Si tan solo…

Si tan solo…

Si tan solo…

Cómo una frase puede ayudar a torcer nuestro destino… para bien o para mal.

Hay una frase que seguramente has escuchado muchas veces, o incluso, ha salido de tus labios. Empieza con “Si tan solo…”. Observa y dime si no es cierto: “Si tan solo tuviera el cuerpo como tal persona…”. “Si tan solo tuviera ese color de cabello…”. “Si tan solo fuera más inteligente…”. “Si tan solo…”. ¡Uf! Puedes completarla con aquello que te repites a ti mismo.

Y lo cierto es que avanzamos en la vida con esos “si tan solo”, y no nos damos cuenta de que el tiempo transcurre pensando en cómo sería la vida si tan solo fuera diferente de la que tenemos; si tan solo fuésemos otra persona. Y de esa manera perdemos los lindos momentos que tienen que ver con uno mismo, con nuestra identidad, con nuestro ser, con nosotros.

¿Qué tiene que ver esto con estar en paz? Bueno, el primer escalón hacia una vida en paz es la relación con Dios, el aceptar su amor y corresponderlo. El segundo es la relación con uno mismo. Así como leíste: saber vivir contigo, saber amarte, saber aceptarte es importantísimo para conseguir vivir en paz con otros.

Hace tiempo leí una frase que decía algo así como “Aprende a vivir contigo mismo porque eres la persona con la que pasarás más tiempo en tu vida”. ¡Cuánta verdad! Aunque nada sencillo. Todos tenemos aspectos de nuestras vidas que nos gustaría mejorar, algunos que desearíamos cambiar y otros que quisiéramos alcanzar. El tema no radica allí. Es bueno tener metas y objetivos en la vida; pero es importante comprender que alcanzarlos no define quienes somos. Un título, un status social, una pareja, una familia y un peso saludable son objetivos loables. No obstante, aun sin ellos tu valor continúa siendo alto, porque esas metas no determinan quién eres.

Te cuento una historia para ilustrar lo que quiero decirte: yo era una chica acomplejada por mi peso, siempre pensé que sería linda si fuera flaca. Pasé mi adolescencia pensando que era fea comparada con mis amigas; llegué a la universidad y me pasó lo mismo. Incluso en la adultez, muchas veces tenía bajones porque pensaba “si tan solo tuviera tal peso”. Un día me encontré revisando fotos antiguas, y allí descubrí algo que para mí había estado oculto por mucho tiempo: en esas fotos noté mi verdadero estado físico, muy distinto de como lo recordaba. Comprendí que durante más de veinte años había sufrido en vano. Había pensado que no era bonita; que no era suficiente. Sin embargo, ahora veía que esos años no volverían, que no podía cambiar los momentos de tristeza que había tenido… tantos días pensando “si tan solo…”.

Por eso tomé una decisión: resolví que no podía cambiar mi pasado, pero sí mi presente. No quería que pasaran veinte años más para darme cuenta del valor que tenía ahora, así que, comencé a mirarme de manera distinta, a quererme cada día un poco más. Y así lo estoy haciendo.

Estar en paz con uno mismo no quiere decir que vas a dejar de tener metas, no implica no esforzarte por mejorar, sino que significa ser realistas, y amarnos aun cuando no tengamos ganas de hacerlo. ¿Quieres tener relaciones saludables? Empieza por el comienzo: ten una relación saludable contigo mismo.

Te dejo tres consejos para lograr esto:

  • Cada día encuentra al menos dos cualidades positivas tuyas y escríbelas en tu celular o en un papel que puedas pegar en algún lugar visible, y en los momentos de bajón repítetelas.
  • Cada vez que te encuentres frente al espejo di “Te amo”.
  • Cambia las palabras: en lugar de decir “aspectos negativos”, di “aspectos a mejorar” y tenlos como desafíos realistas; desafíos para superar en cierta cantidad de tiempo.

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del primer trimestre de 2020.

Escrito por Jimena M. S. Valenzuela, Magíster en Resolución de Conflictos y capellana en el Instituto Adventista de Morón.

Yo, yo y yo

Yo, yo y yo

¡Abre los ojos! Tal vez te des cuenta de que el mundo no gira a tu alrededor.

Muchas veces, cuando estamos en un conflicto, podemos llegar a sentir que la otra persona nos está atacando, que sus frases nos hacen mal, que nos ponen a la defensiva, que el otro no comprende realmente lo que nos sucede o aquello que necesitamos. Es más, podemos llegar a creer que lo hace con toda la intención. Lo siguiente que ocurre es una serie de malentendidos, frases que van y vienen, incluso sin escuchar a la otra parte.

Así, se pronuncian frases parecidas a estas: “¿Te estás escuchando?”; “Siempre quieres tener la razón…”; “Me dijiste que…”; “Tú eres quien dijo…”; “Me haces sentir…”; “Lo que me dices me provoca…”; “Lo que estás diciendo…”; “Es tu culpa que yo reaccione así…”; etc.

Todas estas frases muestran una cosa: nos centramos en el otro, en lo que dice, en la forma en que lo dice, en la manera en que lo dice. Por eso, el paso que sigue es “acusarlo” por cómo nos sentimos, cómo reaccionamos.

Pues bien, aunque en un conflicto ambas partes tienen su responsabilidad, en este artículo quiero hablarte de una técnica que puede ayudar a “bajar los decibeles” y ver el panorama de otra manera.

Te doy algunos tips que pueden ayudar:

Antes de hablar y de exponer tu punto de vista, respira. Toma unos segundos para decir la afirmación en tu mente.

Si esa afirmación culpa al otro, no la digas. Si no lo hace, adelante: puedes pronunciarla en voz alta.

Trata de decir la misma afirmación en tu mente, pero añadiendo cómo te sientes, sin necesidad de acusar a la otra parte.

Respira nuevamente.

Di la frase con tranquilidad, tratando de no acusar con los gestos ni con el tono de voz.

Obviamente, nada de esto es natural. Todos estamos aprendiendo a comunicarnos, todos pasamos por situaciones conflictivas. Algunas son más fáciles de sobrellevar que otras. Sin embargo, en toda situación, sea cual fuere, tenemos el poder de decisión, podemos elegir comunicarnos bien, tratar de resolver el conflicto. Y lo más importante es que en cada paso contamos con la ayuda de Dios.

Cuando Jesús estuvo en la Tierra, se enfrentó a diferentes conversaciones que podrían haberlo “sacado de sus casillas”. Sin embargo, nunca se lo escuchó pronunciar palabras descorteses o que lastimaran al otro. Él trató a todos con amor; sus palabras siempre fueron las justas y verdaderas, pero acompañadas de amabilidad.

Mi último consejo en este año es que acudas a Dios cada vez que atravieses una situación difícil. Recuerda que él nos pide que “siempre que dependa de nosotros, debemos estar en paz con todos”, y para ello el Espíritu Santo hace su obra en nuestro ser, refinando nuestro hablar día a día. No estás solo.

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del cuarto trimestre de 2019.

Escrito por Jimena M. S. Valenzuela, Magíster en Resolución de Conflictos.

Adivina, adivinador

Adivina, adivinador

Adivina, adivinador

Alerta: el suponer algo puede causarte conflictos falsos, erróneos o latentes.

…“ME PARECE…” , “NO TENGO POR QUÉ CONTARLE TODO, SE TIENE QUE DAR CUENTA”, “TENÍA LA ESPERANZA…”, “YO ESPERABA…”, “YO LO PUSE EN MI ESTADO DE WHATSAPP”, “QUE LEA MI ESTADO DE INSTAGRAM”…

¿Te resultan conocidas esas frases? Todas tienen algo en común: expectativas sobre el accionar de la otra persona. La esperanza de que el otro actúe, se mueva, piense o diga las cosas tal como nosotros las imaginamos; más aún, que sepa lo que nosotros pensamos o estamos atravesando. Después de todo, lo publicamos en nuestras redes y ¿cómo no va a saberlo?

¿Sabías que existen distintos tipos de conflictos? Para entenderos vamos a analizar la siguiente situación: “Pasas cerca de una casa y escuchas fuertes peleas, te das cuenta de que se trata de un matrimonio que discute por el uso del baño: tanto el esposo como la esposa quieren usar el baño en el mismo momento”.

  • Ambos quieren usar el baño en el mismo momento. Se dan cuenta de que hay una situación real: esto es lo que se llama conflicto auténtico.
  • Supongamos que el esposo piensa que la esposa quiere usar el baño porque él lo está por usar. En ese caso, se trata de un conflicto erróneo, porque una de las partes no estaría siendo objetiva.
  • Compliquemos más la situación. La esposa no ha llegado a la casa y, en el camino, va pensando: “Seguro que al llegar mi esposo querrá ir al baño; tuvo todo este tiempo, pero lo querrá usar solo porque yo estoy exhausta y lo necesito”. Esto se llama conflicto latente, nada ha sucedido aún, pero una de las partes ya se ofusca y genera un sentimiento negativo que provocará el conflicto.
  • Y, por último, un detalle importante: la casa tiene dos baños; sin embargo, la pareja igual está discutiendo. ¿Por qué? Porque ambos quieren usar uno de los baños y no el otro. Esto se llama pseudo-conflicto, es decir, conflicto falso. No existen razones para el conflicto, pero las inventan.

Aunque el ejemplo puede parecer divertido, y hasta extremo, lo cierto es que esto ocurre a diario. Me atrevo a decir que la mayoría de nuestros conflictos no son reales, no son auténticos.

La gran pregunta que surge es: ¿Cómo evitar conflictos erróneos, latentes o falsos? No hay recetas mágicas, pero para esas situaciones que te generan sentimientos negativos, donde sabes que estás ante un posible conflicto, te dejo esta serie de sugerencias para decidir si “la batalla” vale la pena.

En primer lugar, ora. Siempre orar es el primer paso. Pide que el Señor te dé calma, claridad de mente. Y luego, responde estas simples preguntas:

  • La persona con la cual me estoy “enojando” ¿es realmente “responsable” de la situación?
  • El motivo ¿es real?
  • ¿Estoy reaccionando de acuerdo con la situación? (Es decir, no estoy exagerando).
  • ¿Esperaba que la otra persona actuara como yo lo había imaginado? ¿Quería que supiera lo que estaba pensando?

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del … trimestre de 2019.

Escrito por Jimena M. S. Valenzuela, magíster en resolución de conflictos.

El delicado arte de saber comunicar

El delicado arte de saber comunicar

El delicado arte de saber comunicar

Conoce más sobre cómo resolver conflictos interpersonales.

“¿Por qué no me entiendes?”

“¿Acaso estoy hablando en otro idioma?”

“¿Qué parte de lo que digo no estás comprendiendo?”

¡Qué difícil, a veces, resulta comunicarnos! Y, en esos momentos, cuando queremos trasmitir algo y la otra parte no nos entiende, nuestras emociones toman el control y, a veces, hacemos que la conversación resulte desastrosa.

Pero, vamos a complicarla un poco más: ¿Qué sucede cuando el diálogo se trata acerca de puntos de vista distintos? ¿O si estás defendiendo tu postura sobre un tema? ¿O quizá, simplemente, no estás de acuerdo con aquello que están expresando?

Ahora bien, si queremos enredar las cosas de forma total, debemos agregar las redes sociales. Estas herramientas tan útiles a la hora de comunicarnos (y tan necesarias a veces) pueden generar más disputas que acuerdos.

Lo cierto es que la comunicación puede verse afectada por distintos tipos de “ruidos”. Por ejemplo, estar en diferentes habitaciones, sonidos de fondo, mala señal en el caso de que hablemos por teléfono, significados distintos que asignamos a la misma palabra, etc. Todo esto, sumado a nuestro propio estado de ánimo del momento y a nuestro lenguaje no verbal, crea el ambiente perfecto para un conflicto. La mayoría de los conflictos comienzan con un desacuerdo generado a partir de un malentendido.

Bien, ahora tenemos todos los componentes del caos comunicacional. ¿Qué hacer?

A continuación, te doy unos consejos para no morir en el intento de comunicarte efectivamente con los demás:

Trata de dejar de lado el celular o cualquier elemento que pueda distraerte. ¿Sabías que en algunos lugares ponen una bandeja para dejar los celulares durante la cena? De esa manera, se previenen de cualquier distracción. Detalle: el que levanta primero el celular paga la cuenta o lava los platos.

Si no estás entendiendo lo que te dicen, pregunta. Existen términos y palabras que tienen varios significados. Entonces, es mejor preguntar que comprender mal.

Mira a las personas a los ojos. Cuando hables, lo mejor es mirar a la cara; no al piso, al costado o a cualquier otro lugar. Si miras al rostro, vas a demostrar que realmente te interesa hablar con esa persona.

Es importante que digas lo que piensas o si no estás de acuerdo con lo que se está expresando, pero debes decirlo de forma amable, sin alterarte, sin hacer “drama”. No es una guerra, es un diálogo.

Por último, aunque no menos importante, si ves que la conversación no está avanzando porque están entrando en una pelea, mejor es pedir un “tiempo fuera”. Hagan una pausa, tomen agua, hagan otra cosa solos y, luego, cuando ambos estén más tranquilos, retomen el diálogo.

No te olvides de que la base de toda buena relación es una buena comunicación.

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del segundo trimestre de 2019. Escrito por

Jimena M. S. Valenzuela, Magíster en Resolución de Conflictos.

El win-win

El win-win

El win-win

“Soy más grande, por eso tengo razón”.

“Cuando tengas mi edad, podrás hacer lo que quieras”.

“Mientras vivas bajo este techo, las cosas son así”.

Todos hemos escuchado esas frases de parte de nuestros padres, ¿verdad? Esas y otras. La mayoría de las veces fue luego de una pelea, un desacuerdo o, simplemente, cuando quisimos pedir permiso para hacer algo que ellos no aprobaban.

¿Quién tiene la razón? ¿Los padres o los hijos?

Bueno, en realidad esa pregunta no es la que importa. Es decir, aquí no se trata de ganar o perder, de quién tiene la razón y quién está equivocado. La pregunta realmente importante es ¿por qué no nos entendemos? ¿Por qué simplemente no podemos hablar sin pelear?

La Biblia dice que debemos estar en paz con todos, en cuanto dependa de nosotros (Rom. 12:18). Entonces, nuestra meta debería ser esa. Es interesante, porque ese consejo escrito tantos años atrás por Pablo es muy actual para la resolución de conflictos hoy.

La tendencia o la meta cuando hay un conflicto es lo que llamamos el win-win, es decir, “ganar–ganar”; que ambas partes salgan victoriosas.

Observa los siguientes consejos. Encontrarás más información de cada uno de ellos en la revista impresa.

1. No levantes la voz

2. Respeta el tiempo de habla del otro

3. Trata de comprender a la otra parte

4. Reconoce tus errores y discúlpate

5. Busca acuerdos, no conflictos