Hablar de los cambios del clima ya dejó de ser la excusa para entablar una conversación entre desconocidos. Actualmente el debate acerca del tema es urgente y exige acción inmediata. Más allá de las diferencias de opinión en cuanto a algunos detalles, es vital unirnos para actuar antes de que sea demasiado tarde.

Cambio climático: Una bomba de tiempo

Desde los polos hasta el Ecuador, el maravilloso equilibrio que existe en nuestro planeta garantiza la diversidad de temperaturas y de condiciones ambientales ideales para que la vida se distribuya sobre toda la Tierra. Sin embargo, la belleza y la biodiversidad que caracterizan nuestro planeta son solo algunos de los elementos que hacen de él un lugar muy especial.

En este artículo, seleccionamos siete temas importantes para que entiendas esta cuestión, y actúes en respuesta al problema medioambiental. Esto tiene que ver no solo con el futuro sino también con el presente de la humanidad.

La discusión comenzó hace no más de treinta años, no tanto por la urgencia de la causa sino por las implicaciones políticas y económicas. Sin duda, el calentamiento global ha sido uno de los asuntos más controvertidos de nuestro siglo. Todavía hoy, varios expertos niegan que sea peligroso, ya sea que se refieran a la propia existencia del fenómeno o a la responsabilidad humana en ese proceso.

Discutiendo datos objetivos y descalificando las opiniones científicas, este grupo insiste en no relacionar los cambios climáticos actuales con la industrialización y la urbanización de la Tierra, ni con el consumismo desenfrenado de nuestro tiempo.

La cuestión es que, aunque estas interpretaciones puedan ser en muchos casos puntos de vista personales, es innegable una triste realidad: nuestro mundo no es igual que el de hace tres décadas. Algo serio está sucediendo en el planeta. Negar esto es elegir cerrar los ojos, no aceptar el problema y dar la bienvenida a desastres inminentes.

Nueve de cada diez climatólogos están de acuerdo en que el calentamiento global es un hecho que puede comprobarse científicamente. Una recopilación basada en datos registrados en miles de estaciones meteorológicas, sensores en botes y embarcaciones distribuidas por todo el mundo reveló que, en 2016, la temperatura global media en la superficie del planeta fue 0,94ºC más alta que la media del siglo XX.

“El calentamiento global es real, sus causas son las discutibles”, afirma el biólogo marino (posgraduado en Medio Ambiente) Marcelo Szpilman.

“La gente está pasando por un calentamiento del planeta; eso es irrefutable. La cuestión es esta: hay un grupo que dice que el problema son las actividades humanas, mientras que otro dice que es un calentamiento natural del planeta. Pienso que tenemos una mezcla de los dos. Hay un ciclo de calentamientos y enfriamientos naturales en el planeta, y la acción humana que viene acelerando e intensificando ese proceso”, explica Szpilman, quien también es director de AcuaRio, el acuario marino de Río de Janeiro, en el Brasil.

En este sentido, el político y activista británico David Puttnam sostuvo: “El problema no es el planeta, nosotros somos el problema”.

Uno de los fenómenos más conocidos con relación al cambio climático es el que ocurre en la fina capa protectora que envuelve la Tierra. Su nombre seguramente te resultará familiar: efecto invernadero. Este efecto no es, en sí, algo negativo, ya que mantiene el perfecto equilibrio del planeta y es indispensable para la subsistencia. No obstante, la intervención humana está comprometiendo su buen funcionamiento.

“Hay un efecto invernadero natural. La dosificación equilibrada de carbono en la atmósfera es lo que permitió hasta aquí que no muriéramos congelados en las noches”, afirma Paulo De Souza, Doctor en Ciencias de Ingeniería Ambiental por la Universidad de San Pablo, en el Brasil.

“Buena parte de la energía que llega del Sol a la Tierra es reenviada hacia el espacio. En su funcionamiento ideal, el dióxido de carbono presente en la atmósfera (CO2) permitiría que solamente la cantidad necesaria quede en el planeta, solo que ahora estamos potenciando esa capacidad de retención de calor al lanzar más CO2 en el aire”, aclaró el Dr. De Souza.

Aunque la discusión sobre el calentamiento global es relativamente reciente, ya en los siglos XIX y XX algunos científicos comenzaron a observar el aumento del dióxido de carbono en la atmósfera. “Cuando añadimos CO2 al aire, es como si pusiéramos una manta más en la cama”, ilustra el climatólogo estadounidense James Hansen. “El mencionado elemento reduce la radiación de calor de la Tierra al espacio, lo que genera un desequilibrio momentáneo de energía. Así, ingresa más energía de la que sale, hasta que la Tierra se calienta lo suficiente para nuevamente irradiar al espacio tanta energía como absorbe del Sol”, agrega.

Afortunadamente, la compleja maquinaria de la Tierra no se rinde fácilmente. En el momento en que se produce el desequilibrio, nuevos mecanismos se accionan para mantener todo en funcionamiento. “Cuando la Tierra retiene calor, el primer instrumento de socorro son los océanos, que van a concentrar ese calor”, continúa el profesor Paulo De Souza, “pero cuando se empiezan a calentar y no consiguen deshacerse de toda esa energía, su influencia se extiende a todo el planeta, tanto por el aire como por las corrientes marinas”.

Como los océanos son los mayores reservorios de calor del planeta, el perfeccionamiento de las herramientas de medición ha sido muy importante para precisar lo que está ocurriendo en la Tierra.

Actualmente, uno de los métodos más utilizados es un sistema que integra tres mil boyas o sondas robóticas esparcidas en los océanos alrededor del mundo y que proporciona datos en tiempo real. Recientemente, estas boyas mostraron que la parte superior del océano está absorbiendo demasiado calor. Esto también está ocurriendo en las profundidades, aunque en un porcentaje menor; y todo ese exceso de energía ha contribuido al derretimiento del hielo en todo el planeta. Hasta la superficie de la Tierra y el epicentro del planeta se están calentando. “El total del desequilibrio de energía es ahora de, aproximadamente, 0,6 vatios por metro cuadrado. Esto no parece ser mucho, pero la suma global de esa cifra es enorme: 20 veces mayor que la tasa de energía usada por toda la humanidad”, aclara. “Esto es equivalente a la explosión diaria de cuatrocientas mil bombas atómicas como la de Hiroshima a lo largo de un año”, completa.

Aunque la situación es alarmante, Hansen cree que hay solución: reducir la emisión de CO2.

Desde el final del siglo XIX, el planeta se ha vuelto, en promedio, 0,85 grados más cálido. Buena parte de este calentamiento se produjo a partir de la década de 1960. Aunque los ciclos climáticos naturales explican parte de esa irregularidad, no aclaran la propia tendencia de calentamiento, que coincide con el aumento de las emisiones en un mundo en creciente industrialización.

El rápido derretimiento de los glaciares en los polos norte y sur del planeta ha sido ampliamente documentado con fotografías, videos e imágenes satelitales. El Ártico, por ejemplo, sufrió un calentamiento dramático, lo que volvió su masa de hielo más fina y más pequeña. Esto intensificó el calentamiento, ya que los rayos solares, ahora absorbidos por un océano más oscuro, dejan de ser reflejados nuevamente hacia el espacio por la capa de hielo.

“Un océano más caliente libera más CO2, y esto causa más calentamiento, por lo que el ciclo de liberación de CO2, metano y derretimiento de glaciares son retroalimentaciones que amplifican el cambio de la temperatura global. Esto hace que las oscilaciones climáticas sean enormes, a pesar de que se hayan iniciado a pequeña escala. Mientras tanto, no podemos decir exactamente cuán rápidamente algunas retroalimentaciones positivas del planeta podrían generar un efecto contrario, es decir, de protección. Lo cierto es que los eventos catastróficos seguirán ocurriendo, a menos que detengamos el calentamiento”, proyecta Hansen.

Esta es una amenaza no solo para los casquetes polares, sino también para los grandes glaciares en las montañas. El nivel de los océanos subió entre 20 y 23 centímetros desde 1900. Esto sería solo el comienzo de un desastre mundial, si las grandes masas de hielo de Groenlandia y de la Antártida comenzaran a derretirse, ya que marcaría el inicio de la desaparición de muchas de las mayores ciudades costeras del mundo.

El repentino cambio de temperaturas en los océanos podría, también, poner en peligro la subsistencia de muchos seres vivos. El Panel Intergubernamental de los Cambios Climáticos (IPCC) estima que entre el 20 y el 50% de la biodiversidad del planeta corre peligro debido al calentamiento. Los factores como la destrucción de los hábitats naturales, la falta de alimento y las condiciones climáticas hostiles son solo algunas de las amenazas que preocupan a los investigadores. En la lista de especies en riesgo está la mariposa real, que puede entrar en extinción hacia el final de este siglo; y la Gran Barrera de Coral de Australia, pues la elevada temperatura del océano ha exterminado parte de su ecosistema, equivalente en área al Reino Unido, Suiza y Holanda juntos.

“El calentamiento global aumenta ambos extremos del ciclo de las aguas en la Tierra. Las olas de calor y sequía, por un lado, son resultado directo del calentamiento; pero también el calentamiento de la atmósfera genera más retención de vapor de agua que, debido a esa energía latente, hace que las lluvias sean más violentas. Habrá tormentas más fuertes y mayores inundaciones de aquí en adelante”, prevé el ya citado James Hansen.

La historia humana está marcada por ejemplos en los que las condiciones climáticas trajeron consigo sufrimiento y crisis económica, política y social. Sequías que llevaron a migraciones masivas e inseguridad; guerras en pos de recursos naturales; crudos inviernos, que originaron hambre y enfermedades, etc. Muchas de estas cuestiones derivaron en un clima de insatisfacción social elevado, que se convertiría en la raíz de grandes sublevaciones, tales como la Revolución Francesa.

Si el mundo siempre ha sido abatido por fenómenos naturales, las últimas décadas han sido particularmente devastadoras. Una y otra vez, con frecuencia y magnitud nunca antes conocidas, los peligros naturales han traído inestabilidad, violencia y, finalmente, caos.

“Somos la primera generación en sentir el impacto del cambio climático; y la última generación que realmente puede hacer algo al respecto”, advierte Jay Inslee. Ahora bien, entre 7,3 mil millones de personas, ¿puedo yo hacer algo para marcar una diferencia? A pesar de las grandes implicaciones de decisiones gubernamentales y empresariales, el cambio climático tiene que ver, en gran medida, también con cambios en el estilo de vida de cada uno de nosotros.

“Hay cosas que todos sabemos que podemos evitar, pero muchas veces no las hacemos por algún motivo. Por ejemplo, el hecho de consumir más de lo que necesitamos. Esto tiene que ver con todo lo que compramos que en realidad no necesitamos, y con todo el proceso de la producción y el descarte de esas cosas.

Son varias pequeñas acciones que todos podemos hacer pero que tienen un gran impacto, especialmente si muchas personas se concientizan y cambian”, dice la Doctora en Biología Noemí Durán.

La investigadora insiste en la idea de que la responsabilidad de cuidar de este planeta está repartida entre todos sus habitantes. Es cierto que muchas veces nos sentimos pequeños ante un problema que es complejo. “Y, como creemos que no podemos hacer nada, nos sacamos un poco nuestra responsabilidad. Sin embargo, la realidad indica que sí podemos hacer algo”, completa la bióloga.

El profesor Marcio Fraigberg, Doctor en Educación en Ciencias y Matemáticas, también sigue esa línea de pensamiento: “La idea instalada de que el cuidado del medio ambiente es responsabilidad de algún Gobierno, alguna institución o algún político no tiene razón de ser para alguien que está dispuesto a preservar la vida; no solo para sí, sino para las próximas generaciones”, argumenta.

Para él, si la generación actual cierra los ojos ante los peligros que tenemos hoy, huyendo de la responsabilidad de participar en un proceso de cuidado de la Tierra, en el futuro tal vez no exista la naturaleza tal como la conocemos hoy.

Según Paulo De Souza, Doctor en Ciencias de la Ingeniería Ambiental y Posdoctorado en Geografía, un eslogan utilizado por los especialistas del campo de las ciencias ambientales y de la Tierra resume algo importante: “Actúa localmente, pero piensa globalmente”. Eso significa que cuando se trata de una cadena interconectada, como los ecosistemas del planeta, las acciones individuales tienen impacto mundial (por más pequeñas que estas sean). A su vez, el doctor De Souza también critica la lógica de “privatizar los beneficios y socializar los perjuicios”, y evoca la responsabilidad individual de cada uno en la adopción de cuatro actitudes: Reducir, Reciclar, Reutilizar y Reeducar. Para él, desarrollar la última “R” puede influir en la adhesión a las demás.

Cuenta regresiva

Aunque el debate más acalorado sobre el calentamiento global es reciente, las señales de que el clima del planeta estaba cambiando ya venían siendo registradas en los siglos XIX y XX.

En un mundo en que cada aspecto cuenta, donde seres, ciclos y sistemas componen una sinfonía armónica de vida, es nuestra misión colaborar para que esta siga sonando por el poder insondable del que creó el Universo y lo mantiene por amor. Un amor que protege, que no depende de retribuciones y que permite llamar a este planeta “nuestro hogar”.

Autora: Giannina Invernizzi , comunicadora social y periodista de la Red Nuevo Tiempo.

Por | 2018-09-19T10:17:13+00:00 14 septiembre, 2018|Categorías: Destacado|Año: 2018 |Trimestre: 4to Trimestre |Etiquetas: , , |0 Comentarios

Acerca del autor:

Esta es tu revista. Editada por Editorial ACES para la Red hispana de Educación Adventista de Sudamérica.

Deje su comentario