la Argentina y a Chile momentos épicos.

Por un lado, la Selección Argentina de Básquet no solo logró el oro olímpico, sino que se dio el lujo de eliminar en las semifinales por 89 a 81 al famoso Dream team, el equipo de Estados Unidos, claramente favorito a terminar en lo más alto del podio. En la final, Argentina venció a Italia 84 a 69. Así el conjunto argentino ganó por primera vez la medalla dorada en este deporte.

En estos JJ.OO. también la Selección Argentina de Fútbol ganó por primera vez la medalla dorada en Fútbol.

Por su parte, los tenistas chilenos Nicolás Massú y Fernando González ganaron la medalla dorada en la competición de dobles, derrotando a los alemanes Rainer Schuettler y Nicolas Kiefer luego de tener cuatro match point en contra. Esta medalla se convirtió en el primer oro en la historia olímpica chilena. Además, y para acrecentar el predomino chileno en el tenis, Massú ganó la medalla de oro y González la de bronce en la competición individual.

Un traspié llegando a la meta

Estos JJ. OO. quedaron en la historia por un desafortunado incidente que alteró el maratón, la prueba olímpica más famosa.

El atleta brasileño Vanderlei Cordeiro de Lima lideraba cómodamente esta gran prueba de 42 km. Sin embargo, en el kilómetro 36 ocurriría algo que cambiaría su vida para siempre. Un exsacerdote irlandés llamado Cornelius Horan salió de entre la multitud y lo empujó de manera inexplicable. Ayudado por el público por este incidente, especialmente por el espectador griego Polyvios Kossivas, Vanderlei retornó a la carrera, pero llegó en tercer lugar. Así, obtuvo la medalla de bronce y fue ovacionado y aplaudido por todo el estadio Panathinaiko.

Como compensación debido a este suceso Vanderlei recibió la medalla Pierre de Coubertin por su valor y espíritu olímpico. ​Además, fue el encargado de encender el pebetero de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.

Un doblete histórico

El atleta marroquí Hicham El Guerrouj ganó el oro en los 1.500 y 5.000 metros. De esta manera, se convirtió en la primera persona en lograr esta hazaña en los Juegos Olímpicos desde Paavo Nurmi, en París, 1924.

De este modo, superó dos fracasos. Hicham era uno de los favoritos para ganar el oro en los 1.500 metros en los JJ.OO. de Atlanta 1996, pero cuando se estaba disputando la final de los 1.500 metros se cayó y tuvo que abandonar la prueba. También era el gran favorito para llevarse la medalla de oro en los JJ.OO. de Sídney 2000. Sin embargo, en la final olímpica Hicham se vio sorprendido por el atleta keniano Noah Ngeny, que venció sin atenuantes. Como vimos, en 2004 tuvo una excelente revancha.

Otros hitos destacados

Liu Xiang ganó el oro en los 110 metros con vallas, igualando el récord mundial de Colin Jackson de 1993. Esta fue la primera medalla de oro de China en atletismo masculino.

Estos juegos también marcaron el regreso de Afganistán a las olimpiadas desde 1999. Su participación fue prohibida debido a las actitudes extremistas del régimen talibán hacia las mujeres.

A su vez, el atleta Félix Sánchez ganó la primera medalla de oro olímpica para la República Dominicana, venciendo en los 400 metros con vallas. ​

Por último, cabe destacar a la kayakista alemana Birgit Fischer, quien ganó el oro en el K-4 500 metros y plata en el K-2 500 metros. De este modo, se convirtió en la primera mujer en cualquier deporte en ganar medallas doradas en seis Juegos Olímpicos diferentes, la primera mujer en ganar el oro con 24 años de diferencia y la primera persona en la historia olímpica en ganar dos o más medallas en cinco Juegos diferentes.

Este artículo ha sido publicado en la edición impresa de Conexión 2.0 del cuarto trimestre de 2021.

Escrito por Por Leo Ottín Pechio, Lic. en Educación Física y guardavidas profesional.

Lecciones instantáneas

Lecciones instantáneas

Lecciones instantáneas

Un campamento, un almuerzo y un puré de papas que no salió del todo bien.

Hace un par de años estábamos en un campamento de consejeros, recargando los pulmones de aire puro entre medio de los árboles. Ya casi terminaba el evento. Almorzábamos, y a casa. Incluso, algunos, ya se habían ido en los primeros autos que iban llevando gente. Los que quedábamos, no queríamos que el campamento terminara.

Así que ahí estábamos, charlando y comenzando la tarea culinaria, muy lentamente. Era la última comida del campamento. Los chicos preparaban papas fritas. Las demás chicas se habían ido y sólo quedábamos Nati y yo. Nuestro menú era fácil. Como era la última comida tenía que ser algo de rápida preparación. Mirábamos cómo los chicos sacaban unas papas muy dudosas del aceite. Algunas muy cocidas, y otras muy crudas. Y la mayoría tenía las dos cualidades: por dentro crudas y por fuera muy cocidas.

Nosotras sacamos, muy orgullosas, las milanesas de soja ya preparadas y el paquete de puré instantáneo de las mochilas. Nos creímos muy prácticas. En unos minutos estaríamos comiendo… ¡y muy rico!

–¿Vos sabés cómo se hace? –preguntó Nati.

–Obvio, contesté. Debe ser así.

Cabe resaltar que ninguna había hecho un puré instantáneo antes, pero pensamos: se debe calentar agua hasta que hierva, echamos el polvito de puré, revolvemos y listo.

No pretendo que esto se convierta en una sección de recetas, pero así no es como se prepara un puré instantáneo. Ahora lo sé.
El agua hervida saltaba y hacia chisporrotear el fuego y las cascaritas de papa fueron insuficientes para tanto líquido. Cuando nos dimos cuenta del error, creímos que la mejor solución era dejarlo cocinarse más tiempo, así el agua se “evaporaba”. ¡Era una deducción brillante! Excepto que el puré no pensó lo mismo que nosotras. Cuando comenzó a pegarse en los bordes de la olla, nos dimos cuenta de que eso no iba a mejorar y que era el momento de sacarlo del fuego.

En fin, el puré no quedó apetecible. Demasiado líquido y desabrido. Por otro lado, las milanesas tampoco colaboraron demasiado. Las había llevado hechas desde mi casa. Es decir, habían estado todo el campamento en la mochila. Cuando las sacamos del envase, nos dimos cuenta de que habían perdido la hidratación y estaban -siendo generosa- sumamente duras.

–Eso parece cartón con pan rallado –dijo sonriendo uno de los chicos. Tristemente, tenía razón.

El único consuelo que me quedaba, era ponerle mucho limón. Había traído uno del árbol de casa, pero al cortarlo, notamos que estaba seco y que no iba a poder salvarnos.

Sentadas en el pasto con nuestros platos nada ricos, mirábamos a los chicos que ya les habían agarrado la mano a sus papas fritas y les estaban saliendo hermosas. El olorcito llegaba hasta nuestro rincón como una burla silenciosa desde la unidad de varones.

Qué diferente habría sido el almuerzo si hubiéramos leído las instrucciones del paquete, ¿verdad?

En realidad, lo leímos, pero demasiado tarde. Descubrimos que, no solo le erramos en la proporción correcta de líquido, sino que también llevaba leche.

En el Club de Conquistadores he aprendido muchas cosas. Por ejemplo: ¡cómo no hacer un puré instantáneo!

Así también sucede en la vida espiritual: hay veces en las que creemos saber cómo hacer las cosas. Creemos que no necesitamos instrucciones. Creemos que podemos solos.

Quiero decirte que no es así y que, lamentablemente, nuestro orgullo se convierte en frustración. Pero qué bendición saber que tenemos un Padre en los cielos que nos dejó en su Palabra las recetas para todos los días de nuestra vida. Y no solo nos da las recetas: si se lo permitimos, también nos guía en cada paso de la preparación.

Cuando me siento tentada a no obedecer la Ley de Dios, siempre recuerdo aquel puré desabrido y este versículo que tiene mucho gusto: “Fíate de Jehová de todo tu corazón. Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Prov. 3:5, 6).

Este artículo ha sido publicado en la edición impresa de Conexión 2.0 del cuarto trimestre de 2021.

Escrito por Abril Pesoa, miembro de la Iglesia Adventista de Paraná Centro (Entre Ríos, Argentina) e integrante del Club de Conquistadores Lemuel.

Tuve relaciones sexuales: ¿Y ahora qué?

Tuve relaciones sexuales: ¿Y ahora qué?

Tuve relaciones sexuales: ¿Y ahora qué?

¿Puedo ser puro a pesar de haber desobedecido en el pasado?

En el ámbito de jóvenes cristianos la pureza y la virginidad son ideales a alcanzar. Pero muchas veces uno se cuestiona por qué esto es algo tan importante. Cuando tienes relaciones sexuales al parecer nada cambia. Físicamente no hay modificaciones notables, pero tu mente nunca vuelve a ser la misma. Y allí llegamos al punto importante.

Las cosas como son

En 1 Corintios 6:18 la Palabra de Dios dice que el acto sexual antes del matrimonio o fuera de él es pecado. No es un consejo, es un principio. Y no es algo arbitrario, es por amor.

Para Dios, tu virginidad no es tan importante como tu pureza. Puedes no ser virgen, pero si tomas una decisión a tiempo, nunca es tarde para que Dios te haga puro.

Mientras tanto, no voy a engañarte con el discurso de que tener relaciones sexuales antes del matrimonio no trae problemas. Tampoco debemos olvidar que Dios siempre presenta una solución. Toda transgresión tiene una consecuencia que Dios no puede evitarte, pero sí puede ayudarte a atravesar. ¿Hay una condición? Sí, siempre. Una vez que reconocemos que lo que hacemos no es correcto, comienza el proceso de abandonar aquello que nos aparta de Dios. Tiene que haber una obediencia que manifieste tu fe en la Palabra de Dios y en sus mandatos que prometen bendición.

Es importante tener en cuenta que cuanto más tiempo tardes en arrancar radicalmente todo lo que te asocia con tu vida sexual pasada entonces peores consecuencias tendrás que experimentar.

¿Por qué el sexo prematrimonial te hace daño?

Algunas razones, entre otras, son:

Razones emocionales: Te apegas a esa persona generando codependencia. Una vez que hubo sexo, están tan íntimamente relacionados que, al faltar el compromiso de un matrimonio, temen perderse y eso los lleva a tener pensamientos persecutorios de que les faltará el otro.

Razones psicológicas: Tales como culpa, ansiedad, depresión, irritación, autoreproche y baja autoestima.

Razones vinculares: Tales como celos, desconfianza en el otro, falta de comunicación, incapacidad para resolver conflictos, abuso y maltrato.

Razones espirituales: Dios no se aparta de ti, pero estar practicando lo que le desagrada te aparta de él. Le hablas y no escuchas su voz, no porque no responda sino porque tu pecado levanta una brecha entre ambos. El sexo es una representación de la intimidad que tienes con Dios, si practicas esa intimidad de forma inmoral, tu relación con Dios inevitablemente se ve afectada.

Razones físicas: Tales como enfermedades de transmisión sexual, impotencia sexual, eyaculación precoz, inhibición del deseo, frigidez y embarazos no deseado.

¿Es posible revertir estas? Sí. No todas, no en todos los casos, pero sí. El pensamiento de alguien que tuvo sexo ahora está más sexualizado, y se requiere un mayor esfuerzo para dominar el impulso sexual. Primordialmente debes saber que el mejor momento para cambiar es hoy. No lo olvides: el día de tu salvación es hoy. Sin dudas para esto se requiere una entrega total y absoluta de la vida a Dios, hay que arrancar toda práctica o conducta por inofensiva que parezca que nos desmoralice.

La frustración que da el hecho de querer hacer lo correcto, pero tender a hacer lo que sabemos que está mal llega cuando invertimos todo nuestro esfuerzo en producir los frutos del Espíritu sin la ayuda de Cristo. En realidad, nuestro esmero debe estar depositado en quitar los obstáculos que impiden que el Espíritu Santo haga su obra en cada uno de nosotros. No desesperes, pero no esperes que Dios haga la parte que te toca cambiar.

Un pacto de pureza

Si tal vez ya perdiste tu virginidad, quiero decirte que puedes resolver tener pureza. Esto es algo que va mucho más allá de una mera relación sexual. Abarca todos tus pensamientos y todo tu ser. Renueva ahora tu pacto de pureza sexual con Dios. No desistas porque el plan que Dios tiene para ti es mucho mejor que lo que te imaginas.

Cuando Cristo reine en tu vida, cuando te entregues a él sin medidas, te confieses y le pidas que te restaure, entonces la pureza será una consecuencia que llegará en el mismo momento en que dejes tu voluntad para realizar la voluntad de Dios en ti.
La pureza es una virtud que solo Dios puede darnos, y alcanza todas las áreas de la vida, incluida la sexual. Empieza en la mente, y nos hace incapaces de participar de cualquier cosa que sea inmoral. La persona pura depende de Jesús, no quiere desagradarle, desea cuidar su templo, absteniéndose de cualquier cosa que manche su pensamiento y degrade su conducta.

La sexualidad es un diseño perfecto, fue creada para glorificar a Dios y servir al otro. El plan de Dios es que aprendamos a ser abnegados y dominar la pasión, para ser capaces de cumplir su propósito: sexualmente plenos y espiritualmente consagrados.

Si no eres virgen, ponte a cuentas con Dios, a pesar de haber desobedecido en el pasado, puedes serle fiel en el presente. Si no eres puro, puedes serlo en Cristo. Confiésate en su presencia, y tus pecados serán emblanquecidos.

Si quieres ganar la vida que Dios ha preparado para ti, debes renunciar a todo lo que hoy te gusta pero te está destruyendo. Cristo te dará mejores cosas de las que puedes imaginar. Estás a tiempo de cambiar. Tu historia puede tener final feliz. Dios es poderoso para hacer mucho más de lo que puedes pedir o imaginar (Efe. 3:20).

Este artículo ha sido publicada en la edición impresa de Conexión 2.0 del cuarto trimestre de 2021.

Escrito por Vicky Fleck, estudiante de psicología en la Universidad Nacional de Córdoba y miembro de la Iglesia Adventista de Córdoba Centro, Argentina.