Entendiendo el origen de mi identidad sexual

Entendiendo el origen de mi identidad sexual

Entendiendo el origen de mi identidad sexual

 Fuimos diseñados por el Creador, y su plan siempre es el mejor. 

Actualmente, nuevas corrientes sugieren que el origen de la identidad sexual no tiene que ver con el cuerpo, sino con la mente. Así, insinúan que lo que creemos ¡eso somos! 

No comprender las diferencias entre ambas cuestiones ha puesto en riesgo la identidad de género de muchas personas, que cedieron a pensamientos que ponían en duda lo sabido; es decir, el sexo que les fue asignado a partir de sus características anatómicas.

El movimiento LGBTIQ+ lucha por más derechos para las personas que se autoperciben como sexuadas fuera de la normativa binaria: masculino o femenino. También está en auge la filosofía de la teoría Queer, que propone que en una misma persona el sexo, el género y el deseo sexual pueden no ser uniformes, ni pertenecer a una misma clasificación. Así, una misma persona puede ser físicamente de sexo masculino, pero tener un deseo sexual femenino, y por lo tanto, autodeclararse de género no binario, es decir, ni masculino ni femenino. 

Esta teoría da una explicación alternativa para quienes tiene un cuerpo que biológicamente les asigna un sexo con el que no se sienten identificados, porque su deseo sexual los identifica más con una clasificación diferente de la que su biología natural les asigna. 

Ahora, si bien es cierto que nuestros pensamientos acerca de lo que somos definen en gran parte lo que somos, ¿qué consecuencias pueden haber de dejarnos definir sexualmente por pensamientos que surgen de ideologías erradas y antibíblicas?

Frente a las problemáticas

Los problemas de identidad sexual desencadenan cuadros de depresión, ansiedad, bipolaridad y otros diagnósticos de desorden mental, producto de una desorientación y poca noción del autoconcepto, es decir, de quién soy. Durante la adolescencia, nuestro cuerpo comienza a experimentar cambios biológicos, que anuncian la llegada de la etapa de madurez sexual. Pero, aunque el cuerpo madura sexualmente, la mente y el espíritu deben atravesar un proceso lento de comprensión, dominio propio y responsabilidad para gestionar adecuadamente los impulsos que aparecen en esta edad.

Para los Queer, el deseo sexual es el que determina tu identidad sexual. Para Dios, el cuerpo que él ha diseñado  no fue una equivocación, y es lo que determina quién eres no solo sexualmente, sino integralmente. Para Dios, el hecho de que no haya armonía entre lo que eres verdaderamente y lo que sientes no se resuelve con cambiar la forma de definirte a ti mismo, tampoco comportándote de una manera antinatural, uniéndote en relaciones íntimas y afectivas románticas con una persona de tu mismo sexo. Eso solo va pervirtiendo el diseño original. 

Diseño original = Felicidad

Dios ha pensado en cada detalle al crear a los seres humanos. El Creador pensó en cómo el carácter de un hombre, su fuerza, su virilidad, su determinación y liderazgo serían el complemento ideal para la mujer, que es visionaria, detallista, creativa; posee mayor capacidad de detectar emociones, de poner en palabras lo que sucede y de organizar lo que está desordenado. 

Lo femenino y lo masculino no solo se complementan, también hay diferencias que generan tensiones y roces inevitables. Cada sexo con sus peculiaridades, y cada relación heterosexual con esas tensiones y roces naturales, hacen que ambos tengan que trabajar –individualmente e interiormente– con el objetivo de poder ser más sumisos y humildes, a semejanza de Cristo.

El diseño de hogar cristiano en Edén no admite un modelo homosexual ni homoparental. No se trata de estereotipos normativos, tampoco de normas impuestas; ese modelo no fue hecho para que cada quién opine y decida sobre la base de su propia opinión. Como dice Romanos 1:24 y 25: “Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador […]».

Algunos pretenden cambiar la verdad absoluta e inmutable de Dios por mentiras de hombres, de criaturas que pretenden ser más sabias que su Creador, negando su existencia y formulando teorías a partir de pensamientos dirigidos por el príncipe de las tinieblas. Definir tu identidad sexual por lo que piensas, aunque eso vaya contra el diseño de tu cuerpo, es una deshonra al Creador; es decirle a Dios a la cara: “Tú te equivocas”. Eso, para Dios, es una deshonra al cuerpo y desgarra su corazón.

Dios tiene poder para hacer nuevas todas las cosas, pero no puede obligarte a que le entregues tu corazón. El primer paso para que ocurra en ti una renovación del entendimiento, esa transformación que no tiene nada que ver con un cambio externo por miedo o por culpa, sino con una renuncia a lo que te habías aferrado –sean ideologías, pensamientos, ideas, ajenos a la cosmovisión divina de quién eres y lo que vales–, es rendirte a los pies del Señor, y confesarle que necesitas que traiga entendimiento a tu confusión y luz a tu oscuridad, a fin de que te brinde un propósito que defina tu verdadera identidad.

Dios te ha creado para algo mucho más grande que la sola satisfacción de tus deseos. Su plan de redención te incluye; tu identidad, para él, no es un asunto de elección, es un asunto de aceptación. Y recuerda que tu valor está determinado por el Único que se atrevió a tomar tus pecados sobre sí, y morir en una cruz por ti.

ste artículo es una adaptación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del segundo trimestre de 2022.

Escrito por Vicky Fleck, estudiante de Psicología y miembro de la Iglesia Adventista de Córdoba Centro, Argentina.

¿Importa la pureza sexual?

¿Importa la pureza sexual?

¿Importa la pureza sexual?

“Crea en mí oh Dios un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Sal. 51:10).

Hay muchos mitos y prejuicios acerca de lo que significa ser puros sexualmente. Algunos entienden que reprimir la sexualidad es pureza. A otros les enseñaron que pureza es aborrecer el sexo, censurando los impulsos sexuales con severidad. Por otro lado, existen personas que piensan que la pureza y la sexualidad no tienen nada que ver entre sí, y que dar rienda suelta a las pasiones no tiene nada de impuro. Al contrario, que es natural.

La realidad es que todos tenemos un deseo sexual; Dios nos creó así. Si tú piensas que para ser puro es necesario no tener deseos sexuales, no solo estás equivocado, también estás yendo en contra de la naturaleza con la que Dios te creó. Ahora bien, la pureza es todo lo contrario: es tener esos deseos pero requerir un sacrificio a las pasiones, una renuncia al placer momentáneo, y una voluntad santificada.

Tener deseo sexual no es la causa de la impureza. No. La causa de la impureza es la conducta desenfrenada y apasionada, así como la voluntad entregada al servicio del placer sin medir consecuencias. Un principio olvidado en estos tiempos.

Cuando eres joven, preservar la modestia en tu conducta y no caer en un pecado sexual puede parecerte anticuado. Además, en un contexto hipersexualizado como en el que estamos inmersos, puede sonar aburrido conversar sobre el llamado de Dios a ser puros hoy. No obstante, esto no ha dejado de ser relevante para nuestra salvación y felicidad. Debemos abordar este punto. Lejos de ser una moda, es un principio moral esencial.

Durante la adolescencia, no suena convincente, tampoco atrayente, el hecho de reservar el uso de la sexualidad para el tiempo, el espacio y el contexto determinados para el que Dios la creó: el matrimonio. Pero, para Dios es importante. Por nuestro bien, ha marcado límites; y para nuestra bendición, establece principios que determinan lo que está bien y lo que está mal.

Si bien se asocia la pureza sexual con la virginidad, la pureza es mucho más que una condición física. No solamente es posible para quienes no han llegado a tener una relación sexual física. También lo es para aquellos que se proponen en su corazón tener una vida que agrade a Dios. No olvides que, si te arrepientes, Dios perdona y restaura; más alla de tus errores del pasado.

Así, en la etapa de soltería contempla un resguardo de la práctica sexual para el matrimonio, y la etapa de matrimonio implica una búsqueda constante y sincera por glorificar a Dios con esa unión y bendecir la vida del cónyuge con esa manifestación de amor: el sexo.

Resistiendo la tentación sexual

Tal vez te desesperes recordando el día en que procuraste ser puro y fracasaste, cediendo a la tentación sexual.

Es que la pureza no es una virtud que alcanza el ser humano con su propia acción. Para ser puros, antes que nada, debemos reconocer nuestra condición e ir a Jesús, quien es capaz de limpiarnos.

Nadie es puro hasta que puede ver su condición de perdición, y pide ayuda a su Salvador. La pureza sexual es sumamente importante para nuestra comunión con Dios. El enemigo de las almas lo conoce, y por esa razón ataca sobremanera la sexualidad de los jóvenes cristianos. El sentimiento de culpa, o la indiferencia al pecado, son algunas de las consecuencias espirituales de practicar la inmoralidad sexual.

En medio de tantas voces que se levantan para definir la pureza y hablar de lo que sea sexualmente correcto o incorrecto, la Palabra de Dios tiene algo relevante para decir. Es algo absoluto y certero: algo puro es aquello que no está contaminado, manchado ni mezclado. Dice 1 Juan 3:3: “Y todo el que tiene esta esperanza puesta en él, se purifica, así como él es puro”. La pureza no es un estado que perdura a partir de una sola decisión primordial. Es una búsqueda incesante por ser más semejantes a Aquel a quien contemplamos: Cristo, nuestro ideal.

¿imposición o elección?

Puede ser que la norma propuesta por Dios parezca demasiado elevada como para procurar alcanzarla; pero, con su ayuda, hacer el esfuerzo de andar en la rectitud nos eleva a una vida más plena y abundante.

A priori, el llamado a la pureza sexual no suena atractivo, ni siquiera convincente. Pero toda alma desvalida puede hallar fuerza en Cristo y sabiduría para conducirse sexualmente, sin transgredir los principios que ya ha conocido.

La gran pregunta es: ¿Cómo andar en pureza luego de haber manchado mi  vestidura con el pecado? Esto es algo simple y puedes hacerlo ahora: Tienes que ir a Jesús tal como estás, pidiéndole sinceramente que te encamine. Empieza hoy.

La limpieza de corazón comienza con abandonar todo lo que nos mancha, envenena y perjudica. De este modo, Dios puede renovar tu corazón.

Es ahora cuando debes renunciar a la vida que te ha llevado lejos del plan de Dios, por más que la sociedad sumamente sexualizada te quiera hacer notar lo contrario.

Ten determinación, y espera la plenitud de vida que llega cuando andas en obediencia.

Este artículo ha sido adaptado de la edición impresa de Conexión 2.0 del primer trimestre de 2022.

Escrito por Vicky Fleck, estudiante de Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba y miembro de la Iglesia Adventista de Córdoba Centro, Argentina.

Tuve relaciones sexuales: ¿Y ahora qué?

Tuve relaciones sexuales: ¿Y ahora qué?

Tuve relaciones sexuales: ¿Y ahora qué?

¿Puedo ser puro a pesar de haber desobedecido en el pasado?

En el ámbito de jóvenes cristianos la pureza y la virginidad son ideales a alcanzar. Pero muchas veces uno se cuestiona por qué esto es algo tan importante. Cuando tienes relaciones sexuales al parecer nada cambia. Físicamente no hay modificaciones notables, pero tu mente nunca vuelve a ser la misma. Y allí llegamos al punto importante.

Las cosas como son

En 1 Corintios 6:18 la Palabra de Dios dice que el acto sexual antes del matrimonio o fuera de él es pecado. No es un consejo, es un principio. Y no es algo arbitrario, es por amor.

Para Dios, tu virginidad no es tan importante como tu pureza. Puedes no ser virgen, pero si tomas una decisión a tiempo, nunca es tarde para que Dios te haga puro.

Mientras tanto, no voy a engañarte con el discurso de que tener relaciones sexuales antes del matrimonio no trae problemas. Tampoco debemos olvidar que Dios siempre presenta una solución. Toda transgresión tiene una consecuencia que Dios no puede evitarte, pero sí puede ayudarte a atravesar. ¿Hay una condición? Sí, siempre. Una vez que reconocemos que lo que hacemos no es correcto, comienza el proceso de abandonar aquello que nos aparta de Dios. Tiene que haber una obediencia que manifieste tu fe en la Palabra de Dios y en sus mandatos que prometen bendición.

Es importante tener en cuenta que cuanto más tiempo tardes en arrancar radicalmente todo lo que te asocia con tu vida sexual pasada entonces peores consecuencias tendrás que experimentar.

¿Por qué el sexo prematrimonial te hace daño?

Algunas razones, entre otras, son:

Razones emocionales: Te apegas a esa persona generando codependencia. Una vez que hubo sexo, están tan íntimamente relacionados que, al faltar el compromiso de un matrimonio, temen perderse y eso los lleva a tener pensamientos persecutorios de que les faltará el otro.

Razones psicológicas: Tales como culpa, ansiedad, depresión, irritación, autoreproche y baja autoestima.

Razones vinculares: Tales como celos, desconfianza en el otro, falta de comunicación, incapacidad para resolver conflictos, abuso y maltrato.

Razones espirituales: Dios no se aparta de ti, pero estar practicando lo que le desagrada te aparta de él. Le hablas y no escuchas su voz, no porque no responda sino porque tu pecado levanta una brecha entre ambos. El sexo es una representación de la intimidad que tienes con Dios, si practicas esa intimidad de forma inmoral, tu relación con Dios inevitablemente se ve afectada.

Razones físicas: Tales como enfermedades de transmisión sexual, impotencia sexual, eyaculación precoz, inhibición del deseo, frigidez y embarazos no deseado.

¿Es posible revertir estas? Sí. No todas, no en todos los casos, pero sí. El pensamiento de alguien que tuvo sexo ahora está más sexualizado, y se requiere un mayor esfuerzo para dominar el impulso sexual. Primordialmente debes saber que el mejor momento para cambiar es hoy. No lo olvides: el día de tu salvación es hoy. Sin dudas para esto se requiere una entrega total y absoluta de la vida a Dios, hay que arrancar toda práctica o conducta por inofensiva que parezca que nos desmoralice.

La frustración que da el hecho de querer hacer lo correcto, pero tender a hacer lo que sabemos que está mal llega cuando invertimos todo nuestro esfuerzo en producir los frutos del Espíritu sin la ayuda de Cristo. En realidad, nuestro esmero debe estar depositado en quitar los obstáculos que impiden que el Espíritu Santo haga su obra en cada uno de nosotros. No desesperes, pero no esperes que Dios haga la parte que te toca cambiar.

Un pacto de pureza

Si tal vez ya perdiste tu virginidad, quiero decirte que puedes resolver tener pureza. Esto es algo que va mucho más allá de una mera relación sexual. Abarca todos tus pensamientos y todo tu ser. Renueva ahora tu pacto de pureza sexual con Dios. No desistas porque el plan que Dios tiene para ti es mucho mejor que lo que te imaginas.

Cuando Cristo reine en tu vida, cuando te entregues a él sin medidas, te confieses y le pidas que te restaure, entonces la pureza será una consecuencia que llegará en el mismo momento en que dejes tu voluntad para realizar la voluntad de Dios en ti.
La pureza es una virtud que solo Dios puede darnos, y alcanza todas las áreas de la vida, incluida la sexual. Empieza en la mente, y nos hace incapaces de participar de cualquier cosa que sea inmoral. La persona pura depende de Jesús, no quiere desagradarle, desea cuidar su templo, absteniéndose de cualquier cosa que manche su pensamiento y degrade su conducta.

La sexualidad es un diseño perfecto, fue creada para glorificar a Dios y servir al otro. El plan de Dios es que aprendamos a ser abnegados y dominar la pasión, para ser capaces de cumplir su propósito: sexualmente plenos y espiritualmente consagrados.

Si no eres virgen, ponte a cuentas con Dios, a pesar de haber desobedecido en el pasado, puedes serle fiel en el presente. Si no eres puro, puedes serlo en Cristo. Confiésate en su presencia, y tus pecados serán emblanquecidos.

Si quieres ganar la vida que Dios ha preparado para ti, debes renunciar a todo lo que hoy te gusta pero te está destruyendo. Cristo te dará mejores cosas de las que puedes imaginar. Estás a tiempo de cambiar. Tu historia puede tener final feliz. Dios es poderoso para hacer mucho más de lo que puedes pedir o imaginar (Efe. 3:20).

Este artículo ha sido publicada en la edición impresa de Conexión 2.0 del cuarto trimestre de 2021.

Escrito por Vicky Fleck, estudiante de psicología en la Universidad Nacional de Córdoba y miembro de la Iglesia Adventista de Córdoba Centro, Argentina.

Masturbación: ¿Buena, mala o inofensiva?

Masturbación: ¿Buena, mala o inofensiva?

Masturbación: ¿Buena, mala o inofensiva?

Claves para abordar una práctica muy usual de la que solemos no comprender sus peligros.

Hablar sobre masturbación no es sencillo. Hay muchos mitos y tabúes que se han perpetuado, y que impiden abordar el tema sin culpas o vergüenza.

La masturbación es una práctica sexual que consiste en la autoestimulación de las zonas genitales de tu propio cuerpo (pene/vagina), con el fin de alcanzar placer y experimentar la excitación.

La primera experiencia masturbatoria ocurre en la infancia, cuando un niño va descubriendo su cuerpo. Desde luego, es algo que uno hace involuntariamente. Llegados a la preadolescencia, aparece la masturbación voluntaria. En este momento, la mente ya tiene capacidad de formar ideas eróticas y los pensamientos sexuales provocan excitación. Aquí comienza a experimentarse lo complejo y peligroso de este hábito. A esto se suma la presión social de los pares, que lleva a que un adolescente practique la masturbación para demostrar su virilidad.

Hay muchas controversias acerca de cómo nos afecta o no esta práctica. Años atrás, psicólogos y psiquiatras se reunían con dirigentes religiosos para debatir acerca de si la masturbación es buena, mala o inofensiva. Muchos se preguntaban: “Si es pecado, ¿por qué la Biblia no dice nada al respecto?” “Si es perjudicial, ¿por qué la mayoría de los niños de entre diez y doce años comienzan a masturbarse de manera espontánea, sin premeditarlo, como si fuera parte de su desarrollo sexual?” Por eso, muchas veces se ha pensado que la masturbación es algo normal, naturalizándola y promoviéndola.

No obstante, ¿qué tal si en vez de preguntar si es buena o mala seguimos el consejo de Pablo de 1 Corintios 10:23?: “Todo está permitido, pero no todo es provechoso. Todo está permitido, pero no todo es constructivo”.

Si bien muchos profesionales de la psicología argumentan que la masturbación es la práctica ideal para el autoconocimiento, si nos guiamos por los principios bíblicos, llegamos a la conclusión de que el conocimiento de nosotros mismos no está a la luz del placer, sino a la luz de la Cruz. Hay un engaño muy sutil en esta idea. Experimentar el placer sexual antes de tiempo, a una edad tan prematura, puede obstaculizar el desarrollo de las facultades intelectuales, de la construcción de relaciones interpersonales y el manejo de impulsos.

Cuando nos basamos en el aspecto meramente físico, la masturbación activa circuitos neuronales de placer, disminuye la tensión y la ansiedad, y se convierte en un mecanismo de salida para situaciones problemáticas. Esto parece positivo pero no lo es, ya que el cerebro genera una dependencia de esta conducta. Luego, para lograr los mismos resultados, tendrá que aumentar la frecuencia de la práctica. Así, la persona tendrá un cuadro de compulsión masturbatoria, con posible adicción a la conducta, y un sinnúmero de disfunciones sexuales.

Como si esto fuese poco, la masturbación aumenta el individualismo y fomenta el egoísmo, porque con ella aprendes a disfrutar las fases del acto sexual en soledad, hasta volverse un vicio secreto. Tampoco es el camino para el autoconocimiento: Cristo es el camino para conocerte verdaderamente.

La pregunta correcta que debes hacerte si todavía dudas sobre practicar o no la masturbación es: ¿Cómo afecta esto a mi comunión con Dios y su plan para mi vida? ¿La ennoblece? ¿Permite que yo aprenda lecciones de temperancia, dominio propio y dependencia de Dios en mis momentos de ansiedad?

El Creador ha pautado tiempos para disfrutar de la sexualidad activamente. Ha diseñado que esposo y esposa gocen en conjunto de la sexualidad. Que no tiene como mero y único fin el placer; es un medio por el cual se llega al real objetivo: glorificar a Dios porque su diseño es perfecto, y aprender a servir a mi prójimo, priorizando sus necesidades y deseos por encima de los míos, si es necesario.

Sé sabio, ocúpate de formar un carácter temperante y espera el tiempo correcto para ser sexualmente activo. No se trata solo de no masturbarse porque es pecado; a veces, debes preguntarte si algo te conviene o no.

La mayor conquista de un joven cristiano es la que logra sobre su propio cuerpo y su carácter. Si aprendes a ser temperante sexualmente, y esperas al tiempo correcto y la persona correcta para practicar activamente la sexualidad, sin duda tu dicha futura será mayor, y tu comunión con Dios en el presente será mejor.

¿Realmente vale la pena practicar la masturbación, cuando nos traerá riesgos emocionales, morales, físicos, sociales y espirituales? Recuerda el consejo de Pablo: “Huye de las pasiones de la juventud” (2 Tim. 2:22)

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del tercer trimestre de 2021.

Escrito por Vicky Fleck, estudiante de Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba y miembro de la Iglesia Adventista de Córdoba Centro, Argentina.
@vickyfleck

Tu identidad sexual tiene un propósito

Tu identidad sexual tiene un propósito

Tu identidad sexual tiene un propósito

La homosexualidad no es un tema de elección, es un tema de adoración.

Dios te ha dado un sexo biológico. No es una equivocación que hayas nacido con las características sexuales que posees. Eres su criatura. Tu cuerpo le pertenece a él y debe ser destinado a adorar al Dios que lo ha diseñado. Así lo dice la Biblia: “Por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo” (1 Cor. 6:20).

Por nuestra naturaleza pecaminosa, la tendencia natural es hacia el mal. Es por eso que en todo ser humano habita un deseo pecaminoso, difícil de dominar, que puja por corromper el propio cuerpo. Estos deseos se manifiestan en cada ser humano de manera diferente. No podemos anularlos, pero sí dominarlos por medio del Espíritu Santo, y renovarlos conforme a Dios (Efe. 4:22-25).

La inclinación sexual está constituida por factores internos (predisposiciones e impulsos innatos) y factores externos (estímulos y vivencias traumáticas infantiles). Además, hay factores genéticos, sociales, ambientales y cognitivos que juegan un papel importante. Los deseos sexuales hacia una persona del mismo sexo pueden aparecer desde la infancia. Sin embargo, la inclinación no define tu orientación sexual. Lo que define la orientación es la conducta.

Cuando una persona escoge conducirse contrariamente al diseño divino y al propósito que Dios le ha dado para satisfacer su inclinación, adora más su cuerpo que al Creador de su cuerpo. Decir que el deseo homosexual es pecado puede generar sentimientos de culpa y desesperación. Pero la culpa que lleva al remordimiento –en vez de al arrepentimiento– no procede del Padre de la bondad, sino del Príncipe de las tinieblas. Dios no condena nuestra tendencia hacia el mal porque sabe que “todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3:23). Sin embargo, espera que –en respuesta a su misericordia– no cultivemos el pecado. Su gracia no nos exime del deber, sino que nos invita a dominar las pasiones por medio de Cristo y a ser justificados por su sangre cada vez que recaemos en nuestros intentos fervorosos por tener vidas consagradas.

La Biblia es concisa al declarar: “No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los homosexuales, ni los afeminados heredarán el Reino de Dios” (1 Cor. 6:9,10).

Dios no pregunta cuáles son tus inclinaciones, sino cuáles son tus acciones. Dios te hizo libre para escoger. Libertad es actuar sabiendo que hay límites y que excederlos trae consecuencias. Libertinaje es abusar del don de la libertad para exceder los límites que esta compone. Dios te da libertad por medio de Cristo, y te aparta del libertinaje. Considerar erróneamente la libertad como licencia es el primer paso en dirección a corrompernos.

Dios no te condena por lo pecaminoso de tu deseo. En cada cristiano habita el mal de igual manera, manifiesto de diferente forma. Dios no condena el deseo, sino la conducta ante el deseo. Cuando decides conducirte satisfaciendo lo que te incita a pecar, tus conductas dan testimonio de tu adoración: “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras” (Efe. 2:10). Así, decides si tu cuerpo es utilizado para la complacencia propia o si es reservado para rendir culto a Dios. De esta manera defines tu salvación.

El comienzo de la restauración de todo cristiano, independientemente de su inclinación sexual, parte del reconocimiento de su condición, y del arrepentimiento de su acción. “Solo Dios mismo puede proporcionar remedio, y esto lo ha hecho mediante el sacrificio de su Hijo. Todo lo que se pide del hombre caído es que ejerza fe: fe para aceptar las condiciones necesarias para perdonar su pasado pecaminoso, y fe para aceptar el poder que se ofrece para llevarlo a una vida de rectitud”, afirma el Comentario Bíblico Adventista en la explicación de Romanos 1:23, 24.

Las tendencias que van en contra del sexo que Dios te ha dado como un regalo no pueden cambiarse voluntariamente; pero cuando sometes tu voluntad a Dios, él es capaz de hacer el “querer como el hacer por su buena voluntad” (Fil. 2:13).

La verdadera adoración no consiste en otra cosa que dar gloria a Dios con nuestros cuerpos. Implica morir a los propios deseos, porque al conocer al Creador hay una profunda impresión de que solo lo que él demanda es bueno. Adorarle es obedecerle, aunque su mandato vaya en contra de lo que nuestro corazón dicta.

Recuerda: “Dios me ama como soy, pero no me deja como estoy”. Tal vez en tu corazón hay deseos que van en contra del propósito de Dios, pero debes saber que no hay condenación para aquellos que se rinden a los pies del Salvador (Rom. 8:1). Tu confianza no debe depositarse en ser capaz de hacer lo bueno, sino en que el Espíritu Santo te ayudará a abandonar toda obra que te aparta de Dios (Rom. 8:13).

Después de todo, la verdadera adoración no gira en torno a lo que a ti te complace, sino a lo que complace a Dios. “Pero Gracias a Dios que aunque érais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina que os transmitieron, y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia” (Rom. 6:17-18).

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 segundo trimestre de 2021.

Escrito por Por Vicky Fleck, estudiante de Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba y miembro de la Iglesia Adventista de Córdoba Centro, Argentina.

¿Por qué esperar hasta el matrimonio?

¿Por qué esperar hasta el matrimonio?

¿Por qué esperar hasta el matrimonio?

¡Nueva sección! Desde aquí hablaremos de algunas cosas que solemos no hablar: la sexualidad desde la perspectiva cristiana

Todo lo que Dios hace tiene un propósito. La sexualidad ha sido creación suya; es buena, agradable, y santa (es decir, apartada para uso sagrado). Todo lo que la Biblia dice tiene un propósito: “Lo que Dios quiere es que ustedes lleven una vida santa, que nadie cometa inmoralidades sexuales” (1 Tes. 4:3, DHH).

La sexualidad fue un regalo para nuestros primeros padres a fin de que tuvieran la unión más íntima entre un hombre y una mujer. Así, en el principio de nuestro mundo, se instauró el matrimonio; el nivel más profundo de conexión entre ambas personas sería el encuentro sexual, que serviría para representar simbólicamente la unión entre Cristo y su iglesia, a la cual llama esposa (Apoc. 19:7, 8; Efe. 5:25-27).

Con la entrada del pecado, el enemigo de Dios se propuso destruir la institución matrimonial santificada por Dios. Al manchar la sexualidad corrompería el carácter de los hijos de Dios, mancharía el antitipo de la unión entre Cristo y su iglesia y arruinaría la santificación que le permite a Dios hacer maravillas con sus hijos (Jos. 3:5).

Más allá de las relaciones sexuales

En los textos bíblicos se utiliza la palabra “fornicar” o “cometer adulterio” para indicar una práctica sexual errada. Esto no se limita exclusivamente a la consumación del coito en el nivel físico, sino a cualquier práctica que afecte la pureza sexual. Se puede cometer adulterio con el pensamiento (Mat. 5:27, 28).

Dios no demanda de nosotros obediencia irracional, no desea que hagamos lo correcto por miedo a un castigo. Al contrario, ha provisto principios en su Palabra para que hagamos lo bueno por amor, porque confiamos en que sus “No lo hagas” son el consejo más sabio de parte de un Padre que nos ama más de lo que podemos imaginar.

Como nuestro Dios nos ha dado una mente para razonar, quiero exponerte algunas razones que fundamentan por qué las relaciones sexuales son mejores dentro del matrimonio:

[… Texto completo exclusivamente en la versión impresa. Suscríbete a la revista Conexión 2.0 y recíbela trimestralmente en tu domicilio o iglesia] 

Lejos de mejorar la conexión, la sexualidad premarital la debilita. Cuanto mayor sea la satisfacción placentera, mayor será la culpa. Esa culpa muda en un autorreproche que se proyecta a la pareja en reproche. Las relaciones sexuales premaritales aumentan la desconfianza y los celos y generan un desgaste emocional que empeora el vínculo con cada acercamiento sexual.

¿Virgen o puro?

Volviendo al versículo de 1 Tesalonicenses 4:3, la voluntad de Dios es que seamos puros y no cometamos fornicación. Pero, me dirás: “Yo ya tuve relaciones sexuales y aún no me casé”. Si esa es tu situación, quiero decirte que la pureza no es el estado de quien no tuvo relaciones sexuales. Es el estado de quien, sin importar su vida pasada, un día encontró a Cristo, abandonó todo por amor a él y fue transformado interiormente para reflejarlo exteriormente.

La pureza empieza en la mente y nos hace incapaces de participar de cualquier acto inmoral. La persona pura depende de Jesús, no quiere desagradarlo y desea cuidar su templo, absteniéndose de lo que manche su pensamiento y degrade su conducta.

Una persona virgen (en el sentido de que no tuvo relaciones sexuales) no necesariamente es pura, ya que, aunque no participe del coito, puede ser inmoral. De igual forma, una persona pura no necesariamente es virgen. Puede haber cedido a la tentación sexual, pero abandonó ese mal camino del pasado para vivir agradando a su Padre celestial.

Si no eres virgen, ponte a cuentas con Dios. A pesar de haber desobedecido en el pasado puedes serle fiel en el presente. Si no eres puro, puedes serlo en Cristo. Confiésate en su presencia. Habla con tu Abogado, Cristo, y confía en que tus pecados serán emblanquecidos. Hoy es el momento de ser una nueva criatura por medio de Cristo.

Que las palabras de Efesios 4:22-24 (DHH) nos acompañen siempre: “Por eso, deben ustedes renunciar a su antigua manera de vivir y despojarse de lo que antes eran, ya que todo eso se ha corrompido, a causa de los deseos engañosos. Deben renovarse espiritualmente en su manera de juzgar, y revestirse de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios y que se distingue por una vida recta y pura, basada en la verdad”.

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del primer trimestre de 2021.

Escrito por Vicky Fleck, estudiante de Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba y miembro de la Iglesia Adventista de Córdoba Centro, Argentina.