Después de la pelea entre los mellizos durante el recreo, a los directivos y docentes nos entró la curiosidad: ¿Por qué un adolescente tiene tanta aversión a la tecnología? Generalmente, los niños y adolescentes están pendientes de las nuevas tecnologías y dispositivos electrónicos, pantallas, etc.

Entonces, convocamos a Pedro (nombre ficticio) para interrogarlo.

-¿Qué ocurre, Pedro, cuál es el motivo real de tus dichos? -preguntamos amablemente.

-Ya nadie se habla ni se mira, a nadie le importa lo que le pasa al otro en la realidad, sino lo que sale en Internet- dijo Pedro, comenzando a responder. Quieren saber si tienes amigos en Facebook, o si te siguen en Twitter… Hasta los adultos están más atentos a lo que ocurre en las redes sociales que en su propia familia.

Pedro continuó:

-Mi hermano tiene un amigo que demandó a su familia que le prestara atención, que lo cuidara; pero, especialmente sus padres, se peleaban constantemente, hasta  que lo evidenciaron en las redes sociales…

-Tienes mucha razón, pero es duro lo que dices -dijimos, mirándolo fijamente. Es algo que ocurre cada vez más a menudo en los hogares.

Pedro continuó relatando el incidente:

Este adolescente no pudo soportar más lo que sus padres se decían en las redes sociales. Se sentía avergonzado de ellos y ¿saben lo que hizo? ¡No pudo más y se ahorcó! ¿No lo ven? ¡La tecnología también puede matar a los adolescentes! No fue capaz de ver que -más allá de Internet- él tenía amigos que lo querían de verdad… Su familia no lo escuchó ni lo trató de la manera que esperaba, hasta que finalmente perdió la esperanza.

Así concluyó Pedro su relato, con lágrimas en los ojos y un grito contenido.

Esta experiencia nos llevó a reflexionar profundamente como docentes y padres, como seres humanos: ¿Cuánto me ocupo de mis amigos y compañeros, de mis hijos, mi familia, mis hermanos? ¿Atiendo sus necesidades? ¿O soy un extraño en la vida de los demás, viéndolos pasar  sin ayudar?

Familia incomunicada

“Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?”

1 Juan 3:17.

Aunque este texto habla de nuestra relación con la tecnología y algunos objetos electrónicos o bienes materiales, los cristianos poseemos, además, la riqueza incomparable de los bienes espirituales. ¿Por qué será, entonces, que a veces los negamos, no los compartimos o no queremos ver las necesidades materiales o espirituales de los demás? Me pregunto: ¿Hay amor de Dios en mí?

Por | 2017-03-08T10:21:47+00:00 25 julio, 2016|Categorías: Autoestima|Etiquetas: , , |0 Comentarios

Acerca del autor:

Maestra Nacional de Dibujo. Profesora para la Enseñanza Primaria. Licenciada en Enseñanza de Ciencias del Ambiente. Chilecito, La Rioja. Argentina.

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