Nuestra mirada cotidiana llega a un punto crucial, cuando se vislumbra un nuevo año: finalizando uno, dando comienzo a otro, acercando a familiares que hace tiempo no se veían, o que estando juntos no se disponía del suficiente tiempo para el encuentro sincero, el abrazo preciso, o un “te escucho, estoy aquí”.

Todo este panorama interactúa con la ansiedad que se genera por el reencuentro con aquellos amados que, por los tiempos y/o las distancias, no se tenían cerca, y ese preciso momento de reunión puede no ser tan grato, como se esperaba.

Cada persona se hace una imagen de ese evento, desde las palabras que podemos decir, los actos por realizar, cómo transitar el discurso; que difiere con lo que ocurre en la espontaneidad del momento. Es allí, en donde se terminan los supuestos, confrontándose con la realidad de las relaciones familiares, donde muchas veces recuerdan silencios, roces, distancias afectivas, que no lo hacen grato.

Al entablar la comunicación, en una primera instancia idílica, en ocasiones deviene, en momentos tensos, que se desvirtúa esa imagen previa.

¿Cómo entonces, confrontar esos encuentros familiares obligados sin que se fracturen las relaciones? Algunos puntos para tener en cuenta:

  • Poner ante Dios aquellas situaciones que no se pueden olvidar y/o perdonar con facilidad.

  • Hablar con franqueza, pero con amor, que no abra ni genere heridas.

  • No esconderse del problema; siempre aparece cuando menos se lo espera.

  • No buscar tener la razón, sino estar en paz.

  • Orar por quienes se ha generado esa situación poco agradable.

  • No guardar rencor; considera que la familia tarde o temprano se necesita mutuamente.

  • Recuerda que Dios nos ama, y nos hizo su familia; él se reconcilió con nosotros, aunque nosotros lo ofendimos.

Tengamos en cuenta el texto bíblico:

“Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación” (2 Corintios 5:18:).

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1: ).

Por | 2017-11-24T11:50:04+00:00 24 noviembre, 2017|Categorías: Autoestima|Etiquetas: , , |2 Comentarios

Acerca del autor:

Maestra Nacional de Dibujo. Profesora para la Enseñanza Primaria. Licenciada en Enseñanza de Ciencias del Ambiente. Chilecito, La Rioja. Argentina.

2 Comentarios

  1. Anónimo 22/01/2018 en 12:20 pm - Responder

    Está muy, muy bueno, tenemos que poner en práctica que a veces nos cuesta….Pero todo se puede con oración ….

  2. Zoraida 02/04/2018 en 1:20 am - Responder

    La familia es tan importante, es aquel espacio a donde sabemos que siempre podemos llegar. Es la familia que Dios nos dio.

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