“Nos hallamos en una situación en la que, de modo constante, se nos incentiva y predispone a actuar de manera egocéntrica y materialista” -Zygmunt Bauman.

Una casa de papel

Un selecto grupo de ladrones que no se conocen entre sí y con sobrenombres de ciudades se dispone a realizar un atraco en la Fábrica Nacional de Moneda (la Casa de Papel).

Dirigidos por el “Profesor”, el plan es perfecto y espera ser ejecutado por “Tokio”, “Nairobi”, “Río”, “Moscú”, “Berlín”, “Denver”, “Helsinki” y “Oslo”. Pero no estarán solos, en el lugar habrá rehenes: los trabajadores de la fábrica y un grupo de estudiantes que estaba de excursión. Y entonces la trama se complica. Con altísimos picos de audiencia, La casa de papel es la serie de habla no inglesa más vista en Netflix, y la serie española más exitosa de la historia.

Una de las tácticas de los asaltantes para lograr el objetivo de robar 2.400 millones de euros y salir con vida del lugar es el camuflaje de distracción: rehenes y delincuentes son vestidos con la misma ropa y disfraz (una máscara del pintor Salvador Dalí y overol rojo).

Así es la sociedad hoy. Confusa, complicada, frágil, egocéntrica, materialista, repleta de máscaras y llena de hipocresía.

Una sociedad en que la maldad está a la orden del día, y todo es inestable y volátil. Una sociedad rendida a los pies del dinero, dios ante el cual todos parecen postrarse.

Más allá de las atracciones de este mundo, todo es efímero y pasajero. Es imposible vivir en una “casa de papel”. Recuerdo cuando mi papá comenzó la construcción de la que luego sería nuestra casa, allá, por la década de 1980. Recuerdo haberlo ayudado a cavar los cimientos, y toda su explicación sobre la importancia del cemento y la durabilidad de los materiales usados. En aquel terreno casi baldío, entre tierra, arena y cemento, comprendí mucho mejor la parábola que Jesús narró en Mateo 7:24 al 27:

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina”.

¿Sobre qué vas a construir tu vida? ¿En qué estás invirtiendo tus dones, tu tiempo y tu dinero? ¿En las cosas pasajeras de este mundo o en las realidades eternas del Reino de los cielos?

Tal vez en tu experiencia Jesús sea algo lejano y distante. Probablemente no sea tu base. Tal vez no lo consideres como prioridad o primera opción. Cuenta la historia que, durante la construcción del Templo de Salomón, los edificadores se encontraron con una gran piedra. Por su tamaño, no encajaba en ningún lado, por lo que fue desechada. Tiempo después, se dieron cuenta de que era la piedra del ángulo, es decir, la más importante de todo el edificio. El apóstol Pedro se refiere a este hecho, y lo relaciona con Jesús.

En uno de sus magistrales discursos, dijo: “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:11, 12).

Construye sobre la Roca eterna. Edifica tu vida sobre Jesús y vive según sus enseñanzas. Te aseguro que serás más feliz que con 2.400 millones de euros en tu cuenta bancaria.

Por | 2018-08-14T14:48:58+00:00 21 septiembre, 2018|Categorías: Del director|Año: 2018 |Trimestre: 4to Trimestre |Etiquetas: , , |0 Comentarios

Acerca del autor:

Periodista. Director editorial de la edición impresa de Conexión 2.0. Trabaja en Editorial ACES

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