¿Qué dicen tus manos?

Hagamos nuestra su solicitud, busquemos su compañía primero, y así nos aseguraremos siempre de ser buenas cartas de presentación a través de nuestras manos.

Esta es la letra del canto titulado Manos:

“Estas manos Dios me dio

para que puedan servir

a quien a mi lado está

y no sabe sonreír

Con mis manos quiero dar

paz, amor, felicidad…

imitando a Jesús”.

Como docente, me pregunto si mis manos cumplen con ese propósito: servir a mis alumnos y colegas, brindando paz, amor y felicidad. ¿Qué dicen nuestras manos acerca de nosotros? ¿Cómo nos ven los demás? ¿Tenemos claro quiénes somos y qué estamos haciendo frente a las personas dentro de nuestro círculo de influencia? Y lo más importante, ¿cómo están nuestras manos delante de Dios?

Las manos nos ayudan a comunicarnos mejor, a veces sin necesidad de hablar, simplemente con una caricia. ¿Podrían identificarnos solamente por nuestras manos? Ellas aportan un condimento a  nuestra personalidad, indican nuestros estados de ánimo y brindan respuestas emocionales espontáneas.

En ocasiones, mediante la postura de nuestras manos expresamos distintos grados de seguridad, honestidad y cercanía. También demostramos actitudes o respuestas negativas cuando se muestran nerviosas, apresuradas o defensivas.

¿Qué dicen tus manos?

Por ejemplo, esconder las manos detrás de la espalda o en los bolsillos podría interpretarse como falta de honestidad o intento de esconder información. Cruzarse de brazos podría denotar estar a la defensiva, o juntar las manos frente al cuerpo podría ser muestra de inseguridad. Las palmas hacia abajo podrían ser indicativo de imposición de autoridad. Los gestos en los que nos llevamos las manos a la cara podrían asociarse a duda, incertidumbre, falta de seguridad, ansiedad o encubrimiento.

Por todo esto, nuestras manos aportan una función vital en la comunicación no verbal, enriqueciendo nuestro discurso. Las manos de un adulto, las de un anciano o las de los niños, adolescentes o jóvenes adquieren un papel fundamental como tarjeta de presentación social.

Nuestras manos pueden expresar toda la gama de sentimientos del ser interior.

“Hacia ti extiendo las manos; me haces falta, como el agua a la tierra seca” (Salmos 143:6).

Hagamos nuestra su solicitud, busquemos su compañía primero, y así nos aseguraremos siempre de ser buenas cartas de presentación a través de nuestras manos.

Por | 2017-03-08T10:21:27+00:00 20 Enero, 2017|Categorías: Autoestima|Etiquetas: , , |0 Comentarios

Acerca del autor:

Maestra Nacional de Dibujo. Profesora para la Enseñanza Primaria. Licenciada en Enseñanza de Ciencias del Ambiente. Chilecito, La Rioja. Argentina.

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