No siempre es fácil querernos con nuestros aciertos y derrotas. Te invitamos a descubrir formas de amarnos como Dios nos ordenó.

Me quiero, no me quiero…

Quizás esta frase te suene conocida, pero la conjugación verbal está modificada a propósito de la tercera persona a la primera persona gramatical. Es impresionante cómo puede impactar en la vida de una persona el sentido de esta frase cuando nos invita a querernos a nosotros mismos. Si lo piensas bien, el quererte y aceptarte a ti mismo será tan importante como el intentar querer a otro. Jesús nos invitó a amar a nuestro prójimo… como a nosotros mismos. Este mandato de Dios es vital: debemos primero aceptarnos a nosotros mismos tal cual somos -altos, bajitos, flacos, gorditos, sin importar el color de nuestra piel o demás características físicas- para poder amar a otros tal cual son.

Por qué nos cuesta aceptarnos a nosotros mismos

Todos tenemos la capacidad de decirnos de diferentes maneras a nosotros mismos cuánto nos valoramos, nos aceptamos y respetamos. No se trata de ser egoístas, simplemente debiéramos manifestar un amor equilibrado y genuino. Si tengo la capacidad de aceptarme tal cual soy, sabré que pese a todo lo que el resto de las personas puedan pensar de mí, lograré mostrarme seguro de mí mismo en todo momento y eso se verá reflejado en mí día a día.

El aceptarte a ti mismo te ayudará a verte como una persona más confiada, motivada, alegre, comprensiva con otras personas, auténtica y transparente. Esto influirá en tus pensamientos y sentimientos y hasta en tus acciones. Justamente estas tres áreas son las que te conforman como un ser humano integral. El concepto que tenemos de nosotros mismos influirá en nuestros sentimientos y emociones; y por consiguiente, se verá en el actuar. Recuerda: debemos dedicar tiempo para ayudarnos a nosotros mismos primero para luego poder ayudar a otros.

No debemos olvidar que ACEPTARNOS a nosotros mismos será igual a QUERERNOS y, por ende, a RESPETARNOS.

Nuestra misión es saber que, como hijos de Dios, el amor a uno mismo y al prójimo es una respuesta natural y espontánea al percibir quién es nuestro Padre celestial. Que el Señor guíe nuestras vidas en todo momento y nos ayude a vernos a nosotros mismos como gemas invaluables y únicas.

Por | 2018-03-26T10:49:23+00:00 26 marzo, 2018|Categorías: Autoestima|Etiquetas: , , |1 Comentario

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Esta es tu revista. Editada por Editorial ACES para la Red hispana de Educación Adventista de Sudamérica.

Un comentario

  1. Zoraida 02/04/2018 en 1:17 am - Responder

    Me parece muy importante valorarnos. Dios nos hizo especiales y diferentes unos de otros, todos amados por él.

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