¿Es necesario volver a la iglesia?

¿Es necesario volver a la iglesia?

¿Es necesario volver a la iglesia?

La vida espiritual después de Zoom.

“¿Tenemos que volver a reunirnos en la iglesia el sábado por la mañana, para el repaso de la lección? Es mucho más cómodo hacerlo por medio de Zoom, y después ver el sermón online. Puedo hacerlo desde mi cama mientras desayuno o almuerzo”.

Sí, el tema está instalado y fue motivo de debate en una reunión de jóvenes a la que asistí mientras reflexionábamos sobre cómo volver a la “normalidad” después de pasar meses en cuarentena.

Esta pregunta es muy válida (incluso si no hubiésemos padecido la COVID-19): “¿Por qué debería concurrir a la iglesia? No tengo amigos, la gente me mira mal, son todos hipócritas…” Y la lista puede seguir.

Separemos por un momento el tema de la pandemia, de los protocolos sanitarios y de las excepciones en general, y pensemos en cómo responderíamos a esta pregunta: ¿Debo ir a la iglesia? Después de todo, ¿no decimos siempre que la salvación es individual? Entonces, ¿para qué vamos a reunirnos en un lugar? Es probable que alguna vez te hayas preguntado lo mismo, o conozcas a alguien que lo esté pensando.

Algunas respuestas

Por eso, quiero invitarte a reflexionar brevemente sobre cuáles son las razones para congregarnos en la iglesia.

Empecemos por lo más simple: la iglesia no es un edificio; eso sería el templo. Pero la iglesia somos nosotros. La palabra “iglesia” viene del griego ekklesía, y se refiere a un grupo o comunidad. Por eso, Jesús declaró que “donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mat. 18:20, NVI). Los discípulos constituían una iglesia al reunirse en las casas, en la sinagoga, junto al río o en las catacumbas. Los cristianos en los primeros siglos del cristianismo fueron perseguidos por su fe, y por eso no tenían otra opción más que reunirse donde pudieran hacerlo.

La Biblia habla de la iglesia como una comunidad de fe. Y esto no puede darse en soledad. El propósito de esta comunidad de fe es adorar a Dios (Juan 7:24) y predicar su Palabra y cumplir con la misión de predicar el evangelio a todo el mundo (Mat. 24:14).

Entonces, voy a la iglesia para ser parte de esta comunidad, para relacionarme con la hermandad, más allá de los defectos o las luchas que todos podamos tener.

Mucho más que una “juntada”

No sé cuál sea tu experiencia hoy, pero cuando vemos la descripción que hace la Biblia de los primeros cristianos podemos notar que para ellos participar en la iglesia era algo más que solo juntarse por dos horas un sábado: “Eran fieles en conservar la enseñanza de los apóstoles, en compartir lo que tenían, en reunirse para partir el pan y en la oración” (Hech 2:42, DHH). No solo estudiaban la Palabra, sino también se relacionaban entre sí, compartían sus necesidades, oraban, sociabilizaban, se servían unos a otros (Gál. 5:13), soportaban las cargas de los demás (Efe. 4:2).

Podríamos decir que quizá no encontramos esto en nuestra iglesia, y por eso no queremos asistir. Pero tenemos el ejemplo de Jesús, quien tenía la costumbre de concurrir a la sinagoga todos los sábados (Luc. 4:16). Es interesante pensar que él asistía a la iglesia cada semana desde pequeño, donde seguramente le tocó experimentar varias de las cosas que hoy algunos usan como razones para no congregarse más. Pero Jesús siguió yendo, y se nos dice que debemos seguir sus pasos (1 Ped. 2:21).

Como bien mencionan algunos, la salvación es individual, ya que depende de nuestra relación personal con Dios (Efe. 2:8, 9); sin embargo, en el momento en que aceptamos a Jesús somos parte del “cuerpo de Cristo” (1 Cor. 12:27). Ya somos miembros de su iglesia, y todos los miembros son necesarios para su buen funcionamiento (12:14-20). Pablo declara que cada uno recibió de parte de Dios un don, dado a nosotros para ponerlo al servicio de la iglesia, es decir, de las personas que conforman nuestra comunidad de fe. Cuando todos los feligreses participan juntos, haciendo uso de sus dones, todos los miembros crecen en la fe y el conocimiento del Hijo de Dios; maduran en el Señor, hasta llegar a la “plena y completa medida de Cristo” (Efe. 4:7-13). Es este el resultado final de que nos congreguemos, de que participemos en nuestras iglesias siendo “humildes y amables”, “pacientes unos con otros”, tolerando “las faltas por amor” (Efe. 4:2).

Un repaso general del libro de Hechos de los apóstoles o de las cartas paulinas nos ayudará a comprender que no existe la iglesia ideal, donde no haya conflictos. Basta mirar la propia iglesia de Jesús, con sus doce apóstoles, para que no queden dudas. Pero somos necesarios a fin de cumplir con nuestra función específica, para ayudar a los demás a desarrollarse, para que la iglesia crezca sana. Incluso si todavía no puedo definir cuál es mi don, incluso si no es lo más cómodo, “no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros, sobre todo ahora que el día de su regreso se acerca” (Heb. 10:25, NTV).

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del tercer trimestre de 2021.

Escrito por  Santiago Fornés, Lic. en Teología y capellán en el Instituto Adventista de Morón, Argentina.

Héroes de la Biblia: para jugar y aprender

Héroes de la Biblia: para jugar y aprender

Héroes de la Biblia: para jugar y aprender

Ya está disponible Héroes 2, una aplicación para tu celular en la que conocerás más de tus personajes bíblicos favoritos.

En nuestra sección de este trimestre, damos paso a una noticia genial: el lanzamiento de Héroes 2, un juego bíblico que te ayudará a familiarizarte con los relatos de la Palabra de Dios.

Héroes 2 es una iniciativa de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, con el apoyo de su canal de televisión mundial, Hope Channel. Los creadores del juego esperan que ayude a niños, jóvenes y adultos a familiarizarse más con las maravillosas historias de la Biblia.

“La Escritura es un documento fundacional de la civilización occidental, pero los jóvenes de hoy saben más acerca de los cómics que de las historias bíblicas. Deseamos que con este juego todos sepan que nosotros también fuimos llamados por Dios a ser los héroes de hoy”, explicó Sam Neves, director asociado de Comunicación de la Iglesia Adventista mundial.

Héroes 2 llega al público ocho años después del lanzamiento de la primera versión. En 2013, Héroes, the Game, llegó como un juego visionario que preparó el camino para el lanzamiento de muchos otros juegos adventistas. Desde entonces, ha acumulado más de diez millones de minutos de interacción con sus usuarios.

Acompañando a Héroes 2, se lanzó una serie de estudios bíblicos interactivos titulada Las grandes preguntas, en la que los propios personajes del juego responderán, basados en sus propias experiencias y como las narra la Biblia, preguntas frecuentes y complejas como: “¿Qué sucede cuando morimos?”, “¿Es Dios real?” y “Si Dios es bueno, ¿por qué sufrimos?”

¡Tienes que saberlo!

Héroes 2 es un desafío para todas las edades. Comienza con Adán y Eva. A medida que sumas puntos de experiencia (XP), desbloqueas a los demás héroes. Comenzarás en Génesis y terminarás en Apocalipsis. Cada partida consiste en doce preguntas, y el puntaje depende de cuán rápido y certero seas como jugador. Al principio, las preguntas serán sencillas, pero a medida que el juego progresa se volverán más difíciles. ¡Pero tendrás ayuda! Antes de comenzar una partida, puedes colocar hasta tres efectos en tu morral, que te darán poderes para avanzar. Hay diez efectos especiales que te ayudarán a ahorrar tiempo y avanzar más rápido. Desde el Efecto Elías, que te da una doble porción de XP, hasta el Efecto Daniel, que te revela el versículo bíblico en el que se encuentra la respuesta.

El juego está disponible en cuatro idiomas: inglés, portugués, español y francés. Puedes descargarlo gratuitamente desde Apple Store y Google Play Store. ¡Empieza a jugar ahora!

¡Estamos conectados!

Para más información, visita la página oficial del juego: heroesbibletrivia.org.

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Características especiales

  • Personajes en 3D: Para Héroes 2 se utilizó diseño en 3D.
  • Multijugador: Con Héroes 2, los jugadores pueden desafiar a su familia y a sus amigos simplemente compartiendo un link. Tus amigos responderán exactamente las mismas doce preguntas que tú, e intentarán batir tu récord.
  • Historias de los personajes: Puedes explorar el mundo de cada héroe con nuestras historias que revelan los trasfondos de cada personaje, y así comprender sus sueños y sus motivaciones.
  • Diez efectos especiales: Aparecerán en el juego y te ayudarán a ahorrar tiempo y avanzar más rápido.
  • Banda sonora original: Compuesta por Clayton Nunes y grabada por la Orquesta Filarmónica de Praga.
  • Narración cautivante: Estas historias no solo te traerán entretenimiento. Además, revelarán el propósito de Dios para tu vida.

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del tercer trimestre de 2021.

Masturbación: ¿Buena, mala o inofensiva?

Masturbación: ¿Buena, mala o inofensiva?

Masturbación: ¿Buena, mala o inofensiva?

Claves para abordar una práctica muy usual de la que solemos no comprender sus peligros.

Hablar sobre masturbación no es sencillo. Hay muchos mitos y tabúes que se han perpetuado, y que impiden abordar el tema sin culpas o vergüenza.

La masturbación es una práctica sexual que consiste en la autoestimulación de las zonas genitales de tu propio cuerpo (pene/vagina), con el fin de alcanzar placer y experimentar la excitación.

La primera experiencia masturbatoria ocurre en la infancia, cuando un niño va descubriendo su cuerpo. Desde luego, es algo que uno hace involuntariamente. Llegados a la preadolescencia, aparece la masturbación voluntaria. En este momento, la mente ya tiene capacidad de formar ideas eróticas y los pensamientos sexuales provocan excitación. Aquí comienza a experimentarse lo complejo y peligroso de este hábito. A esto se suma la presión social de los pares, que lleva a que un adolescente practique la masturbación para demostrar su virilidad.

Hay muchas controversias acerca de cómo nos afecta o no esta práctica. Años atrás, psicólogos y psiquiatras se reunían con dirigentes religiosos para debatir acerca de si la masturbación es buena, mala o inofensiva. Muchos se preguntaban: “Si es pecado, ¿por qué la Biblia no dice nada al respecto?” “Si es perjudicial, ¿por qué la mayoría de los niños de entre diez y doce años comienzan a masturbarse de manera espontánea, sin premeditarlo, como si fuera parte de su desarrollo sexual?” Por eso, muchas veces se ha pensado que la masturbación es algo normal, naturalizándola y promoviéndola.

No obstante, ¿qué tal si en vez de preguntar si es buena o mala seguimos el consejo de Pablo de 1 Corintios 10:23?: “Todo está permitido, pero no todo es provechoso. Todo está permitido, pero no todo es constructivo”.

Si bien muchos profesionales de la psicología argumentan que la masturbación es la práctica ideal para el autoconocimiento, si nos guiamos por los principios bíblicos, llegamos a la conclusión de que el conocimiento de nosotros mismos no está a la luz del placer, sino a la luz de la Cruz. Hay un engaño muy sutil en esta idea. Experimentar el placer sexual antes de tiempo, a una edad tan prematura, puede obstaculizar el desarrollo de las facultades intelectuales, de la construcción de relaciones interpersonales y el manejo de impulsos.

Cuando nos basamos en el aspecto meramente físico, la masturbación activa circuitos neuronales de placer, disminuye la tensión y la ansiedad, y se convierte en un mecanismo de salida para situaciones problemáticas. Esto parece positivo pero no lo es, ya que el cerebro genera una dependencia de esta conducta. Luego, para lograr los mismos resultados, tendrá que aumentar la frecuencia de la práctica. Así, la persona tendrá un cuadro de compulsión masturbatoria, con posible adicción a la conducta, y un sinnúmero de disfunciones sexuales.

Como si esto fuese poco, la masturbación aumenta el individualismo y fomenta el egoísmo, porque con ella aprendes a disfrutar las fases del acto sexual en soledad, hasta volverse un vicio secreto. Tampoco es el camino para el autoconocimiento: Cristo es el camino para conocerte verdaderamente.

La pregunta correcta que debes hacerte si todavía dudas sobre practicar o no la masturbación es: ¿Cómo afecta esto a mi comunión con Dios y su plan para mi vida? ¿La ennoblece? ¿Permite que yo aprenda lecciones de temperancia, dominio propio y dependencia de Dios en mis momentos de ansiedad?

El Creador ha pautado tiempos para disfrutar de la sexualidad activamente. Ha diseñado que esposo y esposa gocen en conjunto de la sexualidad. Que no tiene como mero y único fin el placer; es un medio por el cual se llega al real objetivo: glorificar a Dios porque su diseño es perfecto, y aprender a servir a mi prójimo, priorizando sus necesidades y deseos por encima de los míos, si es necesario.

Sé sabio, ocúpate de formar un carácter temperante y espera el tiempo correcto para ser sexualmente activo. No se trata solo de no masturbarse porque es pecado; a veces, debes preguntarte si algo te conviene o no.

La mayor conquista de un joven cristiano es la que logra sobre su propio cuerpo y su carácter. Si aprendes a ser temperante sexualmente, y esperas al tiempo correcto y la persona correcta para practicar activamente la sexualidad, sin duda tu dicha futura será mayor, y tu comunión con Dios en el presente será mejor.

¿Realmente vale la pena practicar la masturbación, cuando nos traerá riesgos emocionales, morales, físicos, sociales y espirituales? Recuerda el consejo de Pablo: “Huye de las pasiones de la juventud” (2 Tim. 2:22)

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del tercer trimestre de 2021.

Escrito por Vicky Fleck, estudiante de Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba y miembro de la Iglesia Adventista de Córdoba Centro, Argentina.
@vickyfleck

¿Dónde está Dios?

¿Dónde está Dios?

¿Dónde está Dios?

Cuestionamientos válidos en medio del dolor.

Cuando experimentamos dolor o vemos el sufrimiento en otros, es común que se despierten en nosotros una serie de preguntas acerca de Dios: ¿Dónde está? ¿Podría él haber evitado lo que está pasando? Y, si es así, ¿por qué no lo evitó?

Estas no son preguntas fáciles de responder; sin embargo, merecen que las pensemos porque lo que se pone en tela de juicio ante el dolor es el amor de Dios y también su poder.

En los evangelios, encontramos que Jesús tuvo que enfrentar dos de estas serias preguntas durante su ministerio: “¿Dónde estabas?” y “¿Por qué lo permitiste?” Ambas se las hicieron cuando murió su amigo Lázaro. El relato es así: Lázaro está enfermo y sus hermanas envían un mensajero que llame a Jesús para que venga y lo sane (Juan 11). Es necesario entender que esta es una familia de fe, que ya ha visto milagros realizados por Cristo y que tenían una relación de profunda amistad con él.

Sobre la base de esa confianza que tienen con Jesús, no le piden nada, solo le informan que “aquel a quien amas está enfermo” (Juan 11:3). La fe de ellos es completa. Conocen a Jesús de manera personal. Pero Lázaro muere de todas maneras.

Después de varios días, Jesús llega a Betania; y las hermanas de Lázaro, Marta y María, salen a su encuentro. Ambas dicen lo mismo, casi a modo de reproche: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto” (Juan 11:21, 32). Ante la situación, Jesús no da un discurso. En lugar de eso, Juan nos cuenta que “se estremeció en espíritu y se conmovió”, y deja testimonio de esto en uno de los versículos más cortos de todas las Escrituras: “Jesús lloró” (Juan 11:33, 35). La primera respuesta de Jesús nos demuestra que él no es indiferente al dolor y que, además, tiene un plan. Él sabe que está a punto de resucitar a Lázaro, que sus amigos van a estar felices por eso, y sin embargo llora porque los ama y se conmueve ante su dolor.
Elena White escribió: “Tal es la compasión de Cristo que nunca se permite a sí mismo ser un espectador indiferente de cualquier sufrimiento ocasionado a sus hijos. Ni la más leve herida puede ser hecha de palabra, intención o hecho que no toque el corazón de aquel que dio su vida por la humanidad caída […]. Cuando sufre un miembro de este cuerpo, con el cual Cristo está tan misteriosamente conectado, la vibración del dolor es sentida por nuestro Salvador” (El ministerio de la bondad, p. 26). Por eso, Jesús llora por la muerte de su amigo.

Las personas que estaban presentes, viendo sus lágrimas, dijeron entonces: “El que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber evitado que Lázaro muriera?” (Juan 11:37). En otras palabras: Si tenía el poder para evitarlo, ¿por qué lo permitió? Jesús no discute, no se justifica. El Evangelio registra que se conmueve una vez más; y acercándose al sepulcro, lo resucita. Pero, antes de hacerlo, declara: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?” (Juan 11:25, 26).

Aunque Jesús se conmueve por la muerte de Lázaro y lo resucita, él sabe que esa no es la solución definitiva. Lázaro envejecerá y volverá a morir. La única respuesta definitiva ante el sufrimiento y el dolor humanos es la segunda venida de Cristo. Con sus palabras, Jesús trata de llevar la mirada de las personas hacia ese día. Al resucitar a Lázaro, espera que crean en que tiene el poder para darles vida eterna. ¿Por qué hay que esperar hasta el regreso de Jesús? La Biblia nos presenta que hay un conflicto entre dos poderes: El Reino de Dios, donde todo es paz y amor, sin sufrimiento ni dolor; y el de la muerte, donde esta domina y Satanás es quien la instiga.

Lamentablemente, desde la caída de Adán y Eva, este mundo quedó bajo el dominio del enemigo de Dios. Jesús mismo lo llama “el príncipe de este mundo” (Juan 12:31; 14:30; 2 Cor. 4:4; 1 Juan 5:19). Por eso hay enfermedad, dolor y sufrimiento. Pero, no fuimos abandonados sin esperanza. La Biblia declara que Cristo vino a este mundo, “para destruir por medio de su muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Heb. 2:14). Vino a invitarnos a volver a ser parte de su reinado. Todo su mensaje, durante su ministerio público, giró en torno al Reino; sus parábolas comenzaban generalmente diciendo: “el Reino de los cielos es semejante a…” (Mat. 4:17; 13:24, 31, 44, 47; 18:1; 20:1; 22:2; 25:1, 14; Mar. 1:15; 4:26, 30).

Así como Adán y Eva, viviendo bajo el Reino de Dios, eligieron libremente ser parte del gobierno del enemigo, hoy nosotros, que estamos viviendo en este mundo fragmentado por el pecado y el dolor, podemos elegir ser parte del Reino de los cielos. Desde el momento en que aceptamos a Jesús, él reina en nuestra vida y ya somos parte de su Reino. Pablo dice que ya estamos sentados con Cristo en los lugares celestiales (Efe. 2:6); Juan declara que ya tenemos la vida eterna (1 Juan 5:12, 13). Sin embargo, envejecemos, enfermamos, tenemos accidentes y morimos. ¿Por qué? Porque, aunque ya somos parte del Reino, todavía no estamos en su plena manifestación hasta que Cristo venga.

Entonces, cuando su Reino se consuma, “Dios enjugará toda lágrima de los ojos […] y no habrá más muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor” (Apoc. 21:4). Por eso, mientras estamos en esta vida, Jesús nos invita a orar cada día diciendo: “Venga a nosotros tu Reino” (Mat. 6:10).

Este artículo fue publicado en la edición impresa de Conexión 2.0 del cuarto trimestre de 2020.

Escrito por Santiago Fornés, Lic. en Teología y capellán en el Instituto Adventista de Mar del Plata, Argentina

Vocaciones en tiempos de Coronavirus

Vocaciones en tiempos de Coronavirus

Vocaciones en tiempos de Coronavirus

¿Qué quieres ser?

Sin duda alguna, este año fue especial y nos cambió la vida a todos. Un virus reconfiguró nuestra sociedad, y tal vez también a ti, que estabas pensando qué carrera elegir cuando finalice tu enseñanza media.

Más allá de la COVID-19, la vida continúa y tú debes seguir adelante en esos los proyectos. Por eso, te dejo algunas recomendaciones que te ayudarán:

  1. Más que una decisión puntual, la elección de tu profesión es un proceso. Por lo tanto, enfócate en los gustos y las actividades que más te ha gustado realizar, estudiar y participar. Esto ayuda a bajar la ansiedad y a no tomar una decisión apresurada.
  2. Define un área de interés. Si aún no tienes una decisión tomada sobre qué carrera estudiar, lo mejor es definir un área general de interés, independientemente de si te fue bien o mal. Esto ayuda a acotar las posibles alternativas y sirve para ver mejores opciones.
  3. ¿Y qué pasa si tengo dos caminos? ¿Cuál de los dos debo elegir? Muchas veces nos puede producir ansiedad recordar que la elección de la carrera profesional es una elección de por vida. Por lo tanto, hay que verla como una elección que responde a quién soy en la actualidad, no mañana. En estas disyuntivas, sugiero que te hagas la pregunta más importante: ¿Cuál de estas carreras es la que me hace más feliz y me completa como persona?
  4. En la mayoría de los casos, son los padres quienes financian los estudios universitarios de los hijos. Sin embargo, esto no debería ser un factor para que ellos elijan la carrera de sus hijos. El rol de los adultos es brindar contención y seguridad emocional para que el estudiante pueda tomar la mejor decisión, pero también entregar la confianza por si es necesario cambiar en el camino, con la seguridad de que no va a decepcionar a su entorno.

¡Estoy muy segura de que Dios está al control de todo! Permítele ser el autor de tus sueños, patrocinador de tus planes y financiador de tus metas, porque el Señor te dice, parafraseando el Salmo 32:8: “Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir (incluye tu carrera profesional); yo te daré consejos y velaré por ti”.

Este artículo fue publicado en la edición impresa de Conexión 2.0 del cuarto trimestre de 2020.

Escrito por Junelly Paz Guerrero, Lic. en Psicología, Universidad Peruana Unión.

Ciudad de Panamá

Ciudad de Panamá

Ciudad de Panamá

El vuelo llegó a Panamá de noche, lo que me suscitó un gran desafío. Una vez hecho todo el visado, un agente de transporte de una empresa oficial ofreció llevarme hasta la ciudad. Al llegar al hotel, agradecí a Dios por sus cuidados.

En las estaciones de subte, puedes comprar una tarjeta para viajar en subte o en bus. La ciudad es bastante caótica. Las avenidas centrales siempre están muy congestionadas y el tránsito es bastante desordenado. Por este motivo, algunos aconsejan viajar en Uber.

El primer lugar que visité fue el casco histórico. Emplazado en una península de la ciudad, es bien reconocido por sus calles empedradas, antiguos conventos y buena gastronomía. Relativamente cerca se encuentra el mercado, lugar donde se comercian distintos productos marinos.

A través de la cinta costera, se puede hacer un paseo desde el casco histórico hasta el litoral. Después de recorrerla, me dirigí a Panamá viejo. Este sitio histórico queda a las afueras de la ciudad y se puede llegar por medio del transporte público. Son las ruinas de lo que fue la primera ciudad de Panamá. En sus inmediaciones, cuenta con un museo que explica, entre otras cosas, los ataques del pirata Morgan, quien intentó saquear la ciudad, con suficiente resistencia.

Al siguiente día, bien temprano en la mañana, fui a visitar el famoso Canal de Panamá. Llegué por medio del transporte público, y –por llegar en ese horario– tuve la oportunidad de ver pasar por las esclusas de los barcos cargueros. La parada de buses está enfrente de Albrook Mall, y el recorrido tarda aproximadamente una hora y media. Una vez en el sitio, puedes acceder al museo y al canal, comprando los tickets de ingreso.

El Canal de Panamá, emblema de la tan deseada unión entre el Pacífico y el Atlántico, es una magnífica y costosa obra de ingeniería. Hace mucho tiempo, se hizo una gran “obra de ingeniería” incomparable, majestuosa como no hubo ni habrá otra. Dios envió a su Hijo para unir, religar, relacionar nuevamente a Dios con el hombre. Grande amor el de nuestro Dios; por eso: “Bienaventurado aquel cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en Jehová su Dios” (Salmo 146:5).

Este artículo fue publicado en la edición impresa de Conexión 2.0 del cuarto trimestre de 2020.

Escrito por Analía Giannini, docente de Ciencias Naturales, nutricionista, escritora y viajera incansable.