Circuito de campeones

En agosto de 2016 cientos de jóvenes adventistas se ofrecieron como misioneros voluntarios durante los Juegos Olímpicos celebrados en Río de Janeiro, Brasil. Fernando Liernur te cuenta cómo lo vivió.

¡Hay revancha!

Desconozco el porqué, pero siempre tuve el sueño de ir a realizar actividad misionera en otro país, particularmente en el Brasil. Me encanta el idioma, su gente, su cultura, la música cristiana (tengo más música en portugués que en español). Por eso, cuando me enteré a principios de 2007 del proyecto Vencedor cada día, en el que la División Sudamericana estaba organizando un encuentro de universitarios en Río de Janeiro con cuatro mil jóvenes, dije: “¡Esto es para mí! ¡Esta es mi oportunidad!” El objetivo era impactar esa ciudad en el marco de los Juegos Panamericanos de ese año.

Con mucho esfuerzo, pude pagar la inscripción al evento (tenía 19 años y no tenía un trabajo fijo), y con ayuda de mis padres iba a comprar el pasaje al Brasil. ¿Ilusionado? ¿Nervioso? ¡Todo junto! Mi sueño hecho realidad a pocas semanas de realizarse. Pero Dios tenía otros planes. A menos de tres semanas de comenzar el evento, un llamado por teléfono me sorprendió: me avisaban que el evento se cancelaba. En los días previos, se desató una serie de guerrillas en las favelas de Río de Janeiro que dejó a la ciudad en un estado de shock e inseguridad muy grandes, por lo que la Organización, con mucha sabiduría, decidió cancelar lo planeado.

No lo podía creer. Mi sueño estaba tan cerquita, y de repente dejó de existir. El sábado siguiente fui a mi iglesia, y con mucha tristeza saqué el cartel publicitario del evento. Lo doblé prolijamente y lo guardé en mi habitación. Desde entonces, siempre pensé que algún día iba a tener mi revancha, que algún día iba a poder cumplir mi sueño de ir al Brasil a realizar actividad misionera.

Circuito de campeones: experiencia de Fernando Liernur

Y, nueve años después, la oportunidad llegó: cuando me enteré del proyecto Circuito de Campeones, no pude menos que saltar de alegría y emocionarme nuevamente. Este evento, que iba a reunir a mil jóvenes de toda Sudamérica en Río de Janeiro, durante los Juegos Olímpicos, para realizar diferentes actividades misioneras… ¡era mi revancha! En mayo pagué mi inscripción, invertí todos mis ahorros en el pasaje, y ahora sí, con todo encaminado, solo restaba esperar al 12 de agosto, día de inicio del evento.

Junto con catorce jóvenes de la Argentina, pude participar de esta hermosa actividad misionera en Río de Janeiro. ¿Qué hicimos en Río? ¡De todo!

  • Regalamos libros. Un hombre de aspecto inglés se me acercó mientras repartíamos libros misioneros durante el maratón femenino. Me saludó en español sin que yo le dirigiera la palabra. Vi su apariencia, pero no sabía en qué idioma responderle. Nos reímos un rato porque los dos teníamos poco cabello. Con mi horrible inglés, le dije que tenía un regalo para él. Saqué un libro misionero en inglés y se lo regalé. Muy sorprendido y feliz, lo aceptó. No sé su nombre, pero este hombre vino a Río a disfrutar del deporte, y se llevó un granito de esperanza. ¡Espero ver en el cielo a este señor inglés!

  • Dimos abrazos. Otra de las actividades fue regalar abrazos. Un señor que iba al supermercado fue “victima” de mi abrazo, y luego siguió su camino a realizar sus compras. A la vuelta, pasó por nuestro puesto misionero y, con una sonrisa gigante, nos felicitó por la tarea y nos regaló una rica mandarina. Otro hombre que atravesó por nuestros abrazos nos dijo que no pudo pasar el Día del Padre con sus hijos (el domingo anterior a la actividad fue el Día del Padre en el Brasil), pero que el abrazo nuestro fue como si sus hijos lo abrazaran. Queridas “víctimas” de abrazos y regalos, espero verlos en el cielo.

Pero… No todo fue alegría

El 17 de agosto por la tarde, a la mitad del evento, casi sin darme cuenta, me robaron mis pertenencias más valiosas, entre ellas el documento de identidad. Sin él, no es posible ni entrar ni salir de un país. Mientras esperaba que un patrullero de la policía brasileña nos llevara a realizar la denuncia, me preguntaba: “¿Por qué? ¿Cuál es el objetivo detrás de esto? ¿Por qué Dios permitió que me pase esto en un país extranjero?”

Pasaron 48 horas hasta que me pudieron tramitar mi pasaporte provisorio para volver a mi país. El viernes, me sentí nuevamente argentino. Mientras esperaba en la embajada, Dios me impresionó con una idea. ¿Por qué no repartir esperanza allí? Así que, cuando me llamaron para entregarme los papeles, le pregunté a la secretaria del cónsul: “¿Puedo hacerte un regalo?” Fue la cara de sorpresa más expresiva que vi en mucho tiempo. Enseguida, saqué de mi mochila dos libros misioneros, uno para ella y otro para su jefe. Me fui feliz del consulado argentino, con mi identidad renovada y con la misión cumplida, “ir adonde Dios me mande”. Señorita secretaria y cónsul argentino, espero verlos en el cielo.

Un viaje soñado

Nunca imaginé todas las sorpresas que me deparaba ese viaje tan esperado. Tuve mi “revancha”.

Y, cuando pienso en revancha, el primer personaje que se me viene a la mente es Josué. Luego del éxito en Jericó, la siguiente ciudad para combatir era la pequeña y débil Hai. No había chances de perder, pero sorpresivamente la derrota fue grande. Sin embargo, luego de consultar a Dios, someterse a sus planes y estrategias, y obedecer su voluntad, tuvo su segunda chance, y ahí fue el momento en que tuvo su revancha y pudo vencer. ¿Se frustró tu proyecto? ¿Sientes que las cosas no salen como quisiste? ¿Hiciste planes y de repente se derrumbaron? A mí me pasó. A Josué, también y recuerda… Dios concede revancha, si le entregas tus planes. ¡Nunca lo olvides!

Si quieres conocer el testimonio de Anabella Kos, periodista, lee la página 23 de la revsita Conexión 2.0. ¡Pídela!
Por | 2017-03-08T10:21:29+00:00 3 Enero, 2017|Categorías: Testimonios|Año: 2017 |Trimestre: 1er Trimestre |1 Comentario

Acerca del autor:

Esta es tu revista. Editada por Editorial ACES para la Red hispana de Educación Adventista de Sudamérica.

Un comentario

  1. Laura Hellvig 08/01/2017 en 1:47 am- Responder

    Excelente experiencia, Fernando. Dios te siga usando para compartir esperanza donde te toque estar.

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