Depresión ¿falta de fe?

La depresión afecta aproximadamente a 350 millones de personas y, en los peores desenlaces, conduce al suicidio. En general, el 90% de quienes la padecen no recibe un tratamiento profesional. La depresión es muy peligrosa, porque al mismo tiempo es la causa y la consecuencia de que el depresivo no solicite ayuda.

El Center for Disease Control and Prevention ha publicado (en inglés) las estadísticas de suicidio entre 1999 y 2014 en los Estados Unidos. Los resultados revelan un aumento del 24%; es decir, mientras que en a principios del siglo XXI, 10 de cada 100.000 personas decidía por el suicidio, hoy esa cantidad aumentó a 13. El mayor incremento de suicidios se dio entre mujeres de 10 a 14  y entre hombres de 45 a 64 años. Muchos especialistas refieren que el desencadenante de este problema es el estrés, pues genera un cuadro de ansiedad que se transforma en depresión crónica y culmina en el suicidio. El suicidio es definido como un “problema de salud mental con factores de índole social, psicológica, biológica y cultural”.

Según McGuffin, P. y Rivera, M. (2015, en inglés) se ha demostrado que la depresión puede “contagiarse”. Por ejemplo, los familiares cercanos de quienes padecen tienen 3 veces más probabilidades de deprimirse que una persona sin familiares directos depresivos. Es decir, la depresión puede ser causada por circunstancias externas (exógenas) que involucran un aspecto psicosocial o causas internas (endógenas) como las alteraciones bioquímicas o biológicas.

Las circunstancias exógenas y endógenas  deben ser consideradas entendiendo al ser humano como una unidad indivisible de aspectos psico-bio-socio-espirituales. Por lo tanto, cada uno de esos aspectos debe ser abordado con la misma importancia y cuidado por profesionales especializados.

La depresión no es sinónimo de falta de fe

En las Sagradas Escrituras, en el primer libro de los Reyes, capítulos 18 y 19, encontramos la historia del profeta Elías, un verdadero hombre de fe y excelente conducta. Con todo, no pudo evitar que el estrés, el cansancio y el pánico lo afectaran al punto de desear la muerte. En el relato sagrado encontramos la descripción de un cuadro depresivo de moderado a severo. Elías llegó a decir: ‘‘Basta ya, Señor, toma mi vida porque yo no soy mejor que mis padres’’ (1 Reyes 19:4).

La historia registra que Elías, si bien tenía fe en Dios, sufrió de depresión. Esto puede sucederle a cualquiera, sin distinción. Ahora bien, si la fe no es antídoto contra la depresión, al menos puede convertirse en un factor para prevenirla y/o superarla.

Por eso es importante conversar con los alumnos en la escuela, con los hijos en el hogar, con los niños y adolescentes en la iglesia y en la comunidad, para saber reconocer los síntomas, asumir el problema y ayudar a proteger a quienes más amamos.

Mujer triste
Por | 2017-03-08T10:21:30+00:00 29 Diciembre, 2016|Categorías: Autoestima|Etiquetas: , , |0 Comentarios

Acerca del autor:

Psicóloga clínica.

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