Aprende a amarte como eres. No te compares todo el tiempo con quienes te rodean.

¿Por qué yo?

Quizás hayas escuchado a otros exclamar, o incluso tú te has preguntado: ¿Por qué yo? ¿Por qué no soy más alto? ¿Por qué no soy más rico? ¿Por qué no soy más delgado? Los seres humanos tendemos a compararnos entre nosotros. Más bien, deberíamos preguntarnos: ¿Por qué siento la necesidad de compararme con los demás? Algunos creen que compararse con otros les ayuda a valorar lo que tienen. Pero otros se sienten más cuando descubren que hay personas que tienen menos que ellos. Evidentemente, estas comparaciones no son útiles. Compararse todo el tiempo con los demás demuestra una constante inseguridad en las personas.

Las comparaciones pueden comenzar, por ejemplo, entre los hermanos o padres. Pueden agravarse hasta convertirse en complejos difíciles de superar. La repetición continua de estas comparaciones negativas en el seno familiar puede dañar emocionalmente a una persona. Deberíamos luchar constantemente con nosotros mismos para evitar compararnos con otros. No hay dos personas que piensen exactamente lo mismo o valoren las cosas por igual. Sin embargo, las comparaciones pueden ser positivas. Por ejemplo, puedes compararte con una hormiga para saber si eres perseverante y precavido; una adolescente puede compararse con las bellas flores para descubrir los dones y talentos que Dios le ha dado. Quizás estos ejemplos te suenen sencillos, pero para una persona serán únicos.

Dios nos ama tal cual somos: no necesitamos ser más altos, más ricos o más talentosos; su amor es genuino y puro. Esto debería ser una fuente de alegría y motivación en nuestras vidas. Recuerda: todo depende si te comparas desde lo positivo o lo negativo. Que Dios te llene de sabiduría cada día para poner en ti palabras de amor hacia las demás personas.

Por | 2018-05-02T10:03:08+00:00 27 abril, 2018|Categorías: Autoestima|Etiquetas: , |0 Comentarios

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Esta es tu revista. Editada por Editorial ACES para la Red hispana de Educación Adventista de Sudamérica.

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