Lo que sí y lo que no

Dic 30, 2019 | En pareja | 0 Comentarios

El amor… ¡Ay! ¡Qué sensación tan linda! Mariposas en la panza, nervios, momentos lindos y con cierta dosis de adrenalina…

Todavía recuerdo el día en que me dieron mi primer beso. Fue en tercer grado de la escuela primaria; y, aclaro, fue en la mejilla. Tenía tanta adrenalina contenida que luego de “ejecutar el hecho” salí corriendo. Cosas que pasan. Pero ¿eso es realmente amor? ¿Cómo podemos saber si lo que sentimos es o no amor? ¿Cómo se manifiesta este sentimiento?

Espero ayudarte a entender algunos puntos sobre este tema para ahorrarte un par de dolores de cabeza, y de corazón. Vamos a comenzar con los “no”.

El amor no es “loco”

Lo típico: “Lo vi, y me enamoré”; “Vi la foto de Facebook, y me quiero casar”; “No sé qué pasó, me encanta”, y otras frases similares escuché muchas veces. Mis disculpas si alguna vez te ha pasado algo de esto, pero realmente está muy lejos de ser amor. Estos hechos no son más que la ejecución de una fantasía o una necesidad de tener a alguien cerca. El ser humano, por naturaleza, precisa que le brinden cariño, es lo normal, pero hay una serie de características del verdadero amor que van muy en contra de lo antes mencionado: el amor es reflexivo y realista. ¿Qué significa? Que puedo pensar claramente, puedo saber si lo que hago está bien y acorde a mis principios, o más bien estoy obedeciendo a un impulso 100 % sentimental. Ahora, si lograras pensar más claramente sobre este tema, ¿no tendrías más chances de éxito?

El amor no es apresurado

Tenemos casamientos express, noviazgos ocasionales de una noche, entre otras cosas (que hasta me da miedo nombrar). Incluso escuché que dos jóvenes se vieron una sola vez, al otro día “estaban de novios” por Whatsapp, y sin haberse visto nunca más a la semana ya estaban “solteros” nuevamente. Esto se encuentra muy, pero muy lejos de ser amor real.

Si vamos al capítulo por excelencia que habla sobre el amor, en una versión más simple (TLA), la Biblia nos dice: “El que ama es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo y de soportarlo todo” (1 Cor. 13:7). ¿Leíste bien? Es-pe-rar.

El amor no es un hecho que ocurre hoy y mañana somos todos felices. El amor es un proceso. El verdadero amor se desarrolla con tiempo. Cuanto más tiempo transcurre de conocer a otra persona, saber sus gustos, objetivos de vida, cómo es su familia, qué estudia, cómo son sus amigos, sus anhelos y dificultades… tantas cosas lindas por conocer. ¡Eso es adrenalina realmente! Pero, ¿por qué? Simple: porque si realmente estás construyendo el verdadero amor, sincero y respetuoso, encontrarás la forma por la que, con buen ingenio, realizar buenas preguntas, buscar momentos lindos para confraternizar y tener creatividad sana para conocer a la otra persona.

Siempre nos reímos con Naty cuando nos acordamos de esos momentos de largas charlas e “investigación” mutua. No sé cómo hice (bueno, en realidad sí) para poder saber cuántos años tenía, sin preguntarle directamente para no delatarme y sin preguntarle a otra persona para no desparramar la cuestión. Pero este detalle quedará para otro artículo.

Si te encuentras en esta linda etapa de la vida, ora mucho para que Dios te dé sabiduría, pudiendo elegir y actuar correctamente.

¿Amor verdadero o amor falso?

El amor verdadero se desarrolla despacio

El falso amor nace repentinamente

El amor verdadero muere lentamente

El falso amor termina muy rápido

El amor verdadero sobrevive a la separación

El falso amor, no

El amor verdadero controla el contacto físico

El falso amor lo aumenta

El amor verdadero recibe la aprobación de amigos y familia

El falso amor no lo obtiene

El amor verdadero produce seguridad y confianza

El falso amor, inseguridad y desconfianza

El amor verdadero se basa en el compromiso

El falso amor se basa en las emociones

El amor verdadero se centra en las características internas

El falso amor, en las características externas

Extraído de: Arnulfo Chico Robles, Lo que debes saber antes de dar el sí (Buenos Aires:ACES, 2015), p. 51.

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del primer trimestre de 2020.

Escrito por Fernando Liernur, diseñador gráfico y especialista en Marketing Digital.

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