Si tan solo…

Dic 30, 2019 | En paz | 0 Comentarios

Cómo una frase puede ayudar a torcer nuestro destino… para bien o para mal.

Hay una frase que seguramente has escuchado muchas veces, o incluso, ha salido de tus labios. Empieza con “Si tan solo…”. Observa y dime si no es cierto: “Si tan solo tuviera el cuerpo como tal persona…”. “Si tan solo tuviera ese color de cabello…”. “Si tan solo fuera más inteligente…”. “Si tan solo…”. ¡Uf! Puedes completarla con aquello que te repites a ti mismo.

Y lo cierto es que avanzamos en la vida con esos “si tan solo”, y no nos damos cuenta de que el tiempo transcurre pensando en cómo sería la vida si tan solo fuera diferente de la que tenemos; si tan solo fuésemos otra persona. Y de esa manera perdemos los lindos momentos que tienen que ver con uno mismo, con nuestra identidad, con nuestro ser, con nosotros.

¿Qué tiene que ver esto con estar en paz? Bueno, el primer escalón hacia una vida en paz es la relación con Dios, el aceptar su amor y corresponderlo. El segundo es la relación con uno mismo. Así como leíste: saber vivir contigo, saber amarte, saber aceptarte es importantísimo para conseguir vivir en paz con otros.

Hace tiempo leí una frase que decía algo así como “Aprende a vivir contigo mismo porque eres la persona con la que pasarás más tiempo en tu vida”. ¡Cuánta verdad! Aunque nada sencillo. Todos tenemos aspectos de nuestras vidas que nos gustaría mejorar, algunos que desearíamos cambiar y otros que quisiéramos alcanzar. El tema no radica allí. Es bueno tener metas y objetivos en la vida; pero es importante comprender que alcanzarlos no define quienes somos. Un título, un status social, una pareja, una familia y un peso saludable son objetivos loables. No obstante, aun sin ellos tu valor continúa siendo alto, porque esas metas no determinan quién eres.

Te cuento una historia para ilustrar lo que quiero decirte: yo era una chica acomplejada por mi peso, siempre pensé que sería linda si fuera flaca. Pasé mi adolescencia pensando que era fea comparada con mis amigas; llegué a la universidad y me pasó lo mismo. Incluso en la adultez, muchas veces tenía bajones porque pensaba “si tan solo tuviera tal peso”. Un día me encontré revisando fotos antiguas, y allí descubrí algo que para mí había estado oculto por mucho tiempo: en esas fotos noté mi verdadero estado físico, muy distinto de como lo recordaba. Comprendí que durante más de veinte años había sufrido en vano. Había pensado que no era bonita; que no era suficiente. Sin embargo, ahora veía que esos años no volverían, que no podía cambiar los momentos de tristeza que había tenido… tantos días pensando “si tan solo…”.

Por eso tomé una decisión: resolví que no podía cambiar mi pasado, pero sí mi presente. No quería que pasaran veinte años más para darme cuenta del valor que tenía ahora, así que, comencé a mirarme de manera distinta, a quererme cada día un poco más. Y así lo estoy haciendo.

Estar en paz con uno mismo no quiere decir que vas a dejar de tener metas, no implica no esforzarte por mejorar, sino que significa ser realistas, y amarnos aun cuando no tengamos ganas de hacerlo. ¿Quieres tener relaciones saludables? Empieza por el comienzo: ten una relación saludable contigo mismo.

Te dejo tres consejos para lograr esto:

  • Cada día encuentra al menos dos cualidades positivas tuyas y escríbelas en tu celular o en un papel que puedas pegar en algún lugar visible, y en los momentos de bajón repítetelas.
  • Cada vez que te encuentres frente al espejo di “Te amo”.
  • Cambia las palabras: en lugar de decir “aspectos negativos”, di “aspectos a mejorar” y tenlos como desafíos realistas; desafíos para superar en cierta cantidad de tiempo.

Este artículo es una condensación de la versión impresa, publicada en la edición de Conexión 2.0 del primer trimestre de 2020.

Escrito por Jimena M. S. Valenzuela, Magíster en Resolución de Conflictos y capellana en el Instituto Adventista de Morón.

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