El Cielo y los “no lugares”

El Cielo y los “no lugares”

El Cielo y los “no lugares”

¿Te sentiste alguna vez lejos de tu casa?

Fuertes bocinazos, frenos de aire, pitidos, olor a gasolina, luces de todos los colores y semáforos: son las características más típicas de las grandes ciudades. Los primeros quince años de mi vida me tocó residir en la ciudad de Buenos Aires (Argentina); para ese entonces, ya me había acostumbrado a este entorno.

Las grandes urbes están plagadas de lugares considerados como turísticos. Hay espacios que son elegidos para pasar el día o simplemente para disfrutar de una buena sesión de fotos. Muchos turistas pueden ser identificados por sus grandes cámaras fotográficas que cuelgan de sus cuellos y por acentos de todo tipo.

Pero también, en la ciudad, hay miles de personas que ya están acostumbradas a estos espacios. Se levantan a la misma hora todos los días sin ponerse de acuerdo. Suena el despertador a las seis o a las siete de la mañana y comienza la carrera para llegar al trabajo o a la escuela; la rutina suele ser la misma de lunes a viernes.

En el autobús, a veces, se ven las mismas caras de sueño; son casi todos conocidos sin conocerse realmente. Se hace el mismo recorrido de costumbre: el gran transporte de metal parece conocerlo de memoria. Se escucha algún ocasional “buen día”, que parece ser más un reflejo que un saludo. Casi en piloto automático, cientos de personas llegan al trabajo o a la escuela para comenzar con las actividades. Es de esperar que nadie perciba el paisaje gris de la ciudad.

Los “no lugares”

En las zonas urbanas, también hay ciertos lugares que no son precisamente lo que se podría llamar “turísticos”. Hay espacios en los que las personas generalmente no disfrutan estar; de hecho, si pueden evitarlos, mejor. Me imagino que nadie decide pasar un día entero disfrutando de hacer una fila para hacer un trámite o planea un pícnic en el autobús.

Marc Augé, un antropólogo francés, describe a estos espacios poco gratos como los “no lugares”. ¿Qué quiere decir con eso? Los llama de esta manera por tres características principales:

  1. No te sientes identificado con este espacio.
  2. No te representa para nada.
  3. La historia de tu vida no está unida a este espacio.

Para este autor, los “no lugares” son aquellos sitios en los que “nunca se está en casa”. ¿Te sentiste alguna vez lejos de tu casa?
Cada vez que me planteo la anterior pregunta, pienso en Cristo y en lo que significó su vida para toda la humanidad. Apenas puedo imaginarme estar 33 años lejos de casa. Jesús decidió abandonar su hogar, su lugar, para nacer en un espacio ajeno, extraño.

Sin embargo, él comprendía que era un espacio transitorio, de paso. Dios se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:14). Pero, su historia no termina ahí. El Evangelio de Juan nos recuerda qué es lo que Cristo está haciendo en este preciso momento: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Juan 14:2).

Un lugar real

El cielo es real, y los espacios que frecuentamos en nuestro mundo finalmente se terminarán. Sin embargo, tal vez hoy veas al cielo como algo extraño y lejano. Quizá, para ti, se parezca más a un “no lugar” que a un espacio que en verdad existe.

Es el deseo de Dios que puedas sentirte identificado con la morada celestial que te está preparando; que las bendiciones del cielo puedan representarte y, al mismo tiempo, tú puedas representarlo en la Tierra; que puedas crear tu historia en el cielo desde tu caminar en este mundo y no solo vivir ensimismado sin disfrutar del paisaje.

Y recuerda, Cristo viene pronto y es su mayor anhelo compartir ese lugar especial contigo.

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del tercer trimestre de 2020.

Escrito por Nicolás Benítez Goncalvez, estudiante de Teología en la Universidad Adventista del Plata y de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Paraná, Argentina.

Desconstruyendo el universo MARVEL

Desconstruyendo el universo MARVEL

Desconstruyendo el universo MARVEL

¿Por qué los Avengers generan tanta simpatía?

Sus películas recaudan millones de dólares y obtienen una identificación casi inmediata con el público. Cada vez que se produjo un estreno de los films de Avengers (“vengadores”)  fue un auténtico suceso económico y también sociocultural. ¿Por qué? Te dejo algunas respuestas.

  1. La empatía: los personajes sufren traumas poderosos y carencias afectivas significativas; eso logra afinidad con el espectador (podríamos llamarle “compromiso emocional”).
  2. El humor: el humor trae muchos beneficios en el organismo y es muy ventajoso para lograr más empatía en una película.

Desde luego, además existen otros factores dentro de un análisis comercial, como la “construcción de marca” y un marketing poderoso.

La filosofía Avengers

Enfoquémonos en los pensamientos y las filosofías, ya que en estos radica la sutileza ideológica que promueve Avengers.

El apóstol Pablo estuvo en el Areópago de Atenas, en el primer siglo de la Era Cristiana. Allí, presentó a Dios en una cultura extraña. Algo muy parecido a nuestros días. En Hechos 17:18 (DHH), dice: “También algunos filósofos epicúreos y estoicos comenzaron a discutir con él. Unos decían: ‘¿De qué habla este charlatán?’ Y otros: ‘Parece que es propagandista de dioses extranjeros’. Esto lo decían porque Pablo les anunciaba la buena noticia acerca de Jesús y de la resurrección”.

¿Quiénes eran y qué proponían los grupos o corrientes filosóficos mencionados en el texto? Los epicúreos buscaban la felicidad mediante el placer y las amistades entre correligionarios.

Por su parte, los estoicos promovían una vida sin posesiones materiales, tenían un concepto de felicidad sin riquezas ni lujos. Además, sostenían que la clave para no sufrir era mantener la calma (ataraxia, que es la ausencia de turbación en la vida, o imperturbabilidad).

En efecto, a ambos grupos les llamaba poderosamente la atención la figura de Jesús; es decir, la de un Salvador.

El meollo del asunto en Avengers es la salvación del planeta y el resguardo de la humanidad. Esta “salvación” llega mediante ellos, los vengadores (humanos en su mayoría); es decir, sin Dios (el Creador de la raza humana y del Universo). Es aquí donde aparece la concepción del humanismo, un sistema que se centra en las necesidades humanas. Es decir, la solución de los problemas del hombre está en el hombre. Y ¿qué es Avengers sino un grupo u organización científica terrestre, luchando contra un ser de cualidades divinas (según el comic) como Thanos, para la supervivencia del planeta?

Este personaje no es más que un sincretismo, hijo de dioses mitológicos,  según explica la historia. Si bien es materializado como un extraterrestre de físico portentoso, corresponde a una leyenda inspirada en divinidades y filosofías grecorromanas.

Una saga humanística

El humanismo es una forma integrada de valores humanos, asociada al nihilismo del cual Thanos es partícipe; algo evidenciado también en su forma de actuar en las películas.

El nihilismo promueve que ninguna regla moral o divina debe regir en el Universo, sino un sincretismo moral personal que idealmente no perturbe a los demás, y es exactamente la forma en que Thanos obra en la saga.

En el fondo, Avengers gusta tanto al público porque desprecia al Dios Creador y lo destruye obviándolo; dicho de otra manera, lo borra del mapa espiritual. Pero nosotros sabemos que la Palabra de Dios es mucho más poderosa que una película. El mismo San Pablo lo declara así en 1 Corintios 1:19 y 20: “Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?”

Así, resuenan con más actualidad las palabras que San Pablo escribió en el pasado (tal vez, sin imaginar este tipo de expresiones cinematográficas) que están registradas en Colosenses 2:8 (DHH): “Tengan cuidado: no se dejen llevar por quienes los quieren engañar con teorías y argumentos falsos, pues ellos no se apoyan en Cristo, sino en las tradiciones de los hombres y en los poderes que dominan este mundo”.

Hoy, sin duda, el mundo está cautivado con films como Avengers y otros similares. Sé sabio. Presta atención a lo que miras y analízalo a la luz de aquel que nunca te falla: Jesús. Él es el verdadero y único superhéroe, y en la Biblia nos dejó un valioso material de estudio para identificar lo que es dañino.

¡Que las filosofías del cine no perjudiquen nuestro carácter y nuestro entendimiento! Que el arte, en todas sus formas, pueda adorar a Dios y acercar al ser humano a su único Creador y a su auténtico Salvador.

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del segundo trimestre de 2020.

Escrito por Daniel Montero, productor periodístico y guionista en Nuevo Tiempo Chile.

Cómo superar los desafíos

Cómo superar los desafíos

Cómo superar los desafíos

Las crisis son inevitables. Tú decides cómo enfrentarlas.

El tiempo es uno de los factores de la vida que no podemos modificar. Sin que nos demos cuenta, toma su rumbo y no se detiene por nada. Aun así, hay algo en lo que podemos influir de modo que el tiempo tenga otro sentido. Es que el tiempo es relativo; si bien una hora no deja de ser sesenta minutos, la visión que tenemos de ese conjunto de segundos es diferente para cualquier persona. Piénsalo en tu vida: una hora de la actividad que más placer te da y una hora de la actividad que más fastidio te genera: ¿Es lo mismo? ¿Pasa de la misma manera?

Existe una subjetividad en el tiempo, así como existe una subjetividad en muchísimos escenarios de la vida. Lo interesante para tener en cuenta es qué hacemos con esa capacidad que tenemos de modificar nuestra forma de verlo. Desde la psicología se ha tenido mucho en cuenta este paradigma de la vida; se demostró que una actividad, situación o hecho no es lo mismo para cualquier persona, y muchas veces no importa tanto el “que” sino el “cómo”.

Podríamos pensar que, por ejemplo, un viaje de vacaciones a un lugar paradisíaco puede ser un hecho positivo en sí mismo. La realidad es que, para una persona con una personalidad más obsesiva, puede ser un caos en su vida. Organizar la agenda, armar las valijas, sacar los pasajes, pagar un alto costo, soportar unas horas de vuelo, entre otras cosas, pueden ser situaciones que generen más malestar que bienestar. De la misma manera, una separación amorosa puede ser una de las peores situaciones vitales que podamos enfrentar, pero para otro contexto puede significar algo positivo para la persona.

Es en este mismo panorama donde entra en juego nuestra participación. La vida nos presenta, y nos va a presentar, diferentes desafíos que debemos enfrentar. Basta levantarse una mañana y realizar las actividades que normalmente hacemos, para darnos cuenta de que, analizándolas, vemos un sinfín de diversas acciones y emociones que entran en juego. El modo en que encaramos la situación determinará en gran manera la forma en que saldremos luego de enfrentarla. Y es ahí donde tenemos que poner el foco de atención para priorizar nuestra salud. La mala adaptación a las exigencias que podamos enfrentar en nuestra vida va a influir irreductiblemente en nuestra salud.

Cuando vivimos una situación con un alto grado de estrés, se disparan una serie de cambios fisiológicos que el cuerpo genera para volver a un estado de equilibrio. Si esto es persistente, puede llegar a ser muy dañino para nuestro organismo. Desde daños en las arterias que transportan sangre debido a la rapidez del flujo sanguíneo, hasta el desgaste de diferentes partes del organismo, causado por el nivel de cortisol elevado, como la función digestiva o la piel.

Ni hablar de la dimensión conductual y emocional; un elevado nivel de estrés genera cambios en el humor, propensión al aumento de peso derivado de un aumento de apetito y una mala regulación del sueño.

Por último, si se posee una enfermedad de base como la hipertensión, la diabetes, la depresión, o se está atravesando una rehabilitación de alguna lesión u operación, estas se van a ver afectadas.

Como vimos con algunos ejemplos, el estrés elevado y la mala adaptación a estas situaciones pueden generar que se desgaste nuestro bienestar. Pero ¿cómo hacemos para saber si estamos atravesando altos niveles de estrés? ¿Cómo sabremos si nos estamos adaptando de manera correcta a las exigencias que la vida nos presenta? Una de las formas que tenemos para darnos cuenta de todo esto es mediante un registro propio.

En el momento en que vemos que una situación se vuelve desafiante, ponemos atención sobre cómo nos sentimos frente a dicho momento, qué emociones despierta en nosotros, y los registramos. De esta manera, y una vez enfrentada la situación, vamos a volver a leer y evaluaremos si la reacción fue negativa o positiva. Si nos generó angustia, ansiedad, miedo, hostilidad, ira o tristeza y si la respuesta es exagerada para la situación, es porque nuestra adaptación no es la mejor. No está mal sentirse triste, enojado o ansioso por una situación; lo que es dañino es la persistencia de dichas emociones.

Muchas veces puede ser difícil superar los desafíos que la vida nos presenta. En la Biblia hay muchos personajes que atravesaron situaciones con un alto nivel de estrés y la vida se les volvió desafiante. Pero las promesas son eternas y nos llegan al día de hoy.

Dios te dice que no tengas miedo. Es una de las frases más repetidas en su Palabra. Te dice que no te desalientes porque él está sosteniéndote con su mano (Isa. 41:10). También te dice que no te preocupes por el día de mañana, ni de cómo vas a poder soportar la situación que se te presenta, sino que vivas el hoy y pongas todo tu empeño en entregarte a Cristo (Mat. 6:25-34; Jer. 29:13; Mat. 6:33).

Él está esperándote para poder brindarte la ayuda que estás buscando. No dejes que la ansiedad te supere. Busca ayuda profesional si la necesitas, coméntales a tus amigos y a tu familia cómo te sientes. Y, sobre todo, cuéntale a Dios, aquel que te formó y te diseñó, puesto que no hay nadie que te entienda mejor que él.

No te rindas, vuelve a levantarte.

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del primer trimestre de 2020.

Escrito por Facundo Torreblanca, psicólogo y miembro de la Iglesia Adventista de Florida, Buenos Aires, Argentina.

El secreto de la felicidad

El secreto de la felicidad

El secreto de la felicidad

Hace poco leí un artículo titulado “Estudio determina que viajar produce más felicidad que casarse y tener hijos”. Allí, entre otras cosas, se afirmaba que viajar “nos libera la mente, nos relaja y nos renueva, para poder afrontar la vuelta a la rutina de una manera menos estresante”.

Si bien es cierto que diferentes actividades pueden producir en nosotros la sensación de felicidad, pareciera que la vida debería ser una lucha constante a fin de conseguir ese sentimiento casi mágico al que llamamos “felicidad”.

Frente a semejante palabra, emergen inmensas preguntas: ¿Qué es la felicidad? ¿Debemos cumplir una lista de metas para alcanzarla? ¿O se puede ser feliz “a pesar” de todas las cosas malas que nos suceden en la vida? ¿Es necesario decidir entre casarnos y tener hijos o viajar por el mundo para encontrar la felicidad?

En Filipenses 4:6 (DHH), Pablo aconseja: “No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también”. ¿Estaba él negando la realidad en que vivimos, cargada de molestia, preocupación, tristeza, inquietud, sufrimiento y angustia? De hecho, el apóstol mismo estaba en la cárcel al escribir esto.

Pero el texto de Pablo continúa con la conjunción adversativa “sino” y, a continuación, la sugerencia de presentar todo a Dios en oración. Todo, absolutamente todo lo que nos cause “aflicción” –por pequeño que parezca–, podemos presentarlo ante el Trono de Dios. ¡Él desea darnos una porción de esa paz que tanto necesitamos! Jesús nos promete: “Yo les daré descanso” (Mat. 11:28, NVI). ¿Es posible sentir la paz del Señor aun en los momentos duros que nos toca enfrentar? Sí, lo es.

Finalmente, Pablo aconseja que demos gracias. ¿Hacemos el ejercicio de dar gracias a Dios por sus bendiciones? Aceptemos hoy la invitación de nuestro Padre celestial, que, como a un hijo, desea darnos felicidad, a pesar de lo que nos toque vivir.

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del cuarto trimestre de 2019.

Escrito por Jael Jerez, editora en la ACES.

Volar alto

Volar alto

Volar alto

La experiencia de viajar es fascinante, ya sea en auto, en ómnibus, en tren, en barco, en bicicleta, moto y… ¡ni hablar en avión!

Ver todo desde arriba, con una vista panorámica, agrandando nuestra visión, observando todo en un contexto que nos ayuda a entender mejor la realidad.

Por eso, sería bueno recordar estas “sensaciones de vuelo” a la hora de tomar decisiones, de evaluar situaciones, de pensar una solución o de analizar un problema.

Me di cuenta de que en los momentos de preocupación y angustia debemos volar alto al pensar o tomar decisiones, con toda la amplitud y la altura racional y emocional que inciden en el pensamiento y en las acciones.

Dios nos ha dado capacidades que debemos desarrollar. Escribió Elena de White: “Cada ser humano, creado a la imagen de Dios, está dotado de una facultad […], la facultad de pensar y hacer. Los hombres en quienes se desarrolla esta facultad son los que llevan responsabilidades, los que dirigen empresas, los que influyen sobre el carácter”.

Volar alto implica ver el problema desde otras opciones mentales, con otra profundidad.

Volar alto me lleva a abandonar mis egos y esquemas mentales, y a explorar otros horizontes posibles.

Volar alto es pensar, es proyectar, es hacer lo mejor de mí en favor del otro, es ser generoso y dar el conocimiento y la riqueza interior que tengo.

Todo ser humano debe darse el lujo de volar alto. De esa forma, su vida tendrá la altura y la dimensión que heredó de Dios.

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del tercer trimestre de 2019.

Escrito por Eduardo Silva, profesor universitario de Historia, Libertador San Martín, Entre Ríos, Argentina.

La tinta roja

La tinta roja

La tinta roja

Revisaba las carpetas escolares en el aula mientras los niños preguntaban si les iba a poner nota.

Cada tanto, en alguna hoja, la docente había hecho anotaciones para el alumno, a manera de corrección. Todo con tinta roja. Lo primero que pensé fue: ¿Cómo va a usar un color tan agresivo para poner notas?, pero casi inmediatamente me di cuenta de las palabras que bailaban frente a mí:

“Leandro, lo hiciste muy bien hoy, sigue así, y cada día será mejor. ¡Adelante!”

Seguí leyendo cada nota, y me asombré de encontrar palabras positivas en ellas. Era obvio que no estaba regalando elogios porque sí, sino que con intencionalidad estaba motivando a sus alumnos.

Sin embargo, tomé una carpeta que estaba toda sucia por fuera. Cuando la abrí, lo que había adentro no era mejor. Las hojas arrugadas, tachones por todos lados, letra incomprensible, horrores de ortografía… ¡Ahora quiero ver las notitas rojas! ¿Habrá?, pensé. Busqué, y allí estaban. “¡Ánimo! ¡Tú puedes!” Pero, lo que me llamo más mi atención fue la última frase escrita: “Te felicito porque cada día llegas puntual al colegio. ¡Sigue siendo ejemplo!”

Cuando parece que no hay nada bueno por lo cual felicitar, alguien ve más allá y logra encontrar lo que no está tan visible. Mis respetos a esa seño, y a su tinta roja.

La autoestima es fundamental para que seamos sanos emocional y psicológicamente. Cada aspecto de nuestra vida está atravesado por la autoestima. Las palabras que escuchamos nos marcan y muchas veces nos hacen actuar en consecuencia: “No sirves para nada”, “Tu hermano lo hace mejor”, “Tú no puedes”. Así, cargamos en nuestra vida una mirada externa que no nos beneficia, y que nos limita y entorpece.

¿Qué notas escribieron en tu vida? ¿Necesitas un borratinta para aquellas que te han lastimado? ¿Qué te parece si ahora empiezas de cero, en una nueva hoja? ¡Adelante! ¡Tú puedes!

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del segundo trimestre de 2019.

Escrito por Natalia Vergara, Lic. en Psicopedagogía y docente (Mat. Nº855). Rosario, Argentina.