“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien estar atentos como a una antorcha que alumbra en un lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (2 Ped. 1:19).

El 10 de octubre de 1964 no fue cualquier día. En esa jornada, se realizó la ceremonia de apertura de los XVIII Juegos Olímpicos, celebrados en Tokio, Japón.

Estos juegos fueron muy particulares, por primera vez se realizó una transmisión en color en directo, vía satélite, para los Estados Unidos y Europa. Fue también la primera vez en utilizarse el recurso de la “cámara lenta” en las repeticiones; y también aparecen aquí las computadoras, para registrar los tiempos exactos de las competiciones.

Más allá de estas importantes tecnologías, lo que captó la atención de estos juegos fue la ceremonia de encendido de la llama olímpica. ¿Por qué? Porque el encargado de esta tarea fue el atleta Yoshinori Sakai, un joven de 19 años, nacido el 6 de agosto de 1945 en Hiroshima. ¡Sí! ¡Nació el mismo día en que la bomba atómica destruyó su ciudad! Increíble, pero real.

De esta manera, Japón quería mostrar al mundo una lección: es posible resurgir de entre las cenizas; es posible la reconstrucción; es posible obtener nuevas oportunidades.

A pocos días de ser testigos de una nueva edición de los Juegos Olímpicos –en Río de Janeiro–, la historia de Yoshinori Sakai encierra grandes lecciones. No importa lo que te haya sucedido, en cuántas oportunidades te haya bombardeado el enemigo, cuántas veces te destruyeron; ni si todo (al parecer) quedó en ruinas en tu vida. Nunca es tarde, y nunca estás lejos para que Dios opere en ti la reconstrucción.

Tal vez hoy estés triste y hayas llorado. ¿Por qué? Porque estás cargado de preocupaciones o ansiedades. Entonces, debes recordar a Yoshinori Sakai, el atleta que nació el mismo día en que todo se destruyó en su tierra. Entonces, debes recordar tres palabras: “Enciende la llama”.

Hoy, y cada día, debes dejar que tu vida se alumbre con la llama de la Palabra de Dios. Es la Palabra más segura que puedes encontrar. Es la Palabra que te ayudará a tomar decisiones, a saber cómo conducirte, a entender lo que sucede alrededor; a comprender el significado del perdón… Es la Palabra que te permitirá obtener esperanza en medio el dolor, paz en la aflicción y calma en las pruebas.

“La Palabra de Dios es luz y verdad: una lámpara para los pies y una antorcha para el sendero. Puede guiar cada paso del camino hasta la ciudad de Dios” (Elena de White, La educación cristiana, p. 233).

Olvida tus temores. Mira hacia el podio. Sube la escalera. ¡Enciende la llama!

Por | 2017-03-08T10:21:53+00:00 6 julio, 2016|Categorías: Del director|Año: 2016 |Trimestre: 3er Trimestre |Etiquetas: , , |0 Comentarios

Acerca del autor:

Periodista. Director editorial de la edición impresa de Conexión 2.0. Trabaja en Editorial ACES

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