El trato con los demás es un arte, y podríamos decir que sirve para todo ámbito de la vida: amor, guerra, negocios, empresas, situaciones familiares, y demás etcéteras.

Tener buenas relaciones personales no es fácil en el mundo de hoy. Tampoco lo era en el de antes. En 1936, Dale Carnegie escribió el famoso libro Cómo ganar amigos e influir sobre las personas. Allí comenta que tanto hombres de negocios como políticos y generales de ejército de éxito reconocían como el mayor logro en sus vidas el poder tener buenas amistades y saber cómo tratarlas.

En la Biblia se nos habla de un príncipe que recibió una gran herencia: el reino de un padre exitoso. El legado de su antecesor era inmenso. Pero las principales autoridades de su nación se le acercaron a discutir la política de Estado. Y, por supuesto, le trajeron algunos reclamos:

Al principio, las señales que dio el príncipe Roboam fueron buenas, porque se tomó tres días para tomar esa decisión. Así, pidió consejo a los ancianos que habían estado al servicio de Salomón, su padre. Les dijo: “¿Qué respuesta me aconsejan dar a esta gente?” (12:6). Aparentemente, el nuevo rey fue inteligente, ya que demostraba que tenía la suficiente humildad para saber que nadie nace sabiendo. Esto es algo muy difícil para un joven, pues en la fuerza de la juventud hay un ímpetu por saberlo y por poderlo todo. Imagino que los ancianos se ilusionaron con Roboam, porque siempre la sangre nueva trae nuevas esperanzas. Ellos aconsejaron: “Si hoy te pones al servicio del pueblo y le hablas de buena manera, ellos serán siempre tus servidores” (12:7). No le dieron una clase de economía política, ni una clase de discursos argumentativos. Simplemente, le dijeron dos cosas muy valiosas: “Ponte al servicio del pueblo” y “Háblales de buena manera”. Esa sería la forma en que el rey tendría el éxito asegurado.

Lamentablemente, la historia no termina allí. “Pero Roboam hizo a un lado el consejo de los ancianos, y pidió el consejo de los jóvenes que habían crecido con él y estaban a su servicio” (12: 8). Si sigues leyendo, verás que el consejo de los jóvenes fue que el rey amenazara al pueblo y fuera duro con él. Y el nuevo rey siguió este consejo. Ese día, el pueblo volvió a sus tiendas, el reino se dividió en dos, y Roboam se quedó solo con una parte.

Para no sufrir “el síndrome del príncipe”, recuerda:

  • Sé humilde, y busca consejo de personas más experimentadas, que te muestren otros puntos de vista. Esto enriquecerá tu vida. Obviamente, busca el consejo de Dios en primer lugar.

  • Ponte al servicio del prójimo. Las personas disfrutarán más de tu compañía. Incluso cuando solicites algo, estarán más dispuestas a ayudarte.

  • Habla amablemente. Bajo la excusa “Soy frontal y sincero”, muchos lastiman a otros, provocando alejamiento de su lado. Habla con amor, para que otros vean en ti un joven distinto. El éxito es la integridad como ser humano en tus relaciones. Eso llevará, inevitablemente, a logros en otras áreas.

  • Nunca olvides el consejo del padre de Roboam, en Proverbios 15:1: “La respuesta amable calma la ira; la respuesta grosera aumenta el enojo”.

Elías Monsalvo
Capellán en el Instituto Adventista de Avellaneda,
Bs. As., Rep. Argentina.

Por | 2017-03-31T08:52:53+00:00 30 marzo, 2017|Categorías: Yo opino|Año: 2017 |Trimestre: 2do Trimestre |Etiquetas: , , |0 Comentarios

Acerca del autor:

Esta es tu revista. Editada por Editorial ACES para la Red hispana de Educación Adventista de Sudamérica.

Deje su comentario