“Como naranjas de oro con incrustaciones de plata, son las palabras dichas a tiempo” (Prov. 25:11, Nueva Biblia al Día).
Buceo

Durante las cuatro semanas de estadía en Australia, confieso que, aunque cada día tuvo su propia y única belleza, bucear en la Gran Barrera de Coral fue una experiencia magnífica, pero no sencilla.

Allá por 1999, tuve mi primera experiencia con el buceo pero, luego de más de quince años de no haber vuelto a bucear, no recordaba qué hacer. A bordo del catamarán que zarpó de Cairns, rumbo a los arrecifes del Mar Coral, el instructor explicó las medidas de seguridad.

Antes, todos teníamos que pasar un pequeño “examen”. Estando debajo del agua, debíamos quitarnos el tubo respirador de la boca y volver a colocarlo. Realmente, no es difícil de hacer. Sin embargo, cuando el instructor me hizo señas con las manos de que me quitara el tubo, me ganó la ansiedad. Subí a la superficie y le dije a la instructora que esperaba sentada al borde del catamarán; que no me gustaba bucear. “¿Cómo que no te gusta, si ni siquiera empezaste?”, contestó ella. “Es que me da miedo la sensación de estar bajo el agua”, respondí yo. Ella no me juzgó. Sencillamente, me alentó: “¡Tú puedes; claro que puedes!”

Me gustaría escribir que después de esto ya no tuve más miedo. Pero la verdad es que subí a la superficie dos o tres veces más. La instructora siguió dándome aliento y consejos. Todos los principiantes fuimos agrupados de cuatro en cuatro, mientras yo trataba de decidirme a bucear, la instructora dijo que era mi última oportunidad o el grupo se iría sin mí. Pero también me dijo: “Tú me recuerdas a mí misma cuando comencé a bucear. Yo también estaba asustada”.

Su honestidad me dio el valor que necesitaba, y finalmente logré quitarme el respirador y volver a colocarlo. Entonces, nos sumergimos en el agua, para ver cientos de corales, peces y estrellas de mar. ¡Una experiencia inigualable! “¡No lo hubiera logrado sin tu ayuda!”, dije a la instructora. Es fácil olvidarnos de cuánto poder hay en lo que decimos. La canción “Speak Life” [Habla vida], del cantante cristiano Toby Mac, es un buen recordatorio: “Mira los ojos de los quebrantados de corazón; observa cómo cobran vida, cuando hablas esperanza. Hablas amor. Hablas vida”. Cada sílaba que pronunciamos puede contagiar coraje, desmoronar prejuicios e inundar de luz el corazón.

Por | 2017-03-08T10:21:49+00:00 14 julio, 2016|Categorías: Testimonios|Año: 2016 |Trimestre: 3er Trimestre |Etiquetas: , , , |0 Comentarios

Acerca del autor:

Lic. en Comunicación Social - Maestría en Educación. Trabaja en las inmediaciones de Londres. Londres, Inglaterra.

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