¿Qué iguala a ricos y a pobres, a sabios y a poco instruidos, a grandes y a pequeños, ya que es gratis y está al alcance de todos? ¿Qué genera endorfinas, mejora la salud y hace más lindo nuestro rostro? La respuesta tiene siete letras y es un sentimiento agradable, sano y regenerador: A-L-E-G-R-Í-A.

La alegría es ese sentimiento placentero y hermoso que, como una luz, no se puede esconder y que busca manifestarse mediante una sonrisa, una canción, una lágrima, un abrazo… La alegría es esa sensación que, además, nos proporciona bienestar general, nos da energía y mejora notablemente nuestra calidad de vida (y la de quienes nos rodean).

Alegría en movimiento

La raíz etimológica de la palabra alegría, en castellano (derivada del latín alacritas), se relaciona con las nociones de agilidad, vivacidad, fuego, entusiasmo y rapidez (la palabra alacer, en latín, implica gozo, presto, ligero, vivo).

La alegría está vinculada a la acción, al obrar, al actuar. Así, una persona triste está desganada, y es penosamente arrastrada por las circunstancias y se deja estar. Por su parte, una persona alegre es así, y se mantiene de esta manera debido a su interacción y su movimiento. Cabe destacar también que, por ejemplo, en una composición musical, el movimiento llamado Allegro es el más rápido, el más vivaz. Según un estudio etimológico, es posible definir la alegría como “un salto o un movimiento hecho con vivacidad”.

Abraham Lincoln dijo cierta vez: “La mayoría de las personas son tan felices como ellas mismas deciden ser”.

Cada uno de nosotros puede elegir tener una actitud de alegría, más allá de los problemas. A continuación, te presentamos cuatro apasionantes historias que hablan sobre la alegría.

La alegría de servir

Si hubo un rey bueno en Judá, ese fue Ezequías. Al inicio de su reinado, abrió el templo, reparó sus puertas y restableció sus servicios. Y además, hizo un llamado a todo el pueblo para la santificación y la consagración; recordando que habían cometido errores y que las cosas no estaban saliendo del todo bien.

El relato de 2 Crónicas 29 es emocionante. Todo el pueblo aceptó el consejo y se pusieron a trabajar:

“Entonces el rey Ezequías y los príncipes dijeron a los levitas que alabasen a Jehová con las palabras de David y de Asaf vidente; y ellos alabaron con gran alegría, y se inclinaron y adoraron” (2 Crón. 29:30). El capítulo termina con un final feliz: “Y se alegró Ezequías con todo el pueblo” (vers. 36).

Cuando servimos a Dios y hacemos las cosas bien, hay alegría en nuestra vida y en la de quienes nos rodean.

La alegría de aprender

El pueblo de Israel, que había regresado de Babilonia a Jerusalén luego del exilio, tenía mucho por aprender. Más que nada, respecto de las cosas de Dios. Y es aquí que aparecen dos líderes extraordinarios: Nehemías y Esdras. Ellos fueron los encargados de guiar y dirigir al pueblo en todo. Nehemías 8 reata que todos se reunieron en una plaza, desde el amanecer hasta el mediodía y durante ocho días. Allí, desde un púlpito de madera, Esdras leía la Palabra de Dios. ¡Y todos prestaban atención y entendían!

Esto trajo muchísima alegría. “Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras
que les habían enseñado” (Neh. 8:12).

Ante las tristezas de esta vida, obtendremos alegría al leer y estudiar la Biblia. Nunca lo olvides: “El gozo de Jehová es nuestra fuerza” (Neh. 8:10).

La alegría de vencer

Ella es una de las pocas heroínas de la Biblia. Su nombre es sinónimo de belleza, fidelidad, lealtad y coraje. Seguro que conoces la historia. Se trata de la reina Ester, quien, a pesar de su origen judío, llegó a la corte persa del rey Asuero. Más allá de las circunstancias que la guiaron hasta allí, Dios tenía un propósito y un plan para ella: salvar a su pueblo. Y así fue. La revocación de un decreto real de muerte fue motivo de satisfacción y alegría entre los judíos de Persia.

“Y en cada provincia y en cada ciudad donde llegó el mandamiento del rey, los judíos tuvieron alegría y gozo, banquete y día de placer. Y muchos de entre los pueblos de la tierra se hacían judíos, porque el temor de los judíos había caído sobre ellos” (Est. 8:17).

Dios puede librarnos de situaciones que, aparentemente, no tienen salida. A su lado, solo podremos obtener la victoria.

La alegría de compartir

En esta última historia no hay un héroe destacado. Si bien Pedro, Juan, Santiago, Esteban y Pablo fueron grandes dirigentes de la iglesia primitiva, si hubo algo que la caracterizó fue que todos eran uno, se sentían parte y actuaban como un cuerpo. El relato de Hechos 2 sobre cómo funcionaba la iglesia nos hace pensar en
una iglesia casi ideal. ¿No crees que tener todo esto es suficiente para ser feliz? ¡Verdaderamente!

Dice Hechos 2:46: “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón”.

Lo mejor de todo es que este tipo de iglesia está hoy a tu alcance. En cada templo adventista encontrarás no solo a Dios y las verdades de su Palabra, sino también
amigos para toda la vida.

La alegría según Salomón, en Proverbios

Una medicina natural y gratuita

Las ventajas de vivir con alegría son múltiples. Pero hay una que se destaca: la alegría nos brinda un mejor estado de salud. Estadísticamente, en promedio, un niño menor de tres años se ríe más de cien veces al día. ¿Y un adulto? En promedio, solo ríe quince veces. Debemos tratar de superar esa media, ya que la risa trae grandes beneficios a nuestro organismo.

Por | 2017-03-30T09:28:34+00:00 30 marzo, 2017|Categorías: Destacado|Año: 2017 |Trimestre: 2do Trimestre |Etiquetas: , , |1 Comentario

Acerca del autor:

Periodista. Director editorial de la edición impresa de Conexión 2.0. Trabaja en Editorial ACES

Un comentario

  1. Jael 18/01/2018 en 3:16 pm - Responder

    Muy buen artículo. ¡Gracias por compartirlo!

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