El vencedor menos pensado

“Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor” (Rom. 8:37-39, NVI).

Corona

El cielo está de fiesta. Los ángeles no dejan ni un segundo de alabar. Una multitud de ojos agradecidos no logra dejar de asombrarse por todo lo que hay en aquel lugar, y por todo lo que sucede en ese momento.

El mismo Señor Jesús, con sus manos eternamente marcadas por los clavos del Calvario, recibe a cada uno y coloca sobre su cabeza una corona que lo señala como un ganador, no por su propia fuerza, sino con el poder y la ayuda de quien lo está coronando con la más dulce sonrisa.

El cielo está de fiesta. La música, perfecta e increíble, brinda el marco perfecto para un momento que se recordará eternamente.

Encontramos a los grandes héroes de la fe. Allí está Adán, con su imponente altura. Están Abraham, Isaac y Jacob, con la satisfacción dibujada en sus rostros. Está el valiente Gedeón, y el paciente Moisés. Allí está el profeta Daniel, con sus tres amigos; Pedro, Santiago y Juan, con los demás discípulos. La galería es enorme; la alegría, también.

El cielo está de fiesta. Los ángeles cantan. ¡Tú y yo estamos allí!

¿Logras imaginártelo? Hay momentos en los que sí, que es muy fácil. Termina un culto que te tocó el corazón; acabó una Santa Cena en la que Dios te habló; cerró una semana especial… En esos momentos, cuando te sientes espiritualmente fuerte, no te resulta tan complicado imaginarte en el cielo.

El problema aparece en los otros momentos, cuando no hay culto, ni Santa Cena ni celebración espiritual. Cuando lo cotidiano te pone a correr detrás de mil cosas y no separas tiempo para relacionarte con Cristo. Cuando la rutina te domina. Cuando tus elecciones te colocan frente a situaciones, lugares y circunstancias que después te hacen sentir un perdedor.

¡Ahí está el milagro! A pesar de todo, de todos, y de ti mismo, ¡tú puedes ser un vencedor! Aunque te mires en el espejo y  sientas que tu “presupuesto” no da para enfrentar a enemigos con tanta más experiencia, más fuerza y más conocimiento que tú, ¡tú puedes ser un ganador!

La idea que el apóstol Pablo te presenta es que no serás un ganador de vez en cuando; no serás un ganador “por casualidad”. La idea es que serás ¡más que un vencedor! Por eso, no te apartes del amor de Dios.

Por | 2017-03-08T10:21:37+00:00 26 Octubre, 2016|Categorías: Testimonios|Año: 2016 |Trimestre: 4to Trimestre |Etiquetas: , , |0 Comentarios

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Esta es tu revista. Editada por Editorial ACES para la Red hispana de Educación Adventista de Sudamérica.

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