En un mundo egoísta y hedonista, en que uno vale por lo que tiene, y trata de buscar sus propios intereses y sacar ventaja de todas las situaciones, bien vale volver nuestra mirada hacia el otro, observar sus necesidades y brindarle nuestra mano solidaria.

Hoy, tú puedes elegir no ser un mero oidor de cosas buenas, para transformarte en un hacedor y practicante de la verdadera religión. Hoy puedes ayudar y dar, y ser, así, un colaborador en el plan divino.

Pasar de largo

Jesús planteó la parábola del Buen Samaritano, registrada en Lucas 10:25 al 37. Cuenta de un hombre extranjero, que se dirigía a Jericó, cayó en manos de ladrones y quedó tendido, medio muerto. Pasó un sacerdote, luego un levita y ninguno tuvo compasión de él, hasta que finalmente pasó alguien, no grato para los judíos, un samaritano, quien lo llevó a una posada y cuidó de él toda la noche. Al día siguiente, dejó dinero al dueño del lugar, para los gastos extra que surgieran. ¿Cuántos de nosotros haríamos eso por un desconocido? ¡Qué rápidos somos para alejarnos de los demás, para juzgar, para evitarlos, para esquivarlos, para pasar de largo! Con el paso del tiempo, esto se ha convertido en lo común, en lo habitual, en algo de todos los días.

Esa palabra olvidada

Etimológicamente, la palabra “solidaridad” viene del latín solidus, que significa algo firme, estable y compacto, implica la idea de ser parte de una causa común, que corresponde a todos. Otras palabras derivadas son “soldado”, “consolidar”, “sólido”. Así, la verdadera solidaridad es ayudar a alguien sin recibir nada a cambio, y sin que nadie se entere. Ser solidario es, en su esencia, ser desinteresado y brindar socorro a alguien que esté pasando por alguna necesidad. ¿Quién realiza acciones desinteresadas en estos tiempos? ¿Quién piensa en el otro antes que en sí mismo? ¿Quién se atrevería a detenerse para ayudar corriendo riesgos, en medio de tanta vorágine y egoísmo? ¿Cómo aprender a ser más solidarios?

La escuela de la solidaridad

En Hechos 2:44 al 46: “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón”.

¡Qué cuadro maravilloso el que aquí se describe! ¡Qué hermoso sería vivir así! ¿Crees que es posible restaurar esa experiencia? Piensa un poco en lo que estás haciendo, en cómo tratas a los demás. Sin duda, nuestra naturaleza egoísta hace que los intereses personales estén por encima de los de los demás. ¿Qué hacer, entonces? La única respuesta es Jesús. Cuando él cambie tu corazón, el “síndrome del egoísmo” irá desapareciendo, y te convertirás en una persona altruista y solidaria. Después de todo, el cristianismo se trata de eso.

La verdadera religión

En Santiago 2:14 al 17: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma”.

Hoy, tú puedes elegir no ser un mero oidor de cosas buenas, para transformarte en un hacedor y practicante de la verdadera religión. Hoy puedes ayudar y dar, y ser, así, un colaborador en el plan divino.
Cuando damos, formamos parte del plan divino. Dios es todo amor, misericordia y solidaridad para con nosotros. “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado” (Juan 3:16, énfasis añadido).

La solidaridad en frases:

Por | 2017-06-26T12:24:33+00:00 23 junio, 2017|Categorías: Destacado|Año: 2017 |Trimestre: 3er Trimestre |Etiquetas: , , |0 Comentarios

Acerca del autor:

Periodista. Director editorial de la edición impresa de Conexión 2.0. Trabaja en Editorial ACES

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